Ideas para escribir una autobiografía

Ideas para escribir una autobiografía

Aida Arellano Chávez

Aida Arellano Chávez

Creatividad

Quizá pienses que no puedes escribir una autobiografía porque no tienes nada interesante que decir, pues tu vida ha sido tranquila, sin aventuras emocionantes o tragedias espantosas. O tal vez pienses lo contrario: que tu historia está llena de episodios excepcionales o de momentos turbios y difíciles que no te atreverías a contar… De cualquier forma, vale la pena intentarlo. Todos —sin excepción— tenemos algo fascinante, encantador, curioso o revelador que nos ha ocurrido y que merece ser compartido; algo que nos marcó y explica quiénes somos en la actualidad. Escribir tu historia, por otro lado, no significa redactar una novela: es una oportunidad para repasar tus aciertos, errores, alegrías y desencantos; para salir del cuadro de tu existencia y verlo desde afuera, con otra perspectiva; también para entender qué fue lo que te impulsó a actuar de una u otra manera,  para reconocer los propios errores e intentar corregir el camino.

Sin embargo, cabe mencionar que escribir una autobiografía es una actividad desafiante. Si decides hacerlo, podrían surgir algunos miedos que te impidan continuar con tu obra, como los siguientes:

Miedo a que alguien la lea. Escribir tu autobiografía puede ser un ejercicio meramente personal, aunque también constituye una oportunidad para dejar  constancia de tu paso por el mundo. Una vez que la termines, podrás elegir entre tres posibles caminos: intentar publicarla, heredarla o guardarla en un cajón para que un día, quizá después de tu muerte, alguien la encuentre y decida leerla… o quemarla.   

Miedo a que alguien se sienta ofendido o traicionado. Es un riesgo que deberás tomar: al conocer tu versión de los hechos, los aludidos podrían entender tu punto de vista y tal vez se solidaricen contigo.

Miedo a que a nadie le interese. Resulta poco probable, pues hurgar en las vidas ajenas es un pasatiempo irresistible; hasta las personas más inimaginables podrían interesarse en tu historia.

Miedo a que descubran tus secretos más íntimos. Olvídalo. Después de todo, tú decidirás qué episodios incluir en la autobiografía; no se trata de responder un interrogatorio exhaustivo. Si sientes que algo podría perjudicarte a ti o a un tercero, simplemente no escribas sobre ello; aunque también vale la pena preguntarte si este daño es real o sólo es algo que tú imaginas.

Miedo a no ser objetivo. Recuerda que la idea es escribir tu versión de las cosas, lo que viviste y la forma en que lo recuerdas. Y si alguien tiene una interpretación distinta de los hechos, que la cuente en su propia autobiografía.

Miedo a herir los sentimientos de personas que no incluiste en tu historia, pero que formaron parte de ella. El objetivo es contar lo que resultó más significativo para ti, así que no te esfuerces por complacer a todo el mundo. Si publicas la autobiografía, ya tendrás oportunidad de escribirles una dedicatoria.

Una vez superados estos miedos, podrás enfocarte en la construcción de tu historia. A continuación, te comparto algunos consejos para hacerlo:

¿Por dónde empiezo? Lo más obvio sería comenzar con la fecha de tu nacimiento; sin embargo, elegir algún evento que te haya marcado resultará más interesante para el lector y más útil para ti: los episodios clave de tu vida —por ejemplo, tu primera desilusión amorosa o la muerte de un ser querido— son detonadores que liberarán tu pluma, llevándote a lugares cada vez más recónditos de la memoria. Otra idea es empezar con el momento presente: ubicarte en donde estás parado hoy y poco a poco ir deshojando la margarita de tu vida hasta llegar al aliento original. También puedes introducir tu relato con un recuerdo poderoso: tu casa de la infancia, la maestra o maestro de quien te enamoraste, una navidad especial o algún viaje singular… No importa en qué punto decidas iniciar tu aventura, te aseguro que de cualquier manera el camino será muy divertido.

¿Y si no sé redactar? Para escribir únicamente se necesita papel, pluma —o una computadora, si así lo prefieres— y ganas de hacerlo. Algo que suele funcionar es escribir con naturalidad, como si estuvieras platicando con alguien. No te preocupes demasiado por la forma, la gramática o la sintaxis: para eso existen los correctores de estilo. Lo importante es que sueltes tu mente y permitas que las ideas y los recuerdos fluyan. Si la inseguridad persiste, piensa que son pocos los escritores que nacieron con el don de saber contar una historia: la mayoría ha debido prepararse académicamente y construido su camino literario a base de trabajo constante y miles de manuscritos desechados.

¿Debo contar toda mi vida? No necesariamente. Puedes dividir tu vida en temporadas o elegir sólo una de ellas. Tal vez tu infancia fue muy inusual y sólo quieras hablar de eso, o quizá tuviste una adolescencia turbulenta y necesites explicarla —verás que el proceso te ayudará a sanar viejas heridas.

¿Qué formato debo usar para escribir? No existe ninguna regla al respecto. Puedes escribir tu historia en forma de diario, o de manera epistolar: enviando cartas a un destinatario ilusorio. Otra posibilidad es usar la primera persona, ya sea en tiempo pasado o en presente. Si gustas, cambia los nombres de los personajes y mantente anónimo, o alude directamente a tu familia y amigos.

Todo se vale, así que busca tu estilo y emprende el viaje hacia tu interior. Allí encontrarás un sinfín de imágenes que constituyen todo lo que eres hoy, las cuales esperan ser reveladas para que puedas observarlas desde la distancia y con la sabiduría que brinda el tiempo, sin importar que decidas compartirlas con el mundo o atesorarlas en un lugar secreto.

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