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¿Cómo se puede medir la creatividad?

¿Cómo se puede medir la creatividad?
Franz De Paula

Franz De Paula

Creatividad

Un “momento eureka” es un instante de iluminación, inyectado con una dosis de euforia, que conduce a un gran descubrimiento. El nombre de ese fenómeno recuerda al matemático, inventor y geómetra griego Arquímedes, quien mientras tomaba un baño resolvió en su cabeza cómo calcular el volumen y la densidad de un cuerpo irregular y tal fue su júbilo que, cuentan, salió corriendo desnudo a las calles gritando “¡Eureka, eureka!”, que en griego significa “Lo he encontrado”.

Un momento así no surge de la nada, sino de pensamientos que hoy llamamos creativos, los cuales han impulsado avances científicos, culturales y tecnológicos cruciales para la humanidad. Desde las primeras herramientas o el descubrimiento del fuego, hasta la inteligencia artificial y la exploración del universo, la creatividad es el proceso esencial detrás de nuestro progreso. La razón es tan simple como complicada: la creatividad es la médula de la innovación; pero, ¿es posible medir o evaluar la capacidad de generar este pensamiento creativo?

Primero, conviene aclarar qué es la creatividad. Existen cientos de definiciones, pero tomaremos la que brinda la Asociación Psicológica de los Estados Unidos: “la capacidad de crear o desarrollar obras, teorías, técnicas o ideas originales”; ésta suele percibirse como un pensamiento independiente, atribuido a quienes no temen ir en contra de las convenciones y probar nuevas ideas, y a menudo se le asocia con las artes, pero los creativos abundan en la ciencia, en la industria y en cualquier otro campo de estudio.

Pintar con acuarela

Según la Sociedad Psicológica Británica, existen dos tipos de creatividad: pequeña-c o creatividad cotidiana en una escala personal, que no busca cambiar el mundo sino sólo comprender algo, resolver un problema o expresarse; y Gran-C, que se refiere a las ideas, artes o tecnologías extraordinarias que transforman el mundo, como la Teoría de la relatividad, la invención del telescopio o el arte abstracto. Entonces, la creatividad muestra diferentes facetas, desde los juegos imaginativos de un niño hasta el desarrollo de una nueva teoría científica.

Los avances en los campos de la psicología y la neurociencia nos permiten saber que factores como la inteligencia, la personalidad y la experiencia influyen en la capacidad creativa de un individuo. La creatividad también se investiga como rasgo de personalidad: hay estudios, por ejemplo, que evalúan la relación entre las personalidades introvertidas o extrovertidas con la chispa creativa, y otros marcos de estudio incluyen el ingenio o la autoconfianza para calcular la capacidad creativa; no obstante, estas puntuaciones suelen ser subjetivas e imprecisas.

Frecuentemente la creatividad se compendia en una serie de fases que se conocen como proceso de pensamiento divergente, cuyo objetivo es proponer nuevas ideas o soluciones valiosas; el problema es que éste se evalúa midiendo la resolución de tareas conceptuales abstractas, por lo que no se sabe con certeza hasta qué punto aplica a situaciones del mundo real. Otros estudios analizan la complejidad de las señales cerebrales presentes en el pensamiento divergente y han sido capaces de medir la fluidez y la originalidad, pero no la inteligencia.

Un enfoque distinto lo propusieron, en 2021, investigadores de la Universidad de Ámsterdam en un artículo titulado “Una teoría mínima de la capacidad creativa”. En él, argumentan que los problemas en el estudio de la creatividad se deben a la cantidad de factores involucrados en un concepto tan amplio; entonces, proponen un enfoque minimalista en el que sugieren limitarse a dos variables para evaluar la capacidad creativa: inteligencia y pericia dentro de un campo específico.

Estudio cerebral

Pero, bien lo sabemos, la inteligencia es también un concepto cuya definición es ambigua e imprecisa, pues de entrada algunos la ven como un fenómeno biológico y otros, como conjuntos de comportamientos. Por eso, el psicólogo estadounidense Robert Sternberg, de la Universidad de Cornell, propone dividir la inteligencia en tres criterios principales: inteligencia general o analítica, que son los conocimientos adquiridos y la capacidad de resolver tareas o pruebas académicas tradicionales; la inteligencia adaptativa, que es la forma en que reaccionamos al entorno para prevalecer en él; y la inteligencia creativa o sintética, que es la capacidad de responder efectivamente a situaciones nuevas o desconocidas.

También la neurociencia tiene algo que decir sobre la creatividad. Por ejemplo, en un estudio realizado en 2018 por investigadores de Harvard, se buscaron las regiones cerebrales que activan la memoria, la imaginación y el pensamiento creativo, y se descubrió que las tres radican en el hipocampo bilateral. Otras regiones asociadas a la creatividad, en cambio, se contienen en la red neuronal de modos por defecto, que es el conjunto de estructuras cerebrales activas cuando la persona está en un “vagabundeo mental”.

El pensamiento creativo es importante no sólo desde el ángulo profesional o académico: también proporciona satisfacción y beneficio mental en nuestra vida cotidiana. Así, estadísticas señalan que las personas involucradas en tareas creativas —pintar, esculpir, dibujar— son menos proclives a sufrir problemas cognitivos, de memoria y demencia, hasta en un 73%; entonces, la creatividad, además de ayudar a comunicarnos, mantener relaciones constructivas y expresar nuestras emociones, también protege la memoria y favorece nuestra salud mental. Y por si fuera poco, otros investigadores sugieren que los índices de creatividad y de felicidad tienen una relación recíproca y se inspiran mutuamente: entre más felices, somos más creativos y viceversa. En conclusión, si la evidencia dice que las actividades y pensamientos creativos son una forma de mejorar nuestro bienestar físico y mental, así como nuestra percepción de la felicidad, no cabe duda que lo mejor que uno puede hacer es volverse más creativo y echar a andar nuestra maquinaria artística o expresiva. Empieza por nutrir tu mente, averiguando más sobre la ciencia que hay detrás de la creatividad en sitios como Brain Sciences y Education Sciences, donde podrás seguir explorando los detalles de este extraordinario universo mental.

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