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Remedios de cocina para días de encierro forzado

Remedios de cocina para días de encierro forzado
Alberto Peralta de Legarreta

Alberto Peralta de Legarreta

Miscelánea

Las cuarentenas globales de este azotado principio del siglo XXI, proveedoras de encierros forzosos como los medievales, son una buena ocasión para recordar a la familia y revalorar los conocimientos ancestrales de las abuelitas, que tenían un remedio para todo padecimiento y conocían infinidad de formulaciones caseras útiles para caídas, raspones, un desatino mental o un malestar corporal cualquiera.

Estas preparaciones caseras están cubiertas por el halo de lo incontestable, pues provienen de una autoridad jerárquica digna de veneración y del campo de lo empíricamente comprobado: y es que, para decirlo en otras palabras, ¿por qué habría de mentir mi santa abuela?

La relación de los remedios tradicionales con la gastronomía no es un asunto menor. Si atendemos a la historia de los libros de cocina veremos que, antes que albergar misteriosos textos para el placer del paladar y el estómago, estos volúmenes tenían una función médica y solían contener formulaciones tradicionales basadas en alimentos para regresar la salud a los enfermos y aliviar no pocos malestares.

En la antigüedad se consideraba que, además del favor de la divinidad, estar sano dependía de una buena alimentación que brindara equilibrio corporal y mental. Los médicos trataban a sus pacientes con regímenes en los que usaban herbolaria para actuar sobre el temperamento del paciente: muchos ingredientes de aquellas recetas son alimentos y condimentos que aún habitan nuestras alacenas.

Con el paso de los siglos, esta antigua medicina que distinguía lo emocional de lo físico se alojó en la colectividad hasta llegar a nuestros hogares: nuestras abuelas saben cómo atender al espíritu, y hasta hoy no hay ciencia que explique las bondades curativas de un caldo de pollo proveniente de cariñosas manos caseras.

Tampoco explica por qué funciona tan bien el sistema de “temperaturas” que madres y abuelas administran con sabiduría al tratar res-fríos —en latín, ‘cosa fría’— con líquidos cálidos, así como bebidas o hierbas frescas —del germánico frisk, ‘reciente, vivaz’— para estabilizar las temperaturas altas. Ante la imposibilidad de salir de nuestros hogares, asomémonos, pues, a ver qué nos puede ayudar a mantenernos saludables, o al menos de mejor ánimo…

Para la depresión, una buena taza de reconfortante chocolate

Dado que en estos días es difícil no haber sentido algún grado de depresión, la sabiduría popular recomienda una buena taza de reconfortante chocolate, cuyas propiedades químicas brindan una sensación de bienestar y placer parecida a la felicidad. En circunstancias semejantes, pero ligadas al resfrío, se puede recurrir al ponche,cuya dulzura frutal incluye al menos una especia “caliente”, como la canela, y la buena dosis de vitamina C que proporcionan las frutas de temporada.

Este mismo principio del calor sanador aplica en la gran variedad de infusiones. Tomemos como ejemplo el té de ajo, útil para la tos por ser un antibiótico natural, así como las tradicionales infusiones de gordolobo, buganvilia y eucalipto, que tienen la reputación de suavizar la tos áspera y abrir los bronquios.

Para malestares estomacales no hay abuela respetable que no recomiende un tecito de manzanilla con anís o de yerbabuena, y se dice que un té de hojas de aguacate y de guayaba tiene efectos prodigiosos contra el dolor de estómago.

Remedios semejantes, quizás más vinculados a la fe que otra cosa, se aplican a padecimientos indefinibles como el “empacho” o el “susto”, para los que el remedio es la pomada de pan puerco —jengibre, manzanilla y aceite de clavo, mezclados con grasa de cerdo— y el siempre milagroso bolillo.

Por otro lado, hay quien afirma —y para comprobarlo hay que ser un temerario— que un machacado de ajo, miel y limón aplicado con un hisopo ayuda a limpiar la garganta, mientras que la cebolla en rodajas aplicada directamente sobre las quemaduras actúa como un remedio tópico contra el ardor.

Contra la conjuntivitis uno puede proporcionar un lavado de ojo con una sutil infusión de manzanilla, y si se presenta una fiebre alta la conseja popular es colocar media cebolla sobre el abdomen del enfermo y cáscaras de papa en las plantas de sus pies. Vistos así, quizá no es imposible que los novohispanos chiqueadores de papa en las sienes sigan quitando la migraña sin dañar las mucosas gástricas.

Contra la conjuntivitis, un lavado de ojo con una sutil infusión de manzanilla

Podría pensarse que estos recursos tienen una efectividad semejante al del remedio materno de untar salivita en los golpes con el apoyo de un infalible conjuro mágico: “Sana sana, colita de rana, si no sana hoy sanará mañana”. Pero de lo que no cabe duda es que todos estos conocimientos médicos resultan efectivos sólo cuando alguien nos los suministra con cariño y amor… de ese que muchos tanto extrañamos en estos días.

Remedios para el resfriado y la tos en esta cuarentena
(Tomados del recetario La cocinera poblana y el libro de las familias, 1913.)

Ingredientes:

  • Unos granos de cacao
  • Manteca de cacao
  • Azúcar
  • Un puño de cebada
  • Malvavisco
  • Salvado de trigo
  • Flor de sauco
  • Un huevo
  • Semillas de mostaza (opcional)

Procedimiento:

“Para desterrar el resfriado basta promover la transpiración, hacer uso de los sudoríficos y de la dieta. Algunas veces son conducentes los baños de pies y piernas en agua tibia, igualmente los sinapismos [untar una cataplasma hecha con semillas de mostaza]. Para obtener un copioso sudor se pelan y quebrantan cinco o seis granos de cacao en crudo, poniéndose a hervir en taza y media de agua como de tomar café, hasta que queda en una; después se le pone un poco de manteca de cacao, tomándolo con azúcar todo lo más caliente que se pueda, dentro de la cama.

Para la tos hágase un cocimiento de cebada, malvavisco y salvado; cuando esté hecho se añade un puñado de flor de sauco y se hace que dé otro hervor. A tiempo de tomarse se echa en la taza una yema de huevo y cantidad suficiente de azúcar candi [de cristales gruesos y moreno]. Debe tomarse tibio.”

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