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Bezoar: la piedra curativa asiática

Bezoar: la piedra curativa asiática
Fabio Cupul Magaña

Fabio Cupul Magaña [1]

Inspiración

El Galeón de Manila, también conocido como La Nao de China o Galeón de Acapulco, refiere a una ruta comercial marítima del Imperio Español que prosperó por 250 años (1565-1815) entre las poblaciones de Manila, en Filipinas, y Acapulco, con una escala en el antiguo y desaparecido puerto de la Navidad, en Jalisco. Las naves españolas que cruzaban el Océano Pacífico un par de veces por año eran los llamados galeones, de entre 500 a 2 mil toneladas. Precisamente, estas embarcaciones dieron nombre al trayecto que se recorría en seis meses desde Manila hasta Acapulco, y más o menos en tres en su tramo de regreso.

La ruta comerciaba enseres asiáticos que, en su mayoría, eran consumidos en la Nueva España. El cargamento fletado desde Manila consistía de canela y otras especias, manufacturas de seda, porcelana y marfil, orfebrería, ornamentos y artículos eclesiásticos, mueblería, plantas y animales Pero, entre todos estos objetos, los que atrapan nuestra imaginación son unas extrañas “piedras” llamadas bezoares que, en virtudes sobrenaturales, belleza y precio, sólo rivalizaban con los míticos cuernos de los unicornios.

Más allá de su empleo mágico en la medicina como antídoto, cuyo uso entre nobles y plebeyos se remonta a la mitad siglo XIII en Asía Menor y hasta el siglo VIII en Arabia, el bezoar es una masa de material no digerido que se acumula en el estómago e intestino delgado de algunos mamíferos [2] —incluida la especie humana, pero con muy baja frecuencia— y que generalmente tiende a adquirir la forma esférica u ovoide de un cálculo; de aquí el sustantivo “piedra”.

Tricobezoar extraído del estómago de un buey

Tricobezoar extraído del estómago de un buey [diámetro de 127 mm y altura de 88 mm; CAS 1996].
Fotografía cortesía del National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland.

Tricobezoar extraído del estómago de un buey

Tricobezoar extraído del estómago de un buey [esfera de 116 mm; CAS 1068].
Fotografía cortesía del National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland.

Tricobezoar extraído del estómago de una vaca

Tricobezoar extraído del estómago de una vaca [esfera de 46 mm; AFIP 543342].
Fotografía cortesía del National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland.

Tanto en los seres humanos como en los animales, los ingredientes que dan forma a los bezoares pueden ser pelo —tricobezoares, como las conocidas bolas de pelo que regurgitan gatos y conejos—, materia vegetal —fitobezoares—, proteína de leche —lactobezoares—, minerales, goma laca —resina vegetal—, medicamentos —farmacobezoares— y hasta goma de mascar. Así, entre todos los tipos de bezoares, el de mayor aprecio a lo largo de la historia humana es el que se obtiene del estómago de la cabra salvaje asiáticaCapra aegagrus, llamada Pazam en persa. Precisamente, fueron los persas quienes nombraron a la piedra “bezoar”, donde pá zahar significa ‘un antídoto contra el veneno’ —de zahar, veneno, y pa, una cura.

También, algunas aves carnívoras regurgitan bolas formadas con restos de presas no digeridas que son llamadas egagrópilas. Sin embargo, aunque parecidas a los bezoares, no se sabe de registros que las consideren como antivenenos. Asimismo, ciertos bezoares son netamente de origen mineral, por lo que nunca estuvieron dentro de un animal, pero se les consideraba con los mismos atributos fantásticos.

Empero, en una de las varias versiones asombrosas que explican la formación de los bezoares en la cabra salvaje asiática, se narra que el mamífero gusta de atrapar y devorar serpientes venenosas durante cierta estación del año. Cuando el veneno del ofidio calienta su cuerpo, se introduce en el agua para refrescarse y se dedica a comer plantas curativas que se congelan y solidifican en su estómago, formando una piedra dura hecha de capas, como una cebolla. La piedra, al atrapar el veneno, impide la intoxicación y muerte del animal. Precisamente, la mezcla de elementos curativos y ponzoñosos dota al bezoar de sus mágicas propiedades terapéuticas.

Se decía que las virtudes de sanación de los bezoares se intensificaban mientras más grandes, pesados y duros fueran, lo que aumentaba considerablemente su precio. Además de sus propiedades antiveneno para todo tipo de tóxico, la medicina mágica los dotaba de propiedades para curar la melancolía, los males del corazón y hasta la peste.[3] La forma más común de administrarlo consistía en colocarlo en un recipiente de oro, bronce o vidrio con una hendidura en su centro especial para la piedra, donde se remojaba en vino y vinagre, así como en aguas de azahar y borrajas —Borago officinalis, planta cuyas hojas y flores contienen alcaloides tóxicos— y lengua de buey —Anchusa officinalis, planta utilizada generalmente como sedante y analgésico—, entre otras.

"La forma más común de administrarlo consistía en colocarlo en un recipiente de oro, bronce o vidrio..."

En ocasiones el bezoar, que podía ser de una diversidad de colores, se maceraba para obtener un polvo que, disuelto en líquido, se utilizaba para preparar un brebaje curativo. De igual forma, sus poderes contraveneno no menguaban si se colocaba directamente dentro de la boca del afectado, tal cual se dramatiza en una de las escenas de la película Harry Potter and the Half-Blood Prince de 2009, la sexta de la saga.

El gran poder atribuido al bezoar estimuló a tasar su precio a partir de su peso en oro —así que quienes no lo podían comprar, lo alquilaban. En ocasiones, eran utilizados como amuletos al engarzarlos en brazaletes o colgantes, y al decorarlos con oro y piedras preciosas al estilo de los famosos huevos Fabergé. De hecho, entre los bezoares más apreciados hasta nuestros días, por encima de los de cabra, están los de puercoespín, mono langur y cerdo. Lastimosamente, los bezoares de puercoespín forman parte de las redes de tráfico ilegal, lo que ha presionado a la especie hasta llevarla a un estado crítico de extinción.

Asimismo, era posible encontrar bezoares de gacelas, rinocerontes, serpientes, babosas marinas, antílopes, bueyes, arañas y hasta dragones —se decía que estos últimos las utilizaban para alumbrar su camino en la oscuridad de la noche. La superstición sentencia que el portador de uno en su cuello no se alejaría de la felicidad; el polvo del bezoar, por otra parte, evitaría la hidrofobia al colocarlo directamente sobre la mordida de un perro rabioso; su empleo como talismán sería efectivo en contra de la enfermedad y los espíritus demoniacos; además de que se le consideraba un poderoso afrodisiaco. En el Nuevo Mundo también se podían encontrar estas “piedras”, aunque eran consideradas de menor calidad mágica que las asiáticas.

En China se preparaba un elixir con opio y polvo de bezoar de vaca para aliviar el dolor de pecho. En los Estados Unidos, donde a la piedra bezoar se le designa madstone, lo que se interpreta como ‘piedra contra el mal’, se dice que Abraham Lincoln llevó a su hijo mayor a la ciudad de Terre Haute, Indiana, para que tocara un bezoar a causa de la mordida de un perro.

Se piensa que fueron los cruzados quienes difundieron por Europa las propiedades sobrenaturales del bezoar asiático, pues en una antigua iglesia templaria de Florencia se encontró un jarrón con la figura grabada de San Pablo, flanqueada por dos flores de lis, siendo mordido por una serpiente. Junto a la imagen se lee una inscripción en latín que se traduce como “En el nombre de San Pablo, y por esta piedra, expulsarás el veneno”. En otras palabras, parece que el talismán no funcionará sin la intervención de una fuerza divina superior. [4]

Finalmente el comercio, desde el Galeón de Manila hasta los actuales infomerciales televisivos y radiofónicos, siempre ha explotado económicamente lo que se dice y se cree de un producto, más allá de que éste sea eficaz para acabar con los males que desde el principio de los tiempos han aquejado y mermado la vitalidad de los seres humanos.

Cierre artículo

[1] Agradezco a la administradora de colecciones, Dra. Kristen E. Pearlstein, por facilitar las fotografías de bezoares.

[2] Los bezoares también pueden originarse en las vías urinarias o la vesícula biliar.

[3] De igual forma se pensaba que cuando la piedra entraba en contacto con líquidos o alimentos envenenados, neutralizaba de inmediato sus efectos tóxicos.

[4] En el libro bíblico de Hechos 28: 3-5, se narra que el apóstol es mordido por una serpiente sin sufrir daño alguno.

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