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Casimir Funk, descubridor de las vitaminas

Casimir Funk, descubridor de las vitaminas
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Inventos

No sé si en estos días siga sucediendo lo mismo, pero recuerdo que cuando yo era niño —no diré la década, para no delatar mi avanzada edad— a las vitaminas se les consideraba una auténtica panacea, sobre todo en la nutrición infantil: si un niño o una niña lucían flacos, desgarbados, anémicos o eran enfermizos, nada como “vitaminarlos” ya fuera con jugos o con píldoras, y lo mismo aplicaba si, ya en la edad adulta, el exceso de actividades provoca fatiga y falta de energía. Pero, a todo esto, ¿qué son las vitaminas y quién las descubrió?

Primero, entendamos qué son las vitaminas. La palabra, según su etimología, deriva del latín vita, que significa ‘vida’, y del sufijo amina, que se refiere a unos compuestos orgánicos derivados del amoníaco que contienen un átomo de nitrógeno básico con un par solitario, o eso dicen los que saben de química orgánica. El grupo de aminas más destacado son los aminoácidos, los cuales son la base de las proteínas.

Y es aquí, en el origen de la palabra vitamina, donde debemos conocer a un hombre nacido en Varsovia un 23 de febrero de 1884 —por eso Google le dedicó su doodle ciento cuarenta años después— y que tiene nombre como de tienda de trajes sesenteros o de banda de rock psicodélico: Casimir Funk; de hecho, ese nombre es una versión en inglés de Kazimierz, su original en polaco.

Casimir Funk

Según su biografía publicada por la Asociación de Nutrición de los Estados Unidos, Casimir Funk fue un estudiante prodigio, pues obtuvo el doctorado en la Universidad de Berna a la tierna edad de veinte años, y su trabajo de con lo que ahora se llama vitaminas comenzó cuando, trabajando en Londres, reconoció ciertos factores alimentarios que eran necesarios para prevenir enfermedades por deficiencia nutricional, tales como el beriberi —deficiencia de vitamina B1—, el escorbuto —falta de vitamina C—, la pelagra —escasez de niacina— y el raquitismo —insuficiencia de vitamina D.

Funk sugirió que todas estas sustancias no identificadas pertenecían a una clase de compuestos orgánicos llamados aminas, que son vitales para la vida, por lo que las llamó vitaminas o “aminas vitales”, a sugerencia de su amigo Maximilian Nierenstein, quien era bioquímico de la Universidad de Bristol. Para cuando se descubrió que en realidad no eran aminas, el nombre ya estaba en boca de toda la comunidad científica, de modo que sólo se retiró la última letra E en inglés —de vitamine pasó a vitamin— para evitar la errónea asociación.

A saber, las vitaminas son: la vitamina A o retinol; el complejo B, formado por las vitaminas de la B1, 2, 3, 5, 6, 8, 9 y 12; la vitamina C o ácido ascórbico, y las vitaminas D, E y K; algunas de ellas se disuelven en la grasa —liposolubles— y otras, en agua —hidrosolubles—. Su deficiencia se llama avitaminosis y su exceso —porque, sí, puedes pasarte de la raya—, hipervitaminosis.

Vitaminas

¿Y por qué no hay vitaminas con las letras que van entre la F y la J, o con letras como la N o la R? De hecho las hubo en algún momento, pero después fueron reclasificadas, renombradas o descartadas como vitaminas: por ejemplo, los flavonoides antes se conocían como vitamina P  y el ácido salicílico recibía el nombre de vitamina S, pero en ambos casos después se descubrió que no eran esenciales para el buen funcionamiento del organismo.

Cabe destacar que, en sus inicios, los estudios de la terapia vitamínica se enfocaban en curar las enfermedades causadas por una nutrición deficiente muy común entre soldados, marineros o mineros, y entre la población pobre o en situación de miseria; sin embargo, con el tiempo la industria farmacéutica vio en la venta de vitaminas una oportunidad de mercado y lanzó pastillas o complementos nutricionales para niños, adultos y adultos mayores, con la promesa de “dar energía”, favorecer el crecimiento y el desarrollo infantil, o sustituir las carencias de una mala alimentación.

A pesar de lo cómodo que puede ser embutirse una pastilla y sentir menos culpa por sobrevivir a base de tacos y sopas instantáneas, los médicos y expertos en nutrición recomiendan obtener las vitaminas a partir de la ingestión de alimentos naturales, tales como legumbres, frutas, carnes o el aceite de hígado de bacalao. Y es que, si las vitaminas son “sustancias de vida”, suena ilógico pretender recibirlas en productos salidos de un frasco, ¿no crees?

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