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Cómo hacer uso de la terapia narrativa

Cómo hacer uso de la terapia narrativa

Sabú Affer y Noé Jáuregui

Mente y espíritu

Cuando la psicología, junto con el resto de las ciencias humanistas, dio un giro lingüístico en algún momento del siglo XX, el lenguaje se convirtió en punto de apoyo para el surgimiento de nuevos enfoques. Uno de ellos es la terapia narrativa, que analiza los procesos psicológicos del individuo como si se tratara de un texto literario. Sin menoscabar la labor de los especialistas en el área, quienes son los indicados para aplicar esta terapia, ¿cómo podrías beneficiarte de este enfoque? Este tutorial te da un indicio.

  1. Escribe tu vida. Antes que todo, realiza esta actividad: escribe la historia de tu vida como si se tratara de un relato literario, un cuento o una novela corta. Tal vez sea conveniente que su protagonista tenga otro nombre, aunque sabes que se trata de ti. Ahora sí, lee acerca de la terapia narrativa.
  2. Considera que la persona no es el problema; el problema es el problema. Éste es el lema de este enfoque terapéutico y es otro modo de decir que, en la terapia narrativa, no se busca etiquetar a los pacientes como casos de una u otra patología. Por lo tanto, el primer paso consiste en no apresurarse a buscar diagnósticos acerca de la persona en terapia, sino en escuchar su historia.
  3. Aprende que la unidad básica de este tipo de terapia es… La narración que hace el paciente. No se fija tanto en la conducta, el pensamiento lógico o la interacción familiar —como hacen otros tipos de terapia—, sino que escucha el relato de propia voz de quien lo vivió y busca darle forma, toma decisiones basadas en esa historia y rige su vida a partir de tal relato. De hecho, algunos terapistas puntualizan que, al acercarse a este enfoque, las notas que toman provienen de las palabras de sus pacientes, no de las propias.
  4. Enfoca como la lente de una cámara. La terapia narrativa considera que las personas se cuentan historias acerca de sí mismas de un modo similar a cómo se utilizan las lentes de una cámara; es decir, las narraciones inevitablemente se enfocan en determinados aspectos y otros quedan difusos en el fondo, según la importancia que se le da a detalles específicos de una narración. Estos aspectos pueden ser estables a lo largo de la vida de la persona, puesto que ese enfoque —es decir, la importancia que se le da a ese tema—, no cambia.
  5. Busca sentido. Como dijo el antropólogo Clifford Geertz, “el ser humano es un animal suspendido en redes de significado que ha tejido él mismo”. Algo muy humano es buscar y asignar significado a cada evento que tiene lugar en nuestra vida. Compartimos nuestra historia y escuchamos las de los demás, nos identificamos con las de nuestra familia o nos rebelamos contra ellas. Esto ha ocurrido desde los tiempos de las cavernas y las más modernas redes sociales no son más que formas novedosas de contarnos mutuamente lo que nos ocurre. El sentido que acabamos dando a nuestra historia, contrastada con la de los demás, es la base sobre la cual tomamos decisiones, nos sentimos contentos o insatisfechos con nuestra vida, o envidiamos la de otros —o, al menos, la vida que otros nos cuentan que tienen.
  6. Realiza un proceso de individuación colectivo. Como corolario del punto anterior, podemos deducir que el proceso de individuación de cada persona no ocurre de manera aislada, y si bien cada quien puede ser “arquitecto de su propio destino”, esta identidad la construimos contrastando nuestra historia con las narraciones con las que crecimos. ¿Cómo podría alguien ser “arquitecto de su propio destino” si todo el tiempo ha oído historias de marinos, de ladrones o de luchas por ser el más fuerte? Tal vez una más de las virtudes de la lectura, y de las artes en general, es que nos nutren con narraciones que expanden nuestro horizonte y nos dejan atisbar más allá de las paredes de nuestra cueva.
  7. Comprende tu historia de vida. La terapia narrativa consiste, entonces, en comprender las historias que han dado forma a la vida del individuo. De todas las experiencias que una persona ha vivido, ¿cuáles han tenido un mayor significado? ¿Qué elecciones, intenciones o relaciones cobraron mayor importancia? Este enfoque propone que sólo esas experiencias forman parte de una narración más amplia, la cual tiene un efecto significativo en cómo la persona ha vivido sus experiencias vitales. Por ende, este tipo de terapia se enfoca en evidenciar el argumento que da sentido a la vida de ese individuo.
  8. Cambia tu historia. La vida de una persona es atravesada por diversas líneas argumentales, que tienen un enorme poder para dar forma a la experiencia vital del individuo. Al someterse a terapia, la persona puede perfilar estas líneas argumentales y amplificarlas. El modo de lograrlo es haciéndose las preguntas correctas: ¿cuáles fueron mis intenciones para actuar?, ¿qué relaciones fueron las más influyentes?, ¿en qué punto se dio un cambio en la historia?, ¿cuáles son los recuerdos más apreciados?
  9. Epílogo. ¿Recuerdas el relato que se te pidió al principio? Aplica los principios enumerados aquí y luego cuenta qué hallazgos hiciste.
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