Angustia existencial: mi secreto para lidiar con ella

Angustia existencial: mi secreto para lidiar con ella

Andrea González

Andrea González

Andanzas

Desde que el ser humano desarrolló la capacidad de cuestionarse cosas, dos de las preguntas que más lo han atormentado han sido: ¿cuál es el sentido de la vida? y ¿por qué estamos aquí? A lo largo de la historia, un gran número de científicos, religiosos, filósofos, literatos y artistas han tratado de dar respuesta a estas dos interrogantes, cada uno con una perspectiva distinta, lo que puede ofrecernos múltiples lecturas, o bien, dejarnos aún más confundidos que antes.

Cuando éramos niños, vivíamos la vida al máximo y las veinticuatro horas del día se convertían en un abanico de posibilidades y de aventuras por explorar. A esa edad, teníamos la sensación de que nuestro tiempo era ilimitado, por lo que un solo día podía llegar a percibirse como una semana entera, y una semana nos parecía tan larga como un mes o incluso un año. Pero cuando comenzamos a crecer y nos llenamos de preocupaciones y responsabilidades, parece que nuestro reloj de arena comienza a vaciarse cada vez más deprisa y de pronto somos conscientes de que no sólo se trata de nuestro reloj, sino también de los de las personas que nos rodean: un día, la muerte toca a la puerta de un ser amado y nos damos cuenta de que nuestra existencia también tiene los días contados.

Es en este punto cuando comienza la angustia existencial. Según el Diccionario de la Lengua Española, una de las definiciones de angustia es “estrechez del lugar o del tiempo”; quizá por ello esta terrible emoción resulte de una combinación del miedo a la muerte, del peso de la responsabilidad que cae en nuestros hombros y, sobre todo, de la prisa que sentimos por el poco tiempo que tenemos para hacer algo maravilloso y excepcional con nuestras vidas.

Angustia: estrechez del lugar o del tiempo

Un filósofo que sufrió por esta angustia fue el danés Søren Kierkegaard. Una de las principales preocupaciones de dicho teólogo fue la fe cristiana, la cual cuestionó arduamente al tratar de establecer su relación con las decisiones que toman los individuos para plantear su vida. Kierkegaard creía que la Iglesia se limitaba a adoctrinar a sus fieles para dar un “salto de fe”, como el que dio Abraham con su hijo Isaac, al cual se le pidió sacrificar para demostrar su fe en Dios. Sin embargo, dicha decisión no era enteramente racional, ya que para poder llegar a ese grado de fe se debía dudar, pues la duda es lo que le brinda racionalidad al pensamiento.

En pocas palabras, Kierkegaard creía que para aliviar la angustia existencial se debía tener un compromiso absoluto con Dios, lo cual a su vez era imposibilitado por el pensamiento racional y el sentido común. Y entonces, ¿cómo resolvió este asunto? Sosteniendo que la respuesta estaba en la libertad de decisión; es decir, en tomar las riendas de la propia vida y hacerse cargo de la propia existencia antes de dar el “salto de fe”.

Søren Kierkegaard
Jean-Paul Sartre

Por su parte, el filósofo francés Jean-Paul Sartre menciona que son precisamente la angustia y la culpa los factores que le permiten al ser humano darse cuenta de su propia libertad; en otras palabras, esto quiere decir que en el momento en que nos damos cuenta de que cada decisión depende esencialmente de nosotros mismos y de que nada ni nadie podrá resolvernos la existencia, quedamos condenados a ser libres por completo. Pero incluso con estas reflexiones filosóficas, hasta hoy la angustia de existir en este mundo parece no tener fin; si estás de acuerdo con lo anterior, aquí te dejo mi secreto para lidiar con ello.

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche introdujo el término nihilismo, que deriva del latín nihil, o ‘nada’, y que en pocas palabras plantea que la vida no tiene sentido. Nietzsche creía que la cultura occidental estaba en decadencia debido a que la religión, la ciencia, la política y la filosofía ya no servían para responder las grandes incógnitas del ser humano. Sin embargo, no todo en el nihilismo tiene que ser negativo, pues a partir de esa carencia de sentido podemos obtener la llave de la liberación y aliviar esa presión en nuestro pecho.

Friedrich Nietzsche

Pensemos: si la vida no tiene sentido y, al final del día y sin importar lo que hagamos, los seres humanos dejaremos de existir, entonces debemos vivir nuestra vida al máximo y justo como deseamos vivirla, pues con el paso del tiempo nadie recordará nuestros errores o las dudas que teníamos hoy, a nadie le importará si sacamos un cinco en el examen de matemáticas, si estudiamos arte o ciencias exactas, si nos dedicamos a ser monjes o nos hicimos millonarios: a la única persona que le va a importar lo que hiciste con tu vida es a ti.

Entonces, en lugar de preocuparte por el qué dirán, por lo que hiciste o no hiciste ayer, por los problemas del mañana o por el sentido de la existencia, mejor comienza a vivir el día de hoy como lo hacías cuando eras niño: disfruta de tu helado favorito como si fuera la primera vez que lo saboreas, pasa tiempo con las personas que dan luz a tu vida, lee tu libro predilecto, juega tus videojuegos favoritos y llena de sonrisas y felicidad la vida de las personas que te rodean.

Comienza a vivir el día de hoy como lo hacías cuando eras niño

Recuerda que el miedo y la angustia nos paralizan, así que con preocupaciones lo único que lograrás es permanecer atribulado y estancado. Si bien no todos los días pueden estar impregnados de felicidad y sin duda habrá momentos difíciles que te harán cuestionarte tu vida entera, incluso cuando pareciera que todo te sale mal y nada tiene sentido, recuerda que todos estamos en la misma situación, improvisando y resolviendo lo mejor que podemos esto que se nos ha dado y que se llama vida. Así que no te preocupes en exceso y procura disfrutarla.

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