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Facilidad, genialidad y talento, ¿cuáles son las diferencias?

Facilidad, genialidad y talento, ¿cuáles son las diferencias?
Luis Fernando Escalona

Luis Fernando Escalona

Creatividad

Una vez oí a una persona decir que su hijo “tenía facilidad para el arte”, aunque lo cierto era que se trataba de un chico con talento, pues tenía aptitudes sobresalientes para el dibujo y la pintura, pero sin llegar a la genialidad. Como queda claro en este ejemplo, muchas veces nos perdemos en las definiciones de ciertas ideas afines y no tenemos muy claro qué es lo que distingue a una de la otra. Por eso, aquí te comparto las principales diferencias entre facilidad, genialidad y talento.

Empecemos por facilidad, que según una de sus acepciones en el diccionario se refiere a la disposición para hacer algo sin mucho esfuerzo. Un ejemplo de lo anterior sería: “Pedro tiene una gran facilidad para las matemáticas”, lo cual querría decir que de manera natural es capaz de resolver problemas aritméticos complejos mentalmente o de recordar varias decenas de dígitos del número Pi.

Sobre el talento, el diccionario dice que es la capacidad de obtener resultados notables o de desenvolverse exitosamente en cierta actividad. Volviendo al ejemplo de Pedro, si a pesar de tener facilidad para las matemáticas no las practica, ni desarrolla una capacidad notable ni se enfoca en una de sus ramas de estudio, es muy probable que nunca se convierta en una persona talentosa.

Facilidad para las matemáticas

Ahora, veamos qué pasa con la genialidad. Por lo general, se piensa que un genio es alguien que tiene un cociente intelectual muy por encima del promedio; sin embargo, a lo largo de la historia muchos dictadores o asesinos seriales han tenido un IQ elevado y se les recuerda más por la brutalidad de sus acciones que por actos geniales de su parte. Entonces, esta cualidad se refiere más bien a la capacidad de crear o inventar algo nuevo, o de realizar alguna actividad de forma original, admirable, imaginativa, trascendente o brillante.

Al leer lo anterior, vienen a nuestras mentes nombres como los de Albert Einstein, Marie Curie, Alexander Graham Bell, Leonardo da Vinci, Pablo Picasso, Wolfgang Amadeus Mozart o Francis Galton: personas que nacieron con dones especiales o que desarrollaron capacidades que se hallaban por encima de lo ordinario; es decir, personas extraordinarias.

Estatua de Wolfgang Amadeus Mozart

Recuerdo que, en la secundaria, tenía un compañero que, aunque sacaba pésimas calificaciones, poseía un talento único para dibujar. A la larga, los “cerebritos” del salón no pasaron de tener trabajos convencionales con historias comunes, mientras que aquél no limitó su potencial por su bajo rendimiento académico, desarrolló su talento y éste le ha permitido tener una vida plena y exitosa. Entonces, podríamos decir que no basta con tener talento: también hay que practicar y ejercitar nuestras habilidades con disciplina y entusiasmo.

En contraste, también conocí a un chico que tenía un gran talento para la música, pero que nunca lo desarrolló porque sus padres lo convencieron de que “se moriría de hambre” si se dedicaba a dicha profesión. Hoy, mi amigo es un excelente abogado al que le va muy bien económicamente, aunque con una amargura que muchos califican de incomprensible o exagerada; quienes lo conocemos bien sabemos de dónde viene…

Así, los talentos natos y la genialidad natural pueden terminar olvidados o destruidos cuando se crece en un ambiente adverso, ya que deben cultivarse con la práctica de todos los días: de nada sirve tener talento, si no se pone a trabajar. Mi maestro de literatura en la preparatoria, Manuel Acuña, decía que la única manera de convertirse en un buen escritor era “leyendo mucho, escribiendo mucho y viviendo mucho”. Por su parte, el poeta Saúl Ibargoyen aseguraba que debemos desconfiar de las musas y que, cuando no quieren colaborar, debemos obligarlas.

Todo lo anterior quiere decir que hace falta disciplina y trabajo para cultivar los talentos; de ahí que, con nuestro esfuerzo y dedicación —y, quizá, con un toque de suerte— sea posible saltar a la esfera de la genialidad. Vale la pena intentarlo y, en todo caso, disfrutar el camino…

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