Consejos para tener conversaciones efectivas con cubrebocas

Consejos para tener conversaciones efectivas con cubrebocas

Francisco Masse

Francisco Masse

Inspiración

Una de las facetas más evidentes de esta “nueva normalidad” es la omnipresencia del cubrebocas. Y como la pandemia no parece extinguirse, lo más probable es que tengamos que habituarnos a que nuestras interacciones sociales con colegas del trabajo, clientes, proveedores, familias, amigos y con quien se nos atraviese sean, literalmente, filtradas por un cubrebocas.

Esto presenta varios problemas. En primer lugar, al mantener la llamada “sana distancia” con cualquier interlocutor, muchas veces debe incrementarse el volumen de la voz para ser escuchados; si a esto añadimos la incómoda presencia de un trozo de tela al que mucha gente aún no se habitúa, con frecuencia hasta nuestras frases más elocuentes terminan sonando como gritos incomprensibles.

El segundo asunto, que no es menos importante, es que en una conversación no solamente usamos la voz para comunicarnos: la gesticulación, la intención de la mirada, el lenguaje corporal y la entonación también juegan un papel crucial en la transmisión de información y del estado de ánimo de quien habla.

Si en estos meses te ha sucedido que sientes que no te entienden, tienes conversaciones incómodas y accidentadas, no logras “conectar” con tus interlocutores por sentirte como cuatrero enmascarado —o, en su caso, como si trajeras burka—, Cheryl Chambers, coach en comunicación del equipo de debate de la Universidad Estatal de Mississippi, nos comparte unos consejos: [1

Usa los ojos

Y no, no nos referimos a que aguces la mirada. Considera esto: en situaciones normales, las expresiones y los gestos de tu rostro comunican al exterior emociones como la alegría, la sorpresa, la tristeza o el enojo; pero cuando la mitad de tu rostro está cubierto, es muy probable que tu interlocutor no distinga si estás sonriéndole o haciéndole una mueca de descontento.

Usa los ojos

Por eso, Chambers insiste en que se use el recurso que queda expuesto: la mirada. Aunque al principio te resulte incómodo, intenta sostener la mirada fijamente en los ojos de tu interlocutor. Si bien se corre el riesgo de parecer intimidante, quienes miran a los ojos dan la impresión de seguridad y generan mayor confianza, amén de que pueden “hablar” con la mirada y mostrar, por ejemplo, las arrugas en las comisuras de los ojos que delatan una sonrisa sincera.

Mueve tu cuerpo

Tampoco nos referimos a que ejecutes una coreografía para llamar la atención del otro. Más bien, hablamos del lenguaje corporal: ese que hace que luzcas más erguido y dinámico cuando estás feliz, que cuando te entristeces hace que agaches la cabeza o que tensa tus músculos cuando sientes el golpe de la ira.

Mueve tu cuerpo

Así las cosas, para compensar la gesticulación, se puede ser consciente del lenguaje corporal y usarlo a nuestro favor: para aparecer más involucrado en una conversación y que el otro o la otra sepa que lo escuchas atentamente, gira tu cuerpo e inclínate un poco en dirección del interlocutor, y asiente con frecuencia.

Si deseas tomar tu turno para hablar —una intención que puede quedar oculta bajo tu KN-95—, puedes enderezar el cuerpo, acomodarte en la silla, aclarar tu garganta o, incluso, levantar el dedo índice. Finalmente, estudios señalan que imitar o replicar la postura de la persona con quien hablas aumenta las posibilidades de que le caigas bien.

No grites y entona bien

Llegamos al punto del inicio: la voz. Aunque gesticulemos y hagamos buen uso de nuestro lenguaje corporal, el sonido sigue siendo el principal vehículo para comunicar nuestras ideas y emociones. Entonces, ¿cómo mejorar la comunicación cuando uno está a metro y medio de distancia y usa cubrebocas?

No grites y entona bien

La respuesta no está en alzar la voz, nos dice Chambers, pues eso puede causar la impresión errónea de estar vociferando, enojado o de querer imponer una idea o punto de vista. En lugar de esto, la coach sugiere enfatizar la entonación —es decir, el modo en que hablamos para transmitir miedo, enojo, tristeza o dicha— y mejorar la pronunciación. O sea, hablar como locutor publicitario.

Quizás algún día podamos volver a hablar de cerca, darnos la mano y abrazarnos como antaño. Mientras llegan tiempos mejores, más vale buscar modos prácticos y sanos de adaptarnos a la nueva realidad.

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[1] Texto original consultable aquí.

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