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El libro rojo de Jung

El libro rojo de Jung
Hugo Masse

Hugo Masse

Inspiración

Cuando una persona delira, se le llama locura.
Cuando muchos comparten el mismo delirio, se le llama religión

Robert M. Pirsig

Imagina poder atestiguar el nacimiento de una disciplina científica: una vez agotadas las ciencias duras que estudian los fenómenos de la naturaleza, poder encontrar la manera de explorar la psique humana. Poder seguir al fundador de dicha disciplina, al tiempo que va asentando las bases de la misma publicación tras publicación, libro tras libro, conferencia tras conferencia. Imagina además que, al ser tú su aprendiz con mayor discernimiento, todo el mundo considera que serás quien herede el báculo del líder cuando éste se retire. Imagina todo esto, que no es sino el proemio a una tragedia.

Entonces, ocurre lo impensable: tú comienzas a pensar por tu cuenta y, en tu mente, encuentras que las sabias palabras emanadas de los labios del profeta no te resultan del todo dulces y empiezas a cuestionar; primero, algún matiz dentro de un comentario, tal vez después algún postulado pero, sin darte cuenta, muy pronto todo el constructo teórico de la nueva disciplina te parece que podría mejorarse, que es urgente realizar cambios para ajustarla a lo que la realidad te ha estado gritando en los oídos todo este tiempo. Finalmente, el rompimiento es inevitable. El patriarca te deshereda, todo ha terminado.

Así como el ángel más bello y amado acabó siendo expulsado del Cielo por haber cuestionado la autoridad superior, así te sientes ahora que colegas y amigos deben elegir bando y casi todos se decantan por la tradición. Muy pocos muestran algo más que simpatía y conmiseración. Nadie más se atreve a poner en entredicho al maestro: todos están con él, nadie contigo. ¿Qué hacer entonces, si en tu interior sigue bullendo un “Mas, sin embargo…” como el de Galileo? ¿Qué hacer si, a pesar de los duros golpes, sigues pensando que estabas —o que estás— en lo correcto?

Haber caído desde tan alto al foso más profundo te da una ventaja inestimable: no puedes caer más bajo, puedes actuar como te plazca y explorar tus propias metodologías, tus propios fundamentos. Si Einstein logró revolucionar la física con sólo su imaginación, ¿por qué no usar la misma herramienta para darle un vuelco al estudio de la mente, para hacerla salir de su escondrijo y que muestre las caras que nunca han salido a la luz?

Pero hacerlo de un modo irreprochable, que no parezca un simple capricho o un deseo insatisfecho de llamar la atención y nada más. Debes ser metódico, Carl Gustav Jung, no apartarte de la ciencia a pesar de que nadie más haya buscado la verdad con esas herramientas y desde esa trinchera, y quizá nadie más lo vuelva a intentar; debes ir adonde nadie más ha ido, pero no te puedes perder ahí: debes poder regresar con tu presa, con tu hallazgo, con aquello que te puede reivindicar ante tus semejantes. Continúa dando terapia, sigue dando conferencias —siempre habrá quién te escuche, las disputas teóricas rara vez trascienden a la gente de a pie—, sigue publicando.

Pero después del turno regular, Carl Gustav, deberás dejar que fluya a través de ti el inmenso caudal del inconsciente; serás su medio y su canal, su portavoz y su lenguaje. En tus libros negros escribirás todo lo que veas y escuches, sientas, huelas, intuyas o de cualquier modo percibas en el lado oscuro. Ese será tu borrador, esas serán las uvas que pises con las que podrás algún día tener el vino de la sabiduría.

¿Qué importa que algunos piensen que lo tuyo fue locura, un colapso nervioso, una caída temporal en la psicosis? ¡Qué saben ellos, si solamente han pisado la acera del lado “normal” y nunca han cruzado al lado salvaje! Cuando ya tengas suficientes apuntes, dibujos, esquemas, cantos, profecías y lo que sea que la oscuridad te haya susurrado al oído, será hora de cultivar ese mosto, ese jugo que será vino. ¡Vengan los arquetipos, vengan Elías —con rostro de Filemon— y Salomé a guiarte por el inframundo psíquico! Y después, vuelve a repasar tus notas y, con ellas, lo que pasaba por tu mente y tu corazón al plasmarlas en el papel pergamino. ¿Cuál es su esencia, qué es lo que enfrentaste esa noche, qué secreto le arrancaste a fuerza de preguntas?

De la barrica de los libros negros es necesario trasvasar el líquido precioso a la botella en donde finalmente obtendrás el vino más deleitable: he aquí que entra en escena El libro rojo, tamaño folio, con seiscientas posibilidades de mostrar la cara de la realidad. No puedes volverte a equivocar; las pinturas que plasmaste en pliegos separados posiblemente no sobrevivan, no puedes volver a equivocarte. ¿Que haber cubierto sólo una cuarta parte de las seiscientas páginas lo hace un libreto incompleto? No, en realidad así estás haciéndole saber a la humanidad que no deben fundar una religión o una ciencia a partir de tus visiones y palabras, sino que cada persona es responsable de emprender ese viaje a su interior, a su propio interior, y de regresar con al menos una hoja nueva para el Liber Novus

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Carl Gustav Jung nació en 1875, en Kesswil, Suiza. Psiquiatra y psicoanalista, durante muchos años fue el alumno favorito del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Paulatinamente, el pensamiento de ambos científicos fue separándose hasta el punto en que, finalmente, Freud dejó de considerar a Jung como su sucesor e incluso dejaron de dirigirse la palabra. Para lidiar con una situación tan extrema, Jung decidió enfrentar directamente a su inconsciente, probablemente del modo en que aquí se narra.

El libro rojo de C. G. Jung fue escrito entre 1914 y 1930, y fue denominado Liber Novus o “libro nuevo”. Se trata de un manuscrito iluminado de tamaño folio —treinta y nueve por treinta centímetros—, encuadernado en cuero rojo. Contiene bellas imágenes y florituras al estilo de los antiguos libros de la Edad Media, con una caligrafía muy cuidada, al más puro estilo gótico. Durante muchos años estuvo resguardado en la bóveda de un banco, considerado como patrimonio privado por los herederos del padre de la psicología analítica.

Como psicólogo, Jung buscaba ir más allá de simplemente curar patologías y avizoró la posibilidad de, en cambio, lograr una reconexión con lo espiritual y así recuperar el sentido de la vida. En el proceso consiguió afinar su propuesta psicoterapéutica, con conceptos como el inconsciente colectivo, los arquetipos, los tipos psicológicos o el proceso de individuación.

En 2009, El libro rojo fue publicado por primera vez en inglés y alemán; en 2010 se publicó la primera edición en español. Actualmente es muy apreciado por su valor artístico tanto como por la luz que arroja dentro del pensamiento junguiano.

Contiene bellas imágenes y florituras...
...al estilo de los antiguos libros de la Edad Media...
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