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Cumplir deseos, ¿la fórmula para ser infeliz?

Cumplir deseos, ¿la fórmula para ser infeliz?
Carman Witman

Carman Witman

Mente y espíritu

Lanzar una moneda al pozo. Mirar la primera estrella. Sobar la barriga de un buda. Decretar y orar para cumplir deseos… ¿podrían ser una buena forma de hacernos cada vez más infelices? ¿Existe acaso una relación entre la insatisfacibilidad estadística de los ricos, los famosos y su evidente infelicidad secreta? ¿Es posible que exista una paradoja tan desconcertante como que entre más deseos cumplas, más insatisfacción estarás creando en tu vida?

Quizás, al leer esto, podrías pensar que algo anda mal en este artículo. O que los editores no se dieron cuenta de que hay un error de lógica, o que el autor vive en una realidad extraña e incomprensible. Tal vez. Pero antes de que hagas un juicio, revisemos una interesante perspectiva acerca de uno de los más grandes paradigmas de la humanidad: el de la felicidad como consecuencia del cumplimiento de nuestras metas y deseos.

De alguna forma, todos hemos sido condicionados por un sistema educativo, familiar, laboral y mediático de invención, producción y consumo de satisfactores, y para que éste funcione, también de una continua creación y consumo de deseos. Lo aprendimos desde pequeños: regalos de cumpleaños, Santa Claus, los Reyes Magos, el ratón y los premios al “buen comportamiento”. Nos enseñaron que si veíamos una estrella, lanzábamos una moneda al pozo, sobábamos la panza de buda o rezábamos, nuestros deseos podrían cumplirse. Y, por supuesto, con éstos vendría un “trocito de felicidad”… ¡Garantizado!

Pero nada es más cuestionable que este paradigma, y pocas mentiras son tan voraces para nuestra plenitud existencial.

En nuestros tiempos, el agradecimiento se ha convertido en un simple gesto de educación, una palabra obligada y un ritual actuado para demostrar valoración por un favor o un regalo recibido. Pero la verdad es que dista mucho de ser una práctica mental sentida, genuina y de uso cotidiano, y mucho menos un valor cultivado con disciplina y pasión para sentirse existencialmente pleno.

Y he aquí el desconcertante hecho: son los seres que más agradecen los que se sienten más plenos, no los que desean más o cumplen más deseos.

Desde una perspectiva lógica matemática, podría sugerirte la siguiente fórmula: en exacta proporción a la cantidad de deseos que tengas, sufrirás; y en exacta proporción al sentimiento de gratitud que albergues, más pleno te sentirás. O sea: a más deseos, más insatisfacibilidad —es decir, mayor incapacidad para sentir satisfacción, a pesar de los excesos— y, por lo tanto, a mayor gratitud, mayor satisfacción existencial.

A veces pareciera que la vida se divierte con nosotros en una especie de continuo juego de descubrimiento, en el que lo que dábamos por cierto termina siempre de cabeza y todo funciona exactamente al revés de como pensábamos. Así de paradójico es el universo. Y con el deseo, la felicidad y la gratitud pasa lo mismo. No hay deseo cumplido que pueda hacerte más feliz: es la gratitud que albergas por ese deseo cumplido lo que podría hacerte sentir alegría.

El deseo es la falta de algo, la carencia, el vacío del que huyes. Es la clave de nuestra sensación de frustración. Y es la alegría, debida a la gratitud, la sensación que buscas en tu vida. Afortunadamente, puedes cambiar en este mismo momento tus conceptos equivocados sobre ellos.

Para ello, realiza el siguiente ejercicio: haz una lista de treinta cosas por las que te sientas agradecido; al terminar, repásalas una por una y respira profundo antes de leer la siguiente. Entonces, sal a un espacio abierto, abre tus brazos y respira profundamente; en esa postura, piensa en tu lista y repite audiblemente: “Gracias”, al menos diez veces.

Adelante, suspende la lectura para hacerlo, por favor…

— o —

¿Qué sentiste? Es notorio, ¿verdad? Ahora, reflexiona: ¿qué pasaría si realizaras esta práctica al iniciar tu día y al terminarlo? Seguramente empezarías a notar algo que hace tiempo querías experimentar, y que buscabas adquirir cumpliendo tus deseos: sentirte pleno, satisfecho, alegre. Comprueba este hecho haciendo el ejercicio esta semana. Te sorprenderán los resultados.
Créeme: aún puedes ser feliz y sentirlo con frecuencia, ¡sin cumplir tus deseos!

Si quieres saber un poco más sobre la filosofía zen del no deseo, busca en YouTube: vitaelogía zen.

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