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Cinco ‘hobbies’ que, según la neurociencia, te harán más inteligente

Cinco 'hobbies' que, según la neurociencia, te harán más inteligente
Alan Flores Soto

Alan Flores Soto

Mente y espíritu

Durante mucho tiempo se creyó que los seres humanos nacemos con una inteligencia determinada por nuestra genética, la cual no podía ejercitarse ni potenciarse; sin embargo, en años recientes la neurociencia ha demostrado que factores externos pueden aumentar nuestra inteligencia y que algunos pasatiempos ayudan a que el cerebro funcione mejor y más rápidamente. Aquí te sugerimos cinco hobbies que, sin dudar, te harán más inteligente.

Hacer ejercicio

Numerosos estudios han demostrado que, para mantener un cerebro sano, es fundamental el ejercicio físico. Uno de ellos lo realizó el doctor Scott McGinnis, de la Universidad de Harvard, en el cual demostró que la actividad física mejora sustancialmente la memoria y las habilidades cognitivas debido a que estimula el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos y de nuevas células en el cerebro. Otros estudios sugieren que algunas partes cerebrales vinculadas con el pensamiento adquieren mayor volumen en las personas que hacen ejercicio, pero aún no hay mucha claridad al respecto.

Ejercitarse con frecuencia tiene otros beneficios inmediatos en la salud cerebral. Por ejemplo, John Ratey, profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard, comprobó que inmediatamente después de hacer ejercicio tenemos mayor capacidad de comprensión y mejor memoria, amén de sentirnos más creativos, motivados y con una sensación de bienestar por la oxigenación que brinda la actividad física. ¡Así que empieza a moverte!

Ejercitarse con frecuencia

Aprender idiomas

Los beneficios de hablar una lengua distinta a la materna van más allá de los posibles viajes al extranjero o de añadir una habilidad a tu currículum. Aprender nuevos idiomas mejora funciones ejecutivas de tu cerebro, tales como la memoria de trabajo, la flexibilidad mental y la autorregulación. La razón de esto es que los cerebros políglotas difieren en el uso de las funciones cerebrales y son más eficientes al acceder a la información almacenada cuando se le solicita; en otras palabras, son mejores para registrar, almacenar, catalogar, localizar y aplicar conocimientos al resolver problemas.

En la década de 1970, la tomografía computarizada brindó una nueva forma de investigar al cerebro humano y fue la profesora de psicología Ellen Bialystok, de la Universidad de York en Toronto, quien tras años de comparar imágenes y el funcionamiento de cerebros monolingües —es decir, de personas que sólo hablan su lengua materna— y bilingües o políglotas, concluyó que éstos son más inteligentes. Además, entender otra lengua abre la puerta al aprendizaje y la comprensión de culturas y mundos nuevos, lo que también redunda en mejores capacidades creativas.

Leer

Es un hecho bien conocido que la lectura en edades tempranas conduce a puntuaciones más altas en las pruebas generales de inteligencia en niños y, por lo regular, pronostica una mayor inteligencia en el futuro. Esto se confirmó en un estudio de la Universidad de Edimburgo practicado en parejas de gemelos de ambos sexos, donde se descubrió que cuando uno de los dos leía con frecuencia tenía una mayor capacidad intelectual que su hermano.

Pero este buen hábito no sólo beneficia a los niños: en la vida adulta, la lectura regular reduce el estrés y la ansiedad, aumenta las inteligencias cristalizada, fluida y emocional,[1] aumenta la autoestima y brinda una sensación de bienestar. Todo lo anterior brinda mejores armas para resolver problemas, vincular y unir conocimientos, detectar patrones, comprender procesos e interpretar con precisión los sentimientos de otras personas.

Leer desde temprana edad

Jugar

¿Has escuchado a alguien decir que el cerebro es como un músculo? Siendo así, el juego sería el equivalente al ejercicio físico, pues lo conserva activo y ayuda a mantenerlo en forma. De hecho, diversos estudios han probado que jugar previene el deterioro cognitivo, retrasa o incluso frena el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, optimiza la conductividad entre las zonas cerebrales y mejora la memoria, la atención y la inteligencia espacial.

Sin importar si se trata de rompecabezas, juegos de mesa, de cartas, de rol, de estrategia o videojuegos, todos ellos aumentan la neuroplasticidad, que es la capacidad de las redes neuronales del cerebro para cambiar mediante el crecimiento y la reorganización, reconfigurándose para funcionar de manera distinta a cómo funcionaban anteriormente. Además, los juegos ejercitan la capacidad de ver las cosas desde diferentes perspectivas y permiten comprender los múltiples efectos que tienen nuestras acciones. ¿Juegas?

Tocar un instrumento musical

En los últimos años, científicos que usan la tecnología de neuroimagen han dado pasos enormes en la comprensión del funcionamiento del encéfalo al poder ver, en tiempo real, la actividad de las zonas cerebrales cuando realizamos distintas actividades. Así, cuando una persona escucha música se iluminan zonas del cerebro que procesan el sonido, lo separan para entender componentes como la melodía y el ritmo, y luego los vuelven a unir, todo en una fracción de segundo.

Algo más interesante sucede cuando se observa la actividad de un músico ejecutante: múltiples zonas del cerebro procesan la misma información de modo simultáneo y en secuencias intrincadas, logrando interrelaciones asombrosamente rápidas. La conclusión es que tocar un instrumento activa casi todo el cerebro, en particular las cortezas visual, auditiva y motriz, de modo que constituye un ejercicio integral que mejora la función cerebral, sin importar la edad que se tenga.

Cierre artículo

[1] La inteligencia fluida es la capacidad de adaptarse y afrontar situaciones nuevas de forma flexible, sin que el aprendizaje previo constituya una fuente de ayuda. La inteligencia cristalizada es el conjunto de capacidades, estrategias y conocimientos alcanzado a través de la historia de aprendizaje del sujeto. La inteligencia emocional es la habilidad de entender, usar y gestionar las propias emociones en formas que ayuden a reducir el estrés, comunicarse efectivamente, empatizar con otras personas, superar desafíos y aminorar conflictos. [N. del E.]

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