Cómo tener una vida más plena, según la psicología positiva

Cómo tener una vida más plena, según la psicología positiva

Michelle Medrez

Michelle Medrez

Inspiración

A casi dos décadas de su creación, la Psicología Positiva ha estudiado la mente humana con un enfoque distinto al de sólo curar la enfermedad. Durante la segunda mitad del siglo XX, en el contexto que generó la Segunda Guerra Mundial, muchos profesionales se enfocaron en las patologías y en el manejo del trauma. Pero en su artículo Positive Psychology: Fundamental Assumptions (2003), Martin E. P. Seligman —fundador de dicho enfoque terapéutico— postuló que la psicología sería también el estudio de la fortaleza y la virtud, y que no sólo debería tratar de arreglar lo que está roto, sino también de alimentar lo mejor de nosotros.

Una vida placentera

Esta nueva corriente terapéutica rescata ideas de filósofos tan importantes como Aristóteles, Heidegger y Spinoza, quienes colocan a la felicidad como un eje de reflexión sobre lo humano; también se nutre de otros postulados psicológicos como la “autorrealización” y las “experiencias cumbre” de Abraham Maslow, la “autenticidad” y la “aceptación” del Enfoque Centrado en la Persona de Carl Rogers, la “inteligencia emocional” de Daniel Goleman, y la personalidad desde la óptica de Gordon Allport. Con esa base, en su libro La auténtica felicidad, Seligman desarrolló tres vías de acceso a una vida más plena, las cuales son:

I. Una vida placentera

Esta ruta consiste en enfocarse en las llamadas “emociones positivas” la mayor parte del tiempo, lo cual puede lograrse mirando el pasado con gratitud y perdón, y hacia el futuro con esperanza y optimismo; también se pueden emplear técnicas como el savoring, que no es sino “saborear el momento presente y deleitar los sentidos”. En un libro que escribieron sobre el tema, Fred Bryant y Joseph Veroff presentan cinco formas para empezar a aplicar el savoring:

a) comparte tus experiencias y recuerdos con otras personas;
b) toma fotografías mentales de los momentos especiales y archívalos en tu memoria;
c) habla bien de ti, elogia lo que haces y tus virtudes;
d) escucha música con los ojos cerrados, pues esto agudiza tu percepción;
e) siente más y piensa menos.

Una vida con compromiso

Otra propuesta de Seligman es diseñar tu día perfecto: para hacerlo, empieza por imaginar cómo sería ese día, escribe un plan y decide qué harás hora por hora hasta cumplir las veinticuatro; entonces, elige un día, apártalo en tu agenda y lleva a cabo el plan. Otra técnica útil para incursionar en esta ruta es el mindfulness, que en palabras muy simples es un tipo de meditación que permite concentrarse en el momento presente sin preocuparse por el futuro ni lamentarse por el pasado.

II. Una vida con compromiso

Seligman señala que este camino tiene que ver con la tarea efectiva y la capacidad de experimentar el estado de Flow sobre el que teoriza Mihaly Csikszentmihalyi, el cual se alcanza cuando una actividad nos absorbe a tal grado que tenemos la sensación de que el tiempo se detiene; para ello, es necesario que la habilidad del sujeto sea proporcional al nivel de dificultad de la tarea, de modo que no le resulte aburrida ni estresante; también es indispensable que el sujeto disfrute lo que está haciendo y, al mismo tiempo, que se centre en el proceso y no en el resultado.

El estado de Flow se identifica, además, porque genera un estado ampliado de conciencia, se pierde la noción del esfuerzo que demanda la tarea, la percepción del paso del tiempo se modifica, desaparece la sensación de fatiga, existe una concentración total y se crea una sensación placentera. Una ecuación balanceada entre las habilidades personales y las características de la tarea hacen que el sujeto sea consciente de sus fortalezas personales y que pueda aplicarlas a una tarea; a esa conexión se le denomina compromiso.

Una vida significativa

III. Una vida significativa

Esta vía consiste en la aplicación de las fortalezas personales para el desarrollo de un fin más importante y más amplio que uno mismo, lo que implica pasar del egocentrismo al estado conocido como mundicéntrico, en el que las habilidades se usan para ayudar a los demás e impulsarlos a que desarrollen sus potencialidades. Según Ken Wilber, trascender el egocentrismo y acceder a este nivel permite darnos cuenta de las similitudes que compartimos los humanos más allá de la diversidad individual y cultural, y al reconocerlas desarrollamos nuestra parte espiritual.

Los autores de la Psicología Positiva aseguran que uno puede entrenarse para seguir estos tres caminos y que, si bien las personas pueden hallar su felicidad siguiendo una de las tres vías, la mayor satisfacción se encuentra al emplearlas conjuntamente.

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