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La doble hélice de Rosalind Franklin: ¿el ADN fue descubierto por una mujer?

La doble hélice de Rosalind Franklin: ¿el ADN fue descubierto por una mujer?
Fernando N. Acevedo

Fernando N. Acevedo

Inspiración

Es muy probable que hayas escuchado alguna vez hablar de “la doble hélice”. También es casi seguro que sepas que es el nombre con el que se conoce a la estructura del ácido desoxirribonucleico, o ADN, que has visto representada como “una escalera de albañil torcida”. Quizá logres recordar que, gracias al descubrimiento de dicha estructura, el estadounidense James D. Watson, el inglés Francis Crick y el neozelandés Maurice Wilkins ganaron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962.

Estructuras de enlaces y tridimensional de la molécula de ADN

Lo que no muchos saben es que dicho premio ha arrastrado una injusticia a través de los años, en parte por las reglas que lo rigen y también por lo que muchos ven como una falta de humildad de los tres galardonados, pues poco o nada reconocieron las grandes contribuciones que, al respecto, hicieron el austriaco Erwin Chargaff y la británica Rosalind Franklin, de cuya vida y trabajo te contaré brevemente a continuación.

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La historia de Rosalind Franklin está estrechamente ligada al descubrimiento de la estructura del ADN. Nació el 25 de julio de 1920 en Notting Hill, Londres. Desde joven mostró un carácter fuerte y decidido, así como un interés innato por la ciencia. A pesar de las expectativas sociales de su “rol femenino” y de la oposición inicial por parte de su padre —quien no veía con buenos ojos que una mujer estudiara ciencias— su perseverancia hizo que se graduara en Ciencias Naturales por la Universidad de Cambridge y que continuara su educación en el campo de la cristalografía, disciplina que sería clave para el descubrimiento que abriría las puertas de la genética moderna.

Rosalind Franklin en París

En la década de 1950, Rosalind Franklin y Maurice Wilkins utilizaron la difracción de rayos X para estudiar el ADN. Con Wilkins a cargo del grupo de trabajo en el laboratorio del King’s College de Londres, Franklin, quien había llegado como investigadora asociada, aplicó sus conocimientos para estudiar el ADN mediante dicha técnica. Al revelar las imágenes obtenidas por ella y por el estudiante de doctorado Raymond Gosling, observó que la molécula tenía una forma helicoidal, una conclusión fundamental para comprender su estructura.

De hecho, ella fue la primera en darse cuenta de que las moléculas de ADN contenían “hélices grandes con múltiples cadenas y con los fosfatos hacia el exterior”. Su trabajo y mediciones meticulosas proporcionaron las pistas esenciales para dar con la estructura del ADN, pero su carácter independiente y las diferencias entre ella, su director John Randall y, sobre todo, con su compañero Wilkins, hicieron que pronto saliera del King’s College y fuera transferida al Birkbeck College.

La "foto 51" de Franklin y Gosling

Es aquí donde la trama se hace complicada. Wilkins era amigo de Francis Crick, quien junto con James Watson estaban entregados a la búsqueda de la estructura del ADN. Poseían casi todos los datos, entre ellos los componentes químicos exactos y el dato importantísimo, aportado por los estudios de Chargaff, de que la relación entre las bases nitrogenadas —purinas y pirimidinas— era idéntica dentro del ADN; sólo les faltaba determinar la forma que tenía la molécula. Wilkins les habló acerca del trabajo de Franklin y Gosling, y les mostró —sin el conocimiento ni la anuencia de ambos— las fotografías fruto de largas horas de trabajo, entre las que se encontraba la que hoy es conocida como “la foto 51”. Gracias a ella, Watson y Crick tuvieron por fin la certeza de que la molécula era una doble hélice.

Notas e interpretación de la "foto 51"

Y el resto es historia: James Watson y Francis Crick, basándose en parte en los datos de Franklin, propusieron el modelo de la doble hélice del ADN en 1953. En su publicación inicial no se mencionaba a Franklin; sólo después de la muerte de Rosalind, en 1958, se reconoció su papel.

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Rosalind Franklin dejó un legado duradero en la ciencia. Su trabajo sentó las bases para la comprensión de la genética y la biología molecular. Aunque su nombre no siempre figura junto a los de Watson y Crick, su contribución sigue siendo fundamental: fue una científica visionaria cuyo papel en el descubrimiento de la estructura del ADN merece un lugar destacado en la historia científica. Hoy día, y con los avances que ha habido en la materia, la comunidad científica reconoce su valiosa contribución y celebra su legado perdurable.

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