La historia de las típicas canciones navideñas

La historia de las típicas canciones navideñas

Francisco Masse

Francisco Masse

Miscelánea

A estas alturas del año, como si fuera casi una maldición, los altavoces de muchos colegios y primarias del país resonaban con las mismas tonadas de siempre, mientras grupos de alumnos —alineados en el patio y al borde del congelamiento— ensayaban la coreografía de “Rodolfo, el reno” o de “El niño del tambor”, o bien unían sus voces en armonía para cantar “Noche de paz” o “Blanca Navidad”; pero, ¿cuál es el origen y la historia de estas canciones?

Este año peculiar, en el que seguramente no habrá festivales navideños a los que acudir, una extraña nostalgia se apodera de algunos y nos hace añorar esas melodías, otrora aborrecidas. Así pues, echemos una mirada al origen de las típicas canciones navideñas, ahora que se aproximan las fechas.

Noche de paz

El tema clásico que uno aprende a tocar —o, al menos, eso intenta— en la flauta dulce, en las clases de música en la secundaria, se llama en realidad “Stille Nacht, heilige Nacht”, que en alemán quiere decir “noche silenciosa, noche santa”, y es una composición tradicional austriaca del fin del año.

Este clásico navideño data del año 1818, cuando fue compuesta por el organista Franz Xaver Gruber, con letra del padre Joseph Mohr, en el pueblo austriaco de Oberndorf bei Salzburg. La leyenda dice que Mohr le dio la letra a Gruber y le encargó una música de acompañamiento para la misa de nochebuena de ese año, de modo que fue el 24 de diciembre de 1818 que se interpretó por primera vez.

Karl Maruracher, un fabricante de órganos que daba mantenimiento al órgano de Oberbdorf, se enamoró de la canción y se la llevó con él a la región del valle del Ziller, donde fue escuchada por dos familias de cantantes que la incluyeron en sus repertorios. A la siguiente navidad, la canción ya era conocida incluso por el emperador Francisco I de Austria; en 1839, sería interpretada en Nueva York y desde entonces se popularizaría como el “himno no oficial” de la Navidad.

El niño del tambor

Este otro clásico de estas fechas, que ha sido interpretado hasta por el español Raphael, cuenta la historia de un humilde tamborilero que logra unirse a la comitiva de los Reyes Magos cuando éstos iban a adorar al niño Dios. A diferencia de los magos, que eran ricos y ofrecieron lujosos regalos, el niño sólo tenía su tambor, de modo que tocó para el recién nacido, que “le sonrió”.

Pues bien, “The Little Drummer Boy” fue compuesta en 1941 por la maestra y compositora estadounidense Katherine Kennicott Davis, quien estudió en el conservatorio de Boston e impartía clases de música en la Concord Academy, en Massachusetts. La primer versión grabada fue en 1951, pero fue hasta 1958 cuando la versión coral de Harry Simeone la colocó en la memoria del mundo.

Blanca Navidad

Antes que todo, unos datos duros: “White Christmas” es el sencillo más vendido de todos los tiempos en todo el mundo; tan sólo la versión cantada por Bing Crosby ha vendido más de 50 millones de copias a lo largo de la historia y se estima que, sumando todas las versiones en todos los idiomas, deben de haberse vendido más de cien millones de copias de esta canción.

Y ahora, la leyenda: una noche de 1940 Irving Berlin, su autor, componía hasta altas horas de la noche mientras estaba hospedado en La Quinta Hotel, en Hollywood —otra versión dice que se compuso en el Arizona Biltmore, de Phoenix—, cuando tuvo un ataque de nostalgia: eran tiempos de guerra y Berlin añoró las navidades de antaño, todas blancas y cubiertas de nieve.

Con esa idea en mente, compuso la más exitosa de las canciones navideñas: según él mismo contó después, un lunes le pasó un papel garrapateado a su secretaria y le dijo: “Quiero que transcribas esta canción que escribí en el fin de semana; no sólo es la mejor canción que he escrito, ¡es la mejor canción que alguien haya escrito en la historia!”.

Rodolfo el reno

El estribillo de esta canción hace que mis ojos se humedezcan, pues me recuerdan los días pasados cuando mi heredera, que ahora estudia la universidad y luce el pelo teñido en dos colores, cantaba entusiasmada aquello de “…era Rodolfo un reno”, vestida de terciopelo blanco y con dos astas de plástico.

Pero, dejando atrás el sentimentalismo, vayamos a la historia: fue en 1939 cuando el compositor Johnny Marks creó la tonada del reno más famoso de la historia, basándose en el cuento infantil publicado por la Montgomery Ward Company unos años antes. Y tuvieron que pasar diez años para que Gene Autry la convirtiera en un #1 de ventas en los Estados Unidos, durante la Navidad de 1949. Sobra decir que hay decenas de versiones de ella.

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