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El virus como personaje literario

El virus como personaje literario
Bernardo Monroy

Bernardo Monroy

Miscelánea

A causa del coronavirus, el 2020 ha sido uno de los peores años de los que se tenga memoria. El número de contagios, las crisis económicas y la ineptitud de muchos gobiernos mantienen a la población entre el terror y la desolación. Pero en este confinamiento, además de navegar por internet o ver qué hay de nuevo en nuestro servicio de streaming favorito, puede resultar interesante leer un libro cuyo tema central esté vinculado con la pandemia que estamos viviendo.

Historias sobre un virus letal que se propaga por el mundo y enferma a millones son algo habitual en series de televisión como The Walking Dead, en el cine y la literatura. Pero esto no es nuevo: en el inconsciente colectivo, las bibliotecas y librerías, han circulado por siglos las tramas sobre implacables epidemias.

A finales del siglo XIX, antes de la gripe española, ya se hablaba de una pandemia global; y en la década de 1980,mucho antes de que tomáramos clases vía Zoom, dos populares escritores de terror publicaron sendas novelas que resultaron aterradoramente proféticas. Así pues, hagamos un recorrido por algunas obras que tratan sobre virus, enfermedades y pandemias.

El último hombre

Sin duda alguna, la “criatura” de Victor Frankenstein es uno de los más grandes íconos de la ficción y el terror, aun si no has leído la novela. El inconveniente para su autora, Mary W. Shelley, fue que la fama del monstruo eclipsó el resto de su producción literaria, tan rica y vasta como gran parte de su vida.

Mucho antes de que los showrunners vendieran sus guiones a Netflix o HBO, Mary Shelley alzó su pluma y creó una de las primeras obras que abordan el tema de un virus que acaba con la humanidad: El último hombre —The Last Man—. Cuando se publicó, en 1826, fue una obra adelantada a su tiempo que se consideró bastante mala, pero en la década de 1960 se le rescató del olvido.

"The Last Man", de Mary Shelley

Lionel Verney, un aristócrata caído en desgracia, es el protagonista de la trama. Cuando parece que no puede irle peor, una plaga se propaga y mata a casi toda la humanidad. Así, Verney es el último sobreviviente de la raza humana, que escribe sus memorias sabiendo que tarde o temprano llegará lo inevitable. Es una obra triste y deprimente que proyecta los conflictos internos de su autora.

Males pintados de rojo

Gracias a la más reciente adaptación de The Call of the Wild, protagonizada por Harrison Ford, la obra del estadounidense Jack London ha cobrado interés. Este escritor aventurero supo plasmar su pasión por la vida en cada una de sus letras, pero su producción abarcó mucho más que aventuras con lobos y perros.

La peste escarlata —The Scarlet Plague— (1912) es una de las mejores novelas de Jack London y una de las menos conocidas: es el año 2073 y el protagonista, un profesor de inglés llamado James Smith, vive su vida hasta que una enfermedad conocida como la “Muerte Roja”, que tiñe al cuerpo de ese color y mata al enfermo en treinta minutos, comienza a diezmar a la población mundial.

"The Scarlet Plague", de Jack London

Smith es testigo de la irresponsabilidad y la estupidez de la gente que no comprende la seriedad de la situación. Incluso los nietos del personaje se muestran torpes cuando él les quiere enseñar lo poco que queda de la civilización. Un dato curioso es que el nombre de la “Muerte Roja” es una referencia a uno de los cuentos de terror más famosos de la literatura, que también habla de un brote epidémico: “La máscara de la muerte roja” (1842), de Edgar Allan Poe.

Del rey del terror

Saltemos ahora hasta 1978, cuando Stephen King era ya todo un fenómeno de la cultura pop. Con la publicación de Carrie y El resplandor, el nativo de Maine se posicionaba como un autor de literatura terrorífica. Sin embargo, King aspiraba a mucho más y por eso fue que comenzó a aporrear las teclas para escribir The Stand, conocida en nuestro idioma como La danza de la muerte.

En la historia, un virus creado como arma bacteriológica, cuyo nombre es 848-AB,  pero que la gente llama “Capitán Trotamundos” —“Captain Trips” en inglés—, se filtra de unos laboratorios militares y se propaga por el mundo a una velocidad espeluznante. En medio del caos surge Randall Flagg, un terrible villano —quizás el mejor de King— que quiere dominar los residuos de la civilización.

Pero, como en muchas novelas de Stephen King, la esperanza se alza por encima del miedo: una mujer negra que encarna a la bondad congrega a los supervivientes para luchar contra Flagg. El impacto de esta obra fue tal que, en su cuenta de Twitter, King permitió a la gente apodar al coronavirus como Captain Trips —aunque aclaró que “nuestro” virus no es tan letal como el que él imaginó.

"The Stand", de Stephen King

Por su parte, en 1981, el escritor Dean Koontz quiso hacerle la competencia a King con The Eyes of Darkness —Los ojos de la oscuridad—; aunque nunca alcanzó demasiada popularidad, este annus horribilis volvió a poner de moda la novela porque se centra en un virus creado en un laboratorio de Wuhan… la ciudad donde se registraron los primeros casos de covid.

Cuando el conductor de podcasts Nick Hinton descubrió que la trama “predijo” el virus, la noticia explotó en redes sociales y Koontz se hizo trending topic. Pero hay que aclarar que hasta allí llegan las similitudes, pues el virus del relato daña el tejido cerebral, no los pulmones, y mata en un lapso de 24 horas.

Sobrevivir es lo importante

La última de las grandes obras apocalípticas que quiero mencionar es La tierra permanece —Earth Abides (1949) de George Stewart, en la que nunca se aclara qué enfermedad acaba con la humanidad, pero sí habla de algo fundamental: la importancia de empezar desde cero, de reinventarse e iniciar otra vez. La frase que da título al libro, tomada del Eclesiastés (“Los hombres van y vienen, pero la Tierra permanece…”) no puede ser más adecuada.

"Earth Abides", de George R. Stewart

De eso es trata: de mantenerse firmes y de pie, mientras el coronavirus y la crisis sanitaria cabalgan por el mundo. A fin de cuentas, lo que conforma a la literatura es el conjunto de pasiones humanas, como la ira, el miedo, el espíritu de sobrevivencia y, afortunadamente, también la esperanza.

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