Cómo aprender a bailar en tres pasos

Cómo aprender a bailar en tres pasos

Sabú Affer y Noé Jáuregui

El tutorial

Una de las formas más divertidas de mantenerse en forma, liberarse del estrés y hacer amistades es bailar. Para muchas personas, un hombre o una mujer con dotes para el baile se convierte en alguien fascinante, casi irresistible. En otros casos, el baile da un tema de conversación natural, por lo que las primeras puertas —que a veces son las más difíciles— se abren como por arte de magia.

En cualquier caso, las endorfinas que genera, el ejercicio aeróbico que implica y la el aprendizaje de nuevas rutinas psicomotrices son buenas razones para que, hasta la persona más tímida, reacia o “con dos pies izquierdos”, incursione en el arte de la musa Terpsícore. Aquí una guía para iniciarse en él.

1. Primero, a tomar decisiones…

Con la gran variedad de ritmos que existen actualmente, el primer paso será pensar bien y decidir cuál de ellos va a ser el que explorarás de entrada. Para facilitar la decisión, hay que tomar en cuenta algunas ideas: el tap requerirá de mucha agilidad en las piernas, mientras que el ballet clásico preferirá movimientos gráciles y parsimoniosos, en tanto que el hip-hop exigirá habilidades prácticamente acrobáticas, sin olvidar los alocados ritmos de los bailes de salón, las piruetas incesantes de los ritmos irlandeses o la sensualidad del belly dance.

¿Cómo decidir? Una manera de hacerlo es observar videos de baile en línea, ya no como simple espectador sino como aspirante a bailarín, sin poner demasiada atención en los movimientos físicos y fijándote más en la parte mental: trata de ver con cuáles ritmos tu cuerpo parece resonar con más emoción.

Ahora bien, si tienes acceso a ellos, también puedes hojear libros y revistas dedicados al baile, tanto en su modalidad física —en el puesto de periódicos o la librería de tu preferencia— o en formato digital. Esta es una buena manera de adentrarse más en el ritmo que llame tu atención.

Otra posibilidad está en las películas y documentales: puedes escoger mirar la historia de las danzas o bailes de tu interés, presenciar la actuación de bailarines profesionales o aficionados —que pueden dejarte una impresión que ninguna filmación puede igualar— o películas musicales con escenas de baile.

Si eliges mirar películas musicales, recuerda hacerlo con un ojo crítico y con la idea de que quizá algún día tengas que reproducir los mismos movimientos. Al observar a los bailarines, toma en cuenta qué tanto se concentran al bailar, qué ropas usan y cómo son sus movimientos; también fíjate en cómo expresan sus emociones con gestos corporales y expresiones faciales.

Finalmente, una opción más atrevida es acercarse a un centro cultural o casa de cultura, escuela, universidad, museo o librería, y preguntar si tienen cursos introductorios de baile y danza. Si es así, en uno de estos cursos podrás conocer una gama de ritmos de un tirón, aunque es recomendable concentrarse en aprender primero uno de ellos y, de ahí y si la actividad te gusta, explorar otros.

2. La práctica hace al maestro…

Para practicar, busca un espacio abierto y ventilado, con un piso firme en el que se pueda hacer algo de ruido. Procura que la música que elijas tenga un ritmo muy notorio y fácil de seguir; en general, éste puede identificarse con facilidad al inicio de cada pieza, pero alguien con conocimientos musicales puede ayudarte a entender los distintos ritmos y después podrás hacerlo sin ayuda.

Un ejemplo claro sería el rocanrol: trae a tu mente, por ejemplo, la canción “Blue Suede Shoes” de Elvis Presley; cuando ‘El Rey’ dice “Well, it’s one for the money / Two for the show / Three to get ready / Now go, cat, go…” está marcando un ritmo de 4/4 o cuatro cuartos, así que para seguirlo debes marcar el compás en silencio: 1, 2, 3, 4; 1, 2, 3, 4… y así sucesivamente.

Una vez que tengas noción del ritmo, es momento de  olvidarte de él y dejar que tu cuerpo se exprese libremente, pues lo importante es encontrar el ritmo, la técnica podrá desarrollarse después. Para facilitar este proceso, puedes enfocarte primero en el movimiento de las piernas y después en el de los brazos y el tronco; cuando te sientas satisfecho con tus logros, podrás añadir nuevos pasos y aumentar la complejidad de tu técnica dancística.

Desarrolla tu habilidad a tu propio paso y no esperes convertirte en el nuevo Fred Astaire o la nueva Shakira de un día para otro: incluso a ellos les tomó tiempo y esfuerzos convertirse en referentes de la danza. Cuando te sientas con la suficiente confianza, puedes acudir a un salón de baile a poner a prueba lo aprendido o a aprender nuevos pasos.

3. Ir un paso más allá…

Muy bien: ya has decidido a qué ritmo vas a dedicar tus esfuerzos, has practicado con constancia y dedicación, mejorando cada vez tu técnica y movimientos, y te das cuenta de que definitivamente el baile es lo tuyo. Y ahora, ¿qué sigue?

Quizá sea momento de tomar las clases más en serio, con el objetivo de no sólo pasar el tiempo sino de convertir el baile en una disciplina. Si es así, puedes buscar ingresar a una academia o grupo de baile, buscar parejas fijas con las que puedas practicar y entenderte, y especializarte en un ritmo.

O bien, puedes regresar al paso uno y revisar alguno de los ritmos que habías visto antes pero desechaste para enfocarte en otro. No hay que olvidar que todo el tiempo seguimos siendo principiantes y la variedad de bailes es muy numerosa.

Empápate de baile, aprovecha cada oportunidad para mirar una presentación en vivo o grabada, aprender de los profesionales —ya sea en sus actuaciones o en clases magistrales—, acude a salones o grupos de baile para aprender algo nuevo y compartir lo que sabes, recibe comentarios sobre tu desempeño y, sobre todo, disfruta el baile: así éste formará parte imprescindible de tu vida.

Y recuerda lo que dice el refrán: cuando bailes, hazlo como si nadie te estuviera viendo. Y ahora sí… ¡felices pasos!

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