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Novela gótica, la madre del terror

Novela gótica, la madre del terror

Pita Escalona

Creatividad

Sentada en los escalones de piedra a la entrada de su casa, comenzó a contarme: “Creo que en mi otra vida morí con una estaca enterrada en el pecho. Fui una vampiresa malévola, digna de su estirpe. Ahora les temo tanto, que no puedo ni siquiera pronunciar su nombre. Me aterran esos hematófagos seductores de largos colmillos. Segura estoy de haberles dejado una cuenta pendiente, porque vivo asediada por ellos. Temo mirarme en el espejo, siento su presencia a cada momento. Ni siquiera puedo manejar el coche por temor a encontrarlos en el espejo retrovisor o en los laterales. Al ponerse el Sol, mi alerta se activa. Aborrezco la oscuridad. Paso las noches con la luz encendida. Casi no duermo”.

La mujer —con la angustia a flor de piel— decidió terminar la conversación. Apagó el cigarro en el piso, subió corriendo los escalones y azotó la puerta tras de sí. Nunca creí poder escuchar, en la segunda década del siglo XXI, un relato como el de mi vecina. Eso demuestra que aún quedan reminiscencias de aquellas historias de la época de Las Cruzadas, cuando surgieron los primeros elementos de la novela gótica: tramas de caballería, ambientes medievales, monasterios y castillos malditos con altas torres, pasadizos secretos y sótanos en los que transcurrían extrañas y angustiosas situaciones…

La primera novela gótica

El castillo de Otranto, escrita en 1764 por Horace Walpole, es considerada la primera novela gótica de la historia. La primera edición se presentó como la traducción de un texto escrito en italiano en 1529 —The Castle of Otranto, A Story. Translated by William Marshal, Gent. From the Original Italian of Onuphrio Muralto, Canon of the Church of St. Nicholas at Otranto—; en la segunda edición, Walpole ya aparecía como autor de esta novela de acción y misterio que se desarrolla en un castillo maldito, del que a la fecha quedan vestigios. Walpole la sitúa en la Italia medieval, al igual que la mayoría de sus historias.

"El castillo de Otranto", de Horace Walpole

Acerca de dicha obra, sir Walter Scott escribió: El castillo de Otranto es notable no sólo por el sombrío interés de la historia, sino por haber sido el primer intento moderno de fundar una literatura de ficción fantástica sobre la base de las antiguas novelas de caballerías”.

A partir de la publicación de El castillo de Otranto, las librerías empezaron a abarrotarse de novelas góticas, como Vathek, de William Beckford —también conocida como Cuento árabe de un manuscrito inédito—, escrita en 1782. Se trata de una obra imprevisible, plagada de concepciones fantásticas, en la que un califa le vende su alma al diablo —cabe mencionar que esta obra constituye un precedente histórico del surrealismo literario. Otro ejemplo es Los misterios de Udolfo, de Ann Radcliffe, publicada en 1794 y protagonizada por Emily St. Aubert, quien, tras la muerte de su padre, sufre pavores sobrenaturales en un sombrío castillo, bajo la tutela de una tía y de un bandolero italiano; esta novela es considerada el arquetipo de la novela gótica, tanto por el romance como por el terror físico y psicológico —un dato interesante es que sirvió como inspiración para La abadía de Northanger, de Jane Austen.

"Los misterios de Udolfo", de Ann Radcliffe

En sólo diez semanas y antes de cumplir los veinte años, Matthew Lewis escribió El monje (1796), una novela gótica escabrosa y transgresora que muestra a un sacerdote como villano en un ambiente de pactos demoniacos, incesto y violaciones. La obra buscaba denunciar a la Inquisición española, y sirvió como modelo para futuros trabajos literarios, como Nuestra Señora de París de Victor Hugo.

Un ejemplo más es Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, escrito en 1804: historias dentro de historias que se ramifican y entremezclan al estilo de El Decamerón o Las mil y una noches.

La madre del terror y su hermana la romántica

La novela gótica surge en Inglaterra como una reacción al racionalismo. Es la madre del terror porque hace énfasis en los sentimientos de depresión y decadencia, exalta lo ruinoso y lo macabro, nos muestra un erotismo velado, así como amores enfermizos vinculados a lo oculto y lo sobrenatural. Además, introduce a nuevos personajes fantásticos: vampiros, el hombre lobo y el doppelgänger son algunos de ellos. El escenario —por lo general— consiste en bosques sombríos, ruinas medievales, criptas, castillos con sótanos tenebrosos y pasadizos poblados por fantasmas. Todo ambientado por ruidos nocturnos, como cadenas arrastradas por seres de otro mundo: esqueletos, demonios y personajes insólitos que enfrentan grandes peligros. A menudo también aparecen cándidas muchachas en apuros que intentan sobrevivir a las noches de tormenta.

La última novela gótica Melmoth el errabundo, de Charles Maturin vio la luz en 1815. Aunque, en teoría, las novelas escritas fuera del periodo marcado por la publicación de El castillo de Otranto y la citada obra de Maturin no suelen ser consideradas como góticas, los estudiosos en la materia aún no logran ponerse de acuerdo en la catalogación, pues existe una línea muy delgada entre la novela gótica y la romántica. Por ello, resulta oportuno repasar algunas de las características de la narrativa romántica que, además de los elementos góticos, incorpora en sus tramas temas como la rebeldía, el anhelo de libertad, la imaginación, la fusión del ser humano con la Naturaleza, la exaltación del Yo, la subjetividad y el nacionalismo.

"Melmoth el errabundo", de Charles Maturin

Y la cereza del pastel: cinco años antes de la publicación de Drácula (1892), Julio Verne escribió El castillo de los Cárpatos, una verdadera rareza entre sus historias futuristas, donde el personaje principal se enamora, en secreto, de una cantante de ópera. Al enterarse de que otro hombre le propone matrimonio y de que ella acepta, lo invaden los celos; la cantante muere trágicamente en el escenario y ahí comienza la inmortalidad de su voz… Esta obra toma elementos de la novela gótica y, a la vez, forma parte de la gran pirámide de la literatura de terror, en cuya cúspide se encuentran las novelas más recientes de Anne Rice y Stephen King.

— o —

Al anochecer, la vecina tocó la puerta de mi casa para ofrecerme una disculpa por haber sido tan grosera. Su atuendo no era el mismo, parecía que iba a irse de fiesta. Nunca la había visto con los labios pintados de rojo. Vestía unos leggins brillantes, demasiado modernos para su edad, un saco como de uniforme militar y unos botines picudos. Entre lo negro, resaltaba su blusa impecablemente blanca, de encaje en puños y cuello. El pelo lacio le cubría casi media cara. Le pedí que no se sintiera avergonzada por la confesión que me había hecho antes, ya que en la actualidad la gente es más abierta en cuanto a sus fobias. Sonrió. Pude observar el largo de sus colmillos…

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