Desmotivación, ‘home office’ y cómo recuperar las ganas de trabajar

Desmotivación, ‘home office’ y cómo recuperar las ganas de trabajar

Francisco Masse

Francisco Masse

Miscelánea

El 11 de marzo de 2020 pasará a la historia del siglo XXI como el día en que la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia por COVID-19. Y unos días después, el 17 de marzo —después de que muchos disfrutaran del “puente” por el natalicio de Benito Juárez—, en México fue declarada la emergencia sanitaria y muchos trabajadores fueron enviados a trabajar a sus casas.

Escribo estas líneas durante la segunda semana del mes de febrero de 2021, a casi un año de que millones de empleados, como yo, nos vimos obligados a adaptar nuestras vidas, nuestras casas o departamentos, así como nuestros procesos y obligaciones laborales, al formato conocido como home office. Y pocos podrán negar que esto ha tenido un costo alto a nivel psicológico y productivo.

Como alguien que pasó tres años trabajando de freelancer, con una oficina en casa y sin tener que desplazarme de lunes a viernes a un centro laboral, este formato no debería tener nada de nuevo. Sin embargo, como dice un artículo del portal Vox, las bondades del “teletrabajo” se ven anuladas cuando éste tiene lugar en el marco de una pandemia.

Y es que no sólo hablamos de trabajar desde casa: a esa circunstancia se suma el aislamiento social, el hacinamiento, la convivencia forzada con el home school, la cancelación de muchas actividades recreativas, la disminución de la actividad sexual y, en muchos casos, la zozobra y la incertidumbre causadas por las crisis económicas que el coronavirus ha traído bajo el brazo.

En este escenario, y a estas alturas del partido, ¿qué puede uno hacer para mantenerse motivado en el trabajo? Aquí algunas recomendaciones:

Mantén contacto emocional

Algo de lo que más se extraña de las oficinas es, quizá, la interacción social con tus colegas. De modo que si no pueden verse físicamente, una vez al día o a la semana pueden organizar pequeñas reuniones virtuales que sustituyan a las pláticas de la hora de la comida, en las que conversen de cualquier cosa menos del trabajo. Este momento de relajación hará milagros con su estado de ánimo.

Toma descansos

Si bien es común que mucha gente encuentre difícil concentrarse en el ámbito de su propia casa —con el o la cónyuge pidiéndole que vaya por las tortillas, o quizá con los hijos tomando una clase virtual cuando se tiene una junta vía Zoom—, expertos recomiendan trabajar en pequeños bloques de entre 30 y 60 minutos, y después tomar breaks de unos diez minutos.

Llevando la idea más allá, algo que a mí me ha funcionado es tomar un paseo caminando por la colonia a la que era “la hora de la comida”. Así, me despejo y permito que el sol y el aire —bien filtrado con mi cubrebocas KN-95, eso sí— me den energía para regresar más motivado al home office.

...algo que a mí me ha funcionado es tomar un paseo caminando por la colonia a la que era “la hora de la comida”...

Ambiente tu “nueva” oficina

Si tienes la posibilidad, haz que el espacio que has destinado para el teletrabajo contenga elementos que te gusten: programa una playlist para trabajar —algo tranquilizante para concentrarte o dinámico si necesitas “meter presión”—; pon adornos, peces y hasta flores, e incluso puedes aromatizar con inciensos o añadir cualquier detalle que jamás hubieras pensado llevar a tu oficina. En otras palabras, aprovecha que estás en tu casa y sácale el mayor jugo.

Retos y recompensas

Si bien algunos recomiendan adoptar una rutina y ceñirse a ella —levántate a tal hora, desayuna y báñate, haz ejercicio, come bien, da por terminada tu jornada a una hora decente y destina tiempo al esparcimiento—, después de once meses la rutina empieza a sentirse como una pesada losa o como una prisión.

Para eludir ese tedio, puede ser útil imponerte pequeños retos diarios y “premiarte” si logras cumplirlos. Puedes, por ejemplo, proponerte escribir una columna sobre cómo sobrellevar la desmotivación en el home office en menos de una hora y media, y premiarte con una bola de helado —como la que, espero, me comeré dentro de unos veinte minutos— de tu sabor predilecto.

...puede ser útil imponerte pequeños retos diarios y “premiarte” si logras cumplirlos...

Haz frente a tus emociones

Este consejo es el más delicado, pues tiene que ver con enfrentar la verdad. Algo que ha sucedido con la pandemia es que, aislados en nosotros mismos y nuestro entorno inmediato, y privados de las muchas distracciones que la vida nos ofrecía antes de marzo de 2020, nos hemos visto obligados a mirar de frente nuestra vida, nuestra persona, a nuestros amigos, familiares y a nuestras parejas, y muchas veces sucede que uno llega a pensar: ¿cómo diantres llegué a esto?

Por eso, antes de ahogar la pequeña angustia que sientes en tu pecho con una cerveza, o de distraer tu ansiedad con un maratón de la nueva serie de Netflix, quizá valga la pena aceptar la incomodidad, hacer un “examen de conciencia” y tratar de valorar sinceramente si esa desmotivación es temporal y obedece a las circunstancias, o si es un síntoma de algo más profundo.

Si algo ha quedado claro en los últimos meses es que la vida puede cambiar radicalmente, sin previo aviso y de un momento a otro; que nadie tiene asegurada la existencia, y que todo lo que damos por sentado puede desaparecer en un santiamén o modificarse hasta quedar irreconocible. Y eso plantea una pregunta trascendente: en estas circunstancias, ¿vale la pena emplear el tiempo y la vida que te queda en algo que te aburre o desmotiva?

La respuesta a esa interrogante la dejo en manos de cada quien. Y, ahora sí, voy por mi helado, que sin duda me lo he ganado…

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