Plagio: la delgada línea entre la inspiración y el robo

Plagio: la delgada línea entre la inspiración y el robo

Fabio Cupul Magaña

Fabio Cupul Magaña

Miscelánea

Con relación a la creación de nuevo conocimiento, se da el caso de que dos o más personas, que tal vez ni se conocen ni sepan del trabajo del otro, logren concebir una idea similar o idéntica, y hasta lleguen a la misma conclusión después de ponerla en práctica. Lo anterior no significa que se hayan copiado. Es posible pensar que tuvieron acceso a un cúmulo de conocimientos previos para apreciar de manera similar un fenómeno en particular.

Así, existe una cantidad importante de este tipo de descubrimientos simultáneos. En ocasiones, estos hallazgos llegan a estar separados por décadas. Al respecto, el divulgador Clifford Pickover llama caleidoscópicos a tales descubrimientos, entre los que destaca el desarrollo del cálculo, aproximadamente al mismo tiempo, por Isaac Newton y Gottfried Wilhelm Leibniz; así como el desarrollo de la teoría de la evolución por selección natural, de manera simultánea e independiente, por los naturalistas británicos Charles Darwin y Alfred Russel Wallace.

En ocasiones, no es suficiente tener una idea para atribuirse el crédito de un descubrimiento. El mismo Pickover cita una frase del famoso médico canadiense William Osler (1849-1919), padre de la medicina moderna, relativa a este punto: “En ciencias, el crédito va para el hombre [1]  que convenció al mundo, no para quien se le ocurrió la idea por primera vez”. Es decir, para obtener el crédito, la idea debe darse a conocer.

En el ámbito científico, los resultados de esas ideas se divulgan a través de manuscritos publicados en revistas especializadas. Sin embargo, en otros ámbitos de la creatividad humana, las ideas pueden expresarse en la letra o la música de una canción o en las líneas de una obra literaria. De hecho, en estas artes muchos  autores confiesan que su obra se inspiró en otros autores. [2

Así, por ejemplo, la cantante colombiana Shakira comentó en alguna ocasión que su disco Sale el sol, del 2010, estuvo en parte influenciado por la música del grupo británico The Cure. Sin embargo, el vocalista Robert Smith confesó en una entrevista que escuchó el disco en cuestión, mas no logró encontrar en él ningún sonido característico de su banda.

Del sampleo al plagio descarado

Y ya que se menciona a la música, Julián Woodside nos dice que existe una técnica musical llamada sampleo, desarrollada a mediados del siglo XX, que se basa en la inserción de objetos sonoros previamente grabados en nuevas composiciones musicales. Cabe mencionar que el sampleo, al copiar a otras obras, tiene una historia controversial.

Pero hay ocasiones en las que una obra musical o literaria no sólo se usa como fuente de inspiración, sino que se toma como propia parcialmente o en su totalidad, y se ignora o no se da el crédito a su autor original. En este caso, nos encontraremos ante una condición conocida como plagio. Por eso, según se nos dice en la página de la Biblioteca de la Universidad de Alcalá, el plagio es una infracción del derecho de autor sobre una obra de cualquier tipo, que se produce mediante la copia de la misma, sin autorización de la persona que la creó o que posee los derechos de ella.

Por otro lado, es considerada como válida la práctica de tomar fragmentos de una obra de cualquier tipo con la autorización del autor o citando la fuente original. Sin embargo, existen casos notables de plagio que han tenido resonancia mediática a nivel mundial, principalmente en la música y la literatura. El diario El País, por ejemplo, destaca el del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, quien a pesar de contar con cerca de 40 plagios comprobados, recibió el Premio FIL (Feria Internacional del Libro de la Universidad de Guadalajara) de Literatura en Lenguas Romances en 2012.

Algunos casos famosos

El periódico La Jornada, por su parte, rescata la denuncia quela escritora mexicana Verónica Murguía hizo sobre el escritor español Arturo Pérez-Reverte de plagiar su texto, “Historia de Sami”, publicado en la revista El Laberinto Urbano el 10 de noviembre de 1997. Este texto habría sido narrado parcialmente igual por Pérez-Reverte en El Semanal, el 15 de marzo de 1998, bajo el nombre de “Un chucho mejicano”, donde curiosamente menciona a la escritora mexicana, no como autora del texto original, sino como parte de un equipo de emergencia que rescata al perro “Sami” después de ser atropellado. Reverte retomó dicho texto para su libro “Perros e hijos de perra” de 2014.

Arturo Pérez-Reverte

Arturo Pérez-Reverte

Aunque la autora no entabló acción legal en contra de Pérez-Reverte, él se disculpó públicamente de forma parcial, pues aún no retira el texto de su libro ni ha donado parte de sus regalías a refugios de perros en México, tal como lo recomendó Murguía. Sostiene que esa historia se la contó su editor de entonces y, por lo tanto, siempre citó la fuente.

Regresando al campo de la música, cabe recordar que en 2019 concluyó la batalla legal de 20 años en favor del grupo alemán Kraftwerk, por el sampleo y looping no autorizado que realizaran los productores de hip-hop Moses Pelhman y Martin Haas de un segmento percusivo de dos segundos de su tema “Metall auf Metall”, de 1977, para la base rítmica de la canción “Nur mir” de la rapera alemana Sabrina Setlur, que se estrenó en 1997.

Sobre este caso, la Corte Europea de Justicia concluyó que los productores tienen el “derecho exclusivo de autorizar o prohibir la reproducción total o parcial de sus grabaciones sonoras”. Como tal, el sampleo de una grabación de sonido, incluso si es breve, ha de considerarse como una reproducción de la obra original y, por lo tanto, debe ser aprobado por el artista original. Sin embargo, un sampleo presentado “en una forma modificada irreconocible para el oído” no se considera una reproducción del trabajo original.

Ben Sisario, colaborador del periódico The New York Times, comenta que no es fácil ser compositor de música pop en estos tiempos debido a la sombra del plagio. Sobre el tema, cita el sonado caso del juicio por derechos de autor en contra de Robin Thicke y Pharrell Williams por la canción “Blurred Lines”, del 2013. Los compositores estadunidenses terminaron pagando alrededor de cinco millones de dólares, además del 50% de sus regalías por el tema, pues una Corte de California consideró que copiaron el éxito de 1977 “Got to Give It Up”, de Marvin Gaye.

Cuando el plagio es involuntario…

El mismo Sisario escribe sobre el plagio involuntario del que fue víctima el mítico George Harrison en 1976, cuando un juez determinó que inconscientemente había basado “My Sweet Lord”, su primer éxito como solista, en el clásico “He’s So Fine”, del grupo musical femenino The Chiffons. Al respecto, Harrison escribió en su autobiografía, I, Me, Mine, que sentía una “paranoia sobre la composición de canciones que había empezado a acumulársele”.

George Harrison

George Harrison

En su libro Sobre el plagio (2014), Hélène Maurel-Indar menciona que más allá de que el plagio sea un arma de conquista sin escrúpulos o, al contrario, un acto de impotencia angustiante, para la víctima plagiada representa un atentado contra su ser al verse desposeída de una parte de sí misma. La autora también nos dice que el plagio es esa zona gris difícilmente localizable entre el préstamo servil y el préstamo creativo […], pero cuyos contornos existen con un grado de precisión tal que hay que tomar la lupa y examinar, en cada caso, el camino de la creación […] que va del préstamo a la originalidad.

[1] “O la mujer”, cabría agregar. [N. del E].

[2] Este tipo de inspiración también ocurre en las artes pláticas, pero en lugar de comentarlo aquí, les recomiendo leer el excelente artículo de Zaira Torroella Posadas, “Apropiación artística: la diferencia entre reinterpretar y robar”.

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