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¿Cuáles son los principales enemigos de la creatividad?

¿Cuáles son los principales enemigos de la creatividad?
Franz De Paula

Franz De Paula

Creatividad

El mundo no se distingue por ser justo. Salvo en afortunadas excepciones, estar vivo implica sentir de vez en cuando el gélido golpe de la vida. En esas ocasiones, lidiar con las aristas de nuestra existencia es experimentar en un sólo día toda la gama del espectro emocional humano, desde el más cálido hasta el más áspero. Esos periodos rudos en los que uno apenas puede mantenerse de pie —ya no hablemos de seguir luchando— ponen a prueba nuestro temple, pero son la única forma de probar de qué estamos hechos por dentro.

Una persona creativa, como cualquier otro ser humano, también es susceptible a esos súbitos cambios de humor. La diferencia es que, en algún momento, este individuo levanta su mirada y se pregunta qué puede hacer para mejorar las cosas, pues ese es uno de los propósitos de la creatividad: construir un mundo mejor. Pero existen factores que no favorecen el pensamiento creativo:

Ideas preconcebidas. Algo que entorpece enormemente la creatividad son los conceptos rígidos creados por el sistema y la sociedad, que suponen que todos debemos alinearnos, hacer filas y tomar distancia con el brazo como si la vida fuera un patio escolar. Las ideas de “éxito”, “fracaso”, “riqueza”, “belleza” o “perfección”, así como los conceptos retrógrados en torno al amor, el sexo y la apariencia física, son carnadas que desvían la atención de lo que realmente importa, desvirtúan los esfuerzos de las personas, asfixian sus sueños y las hacen sentir inadecuadas, fracasadas e indignas de una vida mejor.

Miedo. Éste es quizás el más grande de los enemigos de la creatividad, pues tiene muchas caras y adopta diversas formas —miedo al fracaso, al rechazo, al riesgo, a la opinión de los demás o a lo desconocido, por mencionar algunas—, pero el resultado es siempre el mismo: paralizarte. No obstante, también es un sistema evolutivo de alerta, algo como el olfato de la mente para “oler el peligro”, sin el cual sería fácil no medir riesgos mortales. Por eso, detrás de cada miedo irracional se encuentra algo significativo, así que puedes tomarlo como una razón para confiar más en ti: no a pesar del miedo, sino a través de él.

Miedo

Represión y autocensura. Las obras creativas son el reflejo de las emociones y de las ideas de su creador. Aquéllas que más resuenan con nosotros transmiten el fuego de una gama amplia de emociones que, al final, son combustible de otras obras creativas. Pero si reprimes lo que sientes, estás acallando tu carácter creativo. Esta autocensura es señal de que estás alejándote de ti mismo; para recuperarte, debes hacer lo que amas y abrazarte tal como eres, sin importar en qué punto del espectro emocional te encuentres. No puedes crear nada a partir del vacío, pero sí puedes convertir tu dolor o tu tristeza en algo bello.

Expectativas inalcanzables. La sociedad, la formación familiar, la publicidad y los medios masivos nos venden la idea de que todos tenemos que ser millonarios y los mejores en lo que hacemos, pero esas ideas nada tienen que ver con la verdadera fortuna o el bienestar real, ya que son conceptos en los que la gente basa una felicidad que ni siquiera es suya. Perseguir una meta que no es realista es lo contrario de seguir a tu corazón; mejor, dedica ese tiempo a mirarte con honestidad y a indagar tu propia naturaleza, la cual está más allá de cualquier concepto que el mundo o que tu ego busquen imponerte.

Egolatría. La historia del mundo está llena de artistas narcisistas y de inventores ególatras. Aunque la humildad es una virtud, no suele ser protagonista de grandes hazañas. Un sano sentido del valor propio es esencial para tener el arrojo de superar la timidez y la modestia, acallar tus dudas y expresar tu postura al mundo; pero un exceso de amor propio no sólo dificulta la colaboración con el ególatra en cuestión, sino que —por autocomplacencia y falta de empatía— acaba afectando su trabajo y su relación con los demás. El exceso de autoelogios puede ser tan dañino como la desmotivación, y como en el fondo se trata de búsqueda de reconocimiento, la egolatría es un pozo sin fondo similar al de una adicción.

Consumismo. Estos tiempos son de consumismo compulsivo, tanto de bienes materiales como de información. Todos necesitamos alimentarnos física y mentalmente, entretenernos, inspirarnos y hasta motivarnos, pero el consumo excesivo nos distrae y reduce el espacio necesario para respirar, imaginar y crear. El consumismo te convierte en un fantasma sin consciencia que dice y piensa lo mismo que todo mundo, hace sólo lo que marcan las tendencias y cuyo ser es un reflejo de lo que consume, no de su corazón. Al liberarse de apegos a objetos, a recuerdos o a personas, uno es verdaderamente libre.

Consumismo

Pobreza extrema. Aunque hay personas que crean en condiciones adversas, por lo general vivir en condiciones precarias no favorece la creatividad. Sacar adelante dos o más trabajos y hacer sacrificios diarios para pagar las cuentas, cuidar la salud y alimentar a una familia con bajos recursos, son obstáculos decisivos para el pensamiento creativo. Encontrar el tiempo y la disposición para pensar, divagar y crear es un lujo para quienes están bajo una tormenta de deudas o no saben de dónde saldrá el dinero para comer al día siguiente.

Demasiados privilegios. En la otra cara de la moneda, los privilegios económicos también pueden ser un obstáculo para la creatividad. El carácter, la sensibilidad y la vulnerabilidad se construyen, en gran medida, a partir de la adversidad; cuando tienes todo resuelto —es decir, que alguien más lo resuelve por ti— y vives dentro de una burbuja que te absuelve de las consecuencias de tus errores y te protege de cualquier penuria, no eres un individuo libre, pues no eres responsable de ti mismo ni tienes nada que te obligue a intentar, a caerte, a resistir y a volver a levantarte. Sólo así se logra crecer y madurar, ser más inteligente y experimentado, más sabio y humilde.

Demasiados privilegios

Imitación. A veces abrazas la idea de que todo ya se ha hecho antes y de que tú no tienes nada que aportar, así que dejas de ser tú, imitas o intentas parecerte a alguien más. Pero si bien es un hecho que es difícil dar con ideas realmente originales, y que a menudo la idea que “se te ocurrió” ya fue realizada por personas más talentosas y experimentadas que tú, aun así tú eres una persona única con experiencias irrepetibles y distintas a las de cualquier otro ser humano en toda la historia; así, desde tu perspectiva tienes mucho que aportar, sin importar que sean temas ya conocidos, pues puedes presentarlos de una forma totalmente tuya: ahí radica tu originalidad, de seguro inspirada en muchas mentes creativas y en las grandes obras que nos dejaron, pero no por eso deja de ser tuya. Por tal motivo necesitas desarrollar tu propia voz, tu estilo personal y tu propia perspectiva.

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Aquello que reprime la creatividad es, en el fondo, un modo de proteger nuestro ego y de lidiar con nuestros miedos. Pero estamos vivos y vale la pena cualquier esfuerzo para estar mejor, como individuos y como especie; no en el sentido de la opulencia, sino en el de la conciencia y la responsabilidad de ser libres. Fíjate dónde pones tu atención, porque eres lo que atiendes; si te enfocas en lo que pasa allá afuera, no encontrarás sentido en tu mente porque estarás vacío por dentro; si realmente atiendes lo que dice tu corazón, por añadidura el fulgor de tu mente iluminará tu camino y tu experiencia de la vida mejorará. Si te alimentas de lo que amas, rara vez tu creatividad encontrará obstáculo. Lo que buscamos no está allá afuera: siempre ha estado en nuestro interior.

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