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¿Qué pasa si juntas el zen, a Star Wars y al Studio Ghibli?

¿Qué pasa si juntas el zen, a Star Wars y al Studio Ghibli?
Josué Ortega Zepeda

Josué Ortega Zepeda

Creatividad

Cuentan que durante el famoso retiro de meditación de los Beatles en el áshram del Maharishi de Rishikesh, en la India, Prudence Farrow —hermana de la actriz Mia Farrow— se centró tanto en la práctica que difícilmente salía de su cuarto. John Lennon —que había asistido a la experiencia junto con Ringo, Paul y George— comenzó a inquietarse por lo que, según él, se había convertido en una obsesión para la chica; de esa preocupación surgió una de las canciones más hermosas del Cuarteto de Liverpool, a decir de quien esto escribe: “Dear Prudence”, de la que traduzco un fragmento:

Querida Prudence,
¿No saldrás a jugar?
Querida Prudence,
Abre los ojos…
Contempla el soleado firmamento,
El viento es suave y las aves cantarán
Que eres parte del todo.
Querida Prudence,
¿No abrirás los ojos?
¿No saldrás a jugar?

Menciono esta anécdota porque me parece muy similar a lo que sucede en una obra maestra más del Studio Ghibli, la cual se produjo de la mano del universo de Star Wars. Me refiero a Zen: Grogu y las motas de hollínZen: Grogu and Dust Bunnies, en inglés—, un cortometraje de poco más de dos minutos que narra una historia sencilla donde lo visual y lo sonoro se fusionan para brindar un auténtico manjar para el alma: no por nada se considera al fundador y director creativo del estudio, Hayao Miyazaki, como el sucesor del cineasta Akira Kurosawa.

Zen: Grogu and Dust Bunnies

Pero, a pesar del gran logro que implica el extraordinario cortometraje, uno podría preguntarse qué relación existe entre Star Wars, uno de los titanes mundiales de la ficción comercial, y un estudio de animación como Ghibli, que desde sus inicios se ha caracterizado por una férrea lealtad al arte puro, a la sencillez e, incluso, a la visión espiritual de Japón. Y el que escribe responde que los dos universos tienen todo que ver, pues ambos podrían catalogarse como “fantasías místicas” que trascienden el mero entretenimiento y, de una forma u otra, buscan producir una profunda introspección y un cambio positivo en el espectador.

Si lo dudas, recuerda al maestro Yoda aleccionando a su aprendiz, Luke, con ideas sobre la naturaleza de la Fuerza que indudablemente se inspiraron en el budismo zen y el hinduismo. Pero retomemos el hilo conductor; en Zen: Grogu y las motas de hollín, vemos al “bebé Yoda” totalmente absorto en la práctica budista del zazen o meditación sentada, la cual es esencial para lograr la iluminación.

De forma inesperada, irrumpen las motas de hollín...

De forma inesperada, irrumpen las motas de hollín —emblemáticos personajes de Ghibli gracias a El viaje de Chihiro y Mi vecino Totoro que, tal como Lennon con Prudence Farrow, juguetean con el pequeño verde y lo molestan para, al parecer, invitarlo a jugar. En un principio, Grogu huye, pero pronto —con la frescura y la intuición propias de los niños— accede al enredo y a la interacción; al final, obtiene exactamente el mismo resultado que si hubiera permanecido en zazen: la iluminación le es otorgada por las motas de hollín en la forma de una bella flor.

Zen: Grogu y las motas de hollín es una hermosa parábola que, nutriéndose de las enseñanzas budistas zen —las cuales exhortan a meditar durante las actividades cotidianas y no sólo sentados en silencio—, nos recuerda que el despertar, la iluminación y la felicidad no están exclusivamente encapsuladas en la quietud y el silencio, sino que también se hallan en nuestra vida diaria; todo es cuestión de detenernos a observar con cuidado cuando regamos las plantas, hacemos una sopa, tomamos un sorbo de café u observamos el desordenado ir y venir de las palomas en una plaza…

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