Parvada blanca en la ciudad

Parvada blanca en la ciudad

Los catorce cuentos que recoge Parvada blanca en la ciudad son catorce intrigantes, equívocas, misteriosas historias que nos llevan a climas y situaciones diversos. A la vez, estos relatos -tenues, rotundos, tajantes- son ceremonias de iniciación, un mismo rito de pasaje catorce veces celebrado. En una atmósfera de laberinto, de encrucijada, de espesa neblina, los personajes de Ana Laura Pazos, directora de Bicaa´lu, se encuentran siempre al borde de alguna revelación que será definitiva para sus vidas. Esta joven escritora tiene un don especial para hacernos sentir la trascendencia de ese paso que estamos a punto de dar.

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Editorial

El David de Miguel Ángel fascina a hombres y mujeres —tal vez un poco más a las segundas. Nadie que visite el museo en Florencia se queda menos de quince minutos admirando esa maravilla de mármol. Lo mismo sucede con la Venus de Milo en el Louvre. Pero, además de placer estético e intelectual, ¿estas obras de arte serán capaces de despertar deseos eróticos? No en la mayoría de los casos, porque ésa no era la intención de los autores. Sin embargo, muchos otros han creado con el fin de provocar, de causar cosquilleos y sonrojos. Una estampa: el Kama Sutra.

Debido a que las leyes nos obligan a mantenerlo cubierto en público, el cuerpo humano se ha convertido en tabú, en objeto de curiosidad y morbo. Y qué decir de lo que sucede con los cuerpos en la oscuridad de las alcobas. Nos encontramos frente a una sociedad doble, que alienta y condena al mismo tiempo. Las niñas despiertan a la sensualidad muy temprano —nínfulas o "lolitas", las llamaría Vladimir Nabokov—, quizá motivadas por sus madres o hermanas mayores, que se esfuerzan por ser sexys, aunque varios machos terminen etiquetándolas de "vulgares".

Según algunos evangelios apócrifos, judíos y cristianos, Eva no fue la primera mujer de la historia, sino Lilith, creada en estatus de igualdad con respecto a Adán. Pero a Lilith le gustaba variar, no siempre estar "debajo" de su compañero, lo que le valió la expulsión del paraíso. Luego vino Eva, el estereotipo de mujer pasiva que aún pervive. Irónicamente, hoy día es más natural que una mujer exhiba su cuerpo —con fines artísticos o comerciales— a que un hombre lo haga. Los senos, la cintura breve y los muslos firmes, si respetan los cánones de los críticos, son material idóneo para el arte. No así un falo, prácticamente ausente del arte de "buen gusto".

En Bicaa´lu febrero: