Pandemia, ‘e-commerce’ y en qué gastamos estando encerrados

Pandemia, ‘e-commerce’ y en qué gastamos estando encerrados

Francisco Masse

Francisco Masse

Miscelánea

Una frase que, desde varias décadas, circula entre los lectores de ciencia ficción y los fanáticos de películas y series futuristas ha cobrado un significado distinto este año: el futuro está aquí. Y es que la pandemia de covid-19 que ha matado a cientos de miles de personas y ha obligado a millones a permanecer en la relativa seguridad de sus casas, ha acelerado el reloj en más de un sentido.

Uno de los aspectos de la vida cotidiana de antes de este 2020 que ha sufrido mayormente los efectos de la restricción a la libre circulación es, sin duda, el comercio de productos “no esenciales” —es decir, casi cualquier cosa que no te puedas comer— y las tiendas departamentales. Y hace unos días salieron a la luz algunas estadísticas interesantes al respecto.

En un artículo del portal Tech Crunch se confirma lo que recién dijimos sobre las manecillas del reloj: la pandemia y sus efectos adelantaron cinco años la transición del consumo en tiendas físicas hacia el comercio electrónico o e-commerce. En otras palabras, quienes sistemáticamente compran productos en portales y los reciben en sus casas, es como si vivieran en el 2025.

Lo anterior se desprende de la información proporcionada por el Índice de compras al menudeo que realiza la empresa informática IBM. Y no sólo eso: esos mismos datos nos dicen en qué porcentaje la compra electrónica está desplazando a la física, así como en qué estamos gastando la gente mientras está en cuarentena. La información es de Estados Unidos, pero resulta muy interesante y revelador conocerla, a falta de datos locales.

Según esta estimación, al final de 2020 la venta física en tiendas departamentales habrá caído en un dramático sesenta por ciento, mientras que el alza global del comercio electrónico será aproximadamente del veinte por ciento.

¿Y en qué se gasta? Con un tercio de la población trabajando desde sus casas, sin sacos, trajes sastre, blusas, camisas y corbatas, la compra de ropa ha sufrido una caída estrepitosa. En su lugar, la gente está recurriendo al e-commerce para hacerse de sus abarrotes, de bebidas alcohólicas —¡ejem!— y de artículos para mejorar, acondicionar o pintar la casa.

La compra de ropa ha sufrido una caída estrepitosa

Del aumento en el primer rubro, creo, hemos sido testigos quienes vivimos en zonas urbanas: filas de carritos llenos y de personal shoppers, cuando vamos por nuestras compras, nos confirman que un gran segmento de la población —dependiendo del poder adquisitivo de cada barrio—, un doce por ciento más según IBM, está llenando sus despensas desde casa.

El siguiente rubro, sin duda, hará levantar las cejas a las autoridades sanitarias, que han invitado a la población a no consumir más alcohol del acostumbrado para mitigar el tedio, la ansiedad y todas las emociones que derivan del encierro pues, de hecho, podrían agravar sus efectos. Aun así, un catorce por ciento más de personas pidieron destilados y “chelas” hasta la comodidad del hogar.

Por último, están las repisas, clósets, botes de pintura, brochas, artículos eléctricos, enseres del hogar y otros artículos para mejorar la casa, que tuvieron un alza del dieciséis por ciento en sus ventas. Y yo, que llevo cinco meses trabajando en esquema home office, lo entiendo: sin más que ver que las mismas paredes, las ganas de pintarlas de un color distinto son irresistibles.

Con todo esto, es lógico pensar que los grandes consorcios como Amazon o Wal-Mart son los más beneficiados. Pero hay un giro interesante en esta historia: la reciente disputa entre el gigante Apple y los desarrolladores del videojuego Fortnite, y el rumor de que el gigante editorial Random House tendrá su propia plataforma de e-commerce para no pagar comisiones a Amazon.

¿Qué nos quiere decir esto? Que algunas empresas relativamente “pequeñas” pueden dar la competencia a los monopolios electrónicos, siempre que tengan el tamaño o el nicho de mercado adecuado para hacerlo.

Con todo este panorama, los analistas del mercado del e-commerce se hacen una pregunta: estos cambios, ¿son temporales y debidos a la pandemia, y se retraerán cuando todo “se normalice” o el cambio de rumbo ya es irreversible? Habrá que esperar los acontecimientos y tendencias de los próximos meses para tener una respuesta más o menos clara.

Como dije al principio, el futuro es ahora y está escribiéndose día con día. Dicen que las crisis aceleran el cambio, y la que vivimos está transformando la realidad a ritmo vertiginoso. Tomando en cuenta lo anterior, los implantes cerebrales que propone Elon Musk, el nuevo “oasis” virtual de Facebook y los avances en inteligencia artificial y realidad aumentada, la pregunta obligada —fascinante y escalofriante a la vez— es: ¿cómo será el mundo en 2025?

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