Groenlandia: mucho más que “un pedazo de hielo”

Groenlandia: mucho más que “un pedazo de hielo”
Carla María Durán Ugalde

Carla María Durán Ugalde

Al escuchar el nombre de Groenlandia, muchos recordamos la casilla incomprable del oso polar que estaba en una esquina del Turista Mundial… pero claramente esa no era la concepción de Donald Trump, cuando expresó su interés en anexarse la isla. Y es que, históricamente, Groenlandia ha sido un territorio en disputa cuyos habitantes continuamente han buscado su soberanía. Pero conozcamos un poco mejor esta isla, que no es “un pedazo de hielo, frío y mal ubicado”, como la describió el mandatario estadounidense

Hablemos primero de geografía: con sus 2.16 millones de kilómetros cuadrados de superficie, Groenlandia es la isla no continental más grande del planeta, superada solo por Australia, que se considera un continente. Eso sí: se trata de una isla mayormente cubierta por hielo y con una población de apenas 57 mil habitantes. Geográficamente, pertenece a América del Norte y por siglos fue habitada por grupos indígenas que vivían de la caza y la pesca.

Pieter Isaacsz, Cristián IV de Dinamarca y Noruega, ca. 1612

(Pieter Isaacsz, Cristián IV de Dinamarca y Noruega, ca. 1612)

Fue a principios del siglo XVII cuando el rey Cristián IV de Dinamarca y Noruega envió a un primer misionero a evangelizar a los pobladores de la isla, y así garantizar que el territorio fuera reconocido como colonia danesa. En el siglo XIX, Estados Unidos mostró interés por adquirirla; sin embargo, su Congreso no aprobó la inversión por el alto costo. Ese mismo siglo, el reino de Dinamarca y Noruega se separó en dos naciones que contendieron por el control de la isla, pero finalmente Groenlandia fue declarada parte de Dinamarca.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Dinamarca fue ocupada por Alemania; en respuesta, Estados Unidos estableció bases militares en Groenlandia como una medida estratégica y de seguridad nacional. A la fecha, nuestros vecinos del norte aún hacen uso de la base aérea Pituffik en Groenlandia, antes conocida como la Base Thule.

Base aérea norteamericana Thule, antes aldea de caza inuit Pituffik

Actualmente Groenlandia es reconocida como una provincia autónoma del reino de Dinamarca y el territorio cuenta con autonomía jurídica, un primer ministro y un parlamento. Sin embargo, Dinamarca sigue siendo responsable por su seguridad y es a través de esta nación escandinava que se comercializan productos europeos en la isla, pues Groenlandia no pertenece a la Unión Europea.

Demográficamente, 90 por ciento de los groenlandeses actuales descienden de los inuit —antes llamados “esquimales”, voz que hoy se considera despectiva— que en origen habitaban la isla; si bien algunos de ellos continúan cazando y pescando para vivir de forma autónoma, su modo de vida se ha adaptado a la modernidad. Según encuestas, una gran parte de la población estaría interesada en su independencia; sin embargo, los habitantes más realistas saben que la isla no cuenta con la población ni con las condiciones económicas necesarias para ello.

Volviendo al interés de Donald Trump en Groenlandia a principios de 2026, su principal argumento fue la seguridad nacional. En múltiples veces dijo que Estados Unidos debía anexarse el territorio para proteger sus fronteras de Rusia y China, pues su preocupación es que una de estas potencias se adelante a ocupar la isla y, desde ahí, tenga una posición aventajada para atacar a los Estados Unidos. Una medida conveniente… y un poco paranoica, sin duda.

La ubicación de Groenlandia también es estratégica en otro aspecto: el económico. Aunque existe una gran preocupación por el deshielo de sus glaciares debido al cambio climático, también es cierto que la disminución del hielo podría abrir nuevas rutas de comercio marítimo entre América, Europa y Asia. Además, debajo del hielo, el suelo groenlandés contiene tierras raras, litio y cobre, que son materias primas cruciales para las tecnologías de nuestra era; sin embargo, no hay certeza de que pueda ser una actividad económica viable en la región, pues los costos de excavación podrían ser exorbitantes, sin contar el impacto ambiental.

Glaciar Jakobshavn, Groenlandia

Pero, más allá de los intereses militares, comerciales y de materias primas, se ha especulado que la mayor motivación de la administración de Trump es ideológica. El experto danés en relaciones internacionales, Mikkel Runge Olessen, explicó en un reportaje de Arte.tv[1] que la idea de la expansión territorial —y, desde luego, pasar a la historia como el presidente que expandió el territorio de los Estados Unidos— podría ser la mayor motivación para el mandatario.

Aunque la disputa por el territorio parece haberse enfriado en los últimos meses, los habitantes de Groenlandia siguen preocupados por su autonomía. Algunos creen que la atención internacional derivará en un aumento del turismo o en apoyo de la comunidad internacional en torno a la discusión de su autonomía dentro del parlamento de la Unión Europea. Muchos groenlandeses han dicho que, si tuvieran que decidir entre Estados Unidos y Dinamarca, seguirían perteneciendo a esta última… pero eso no significa que hayan abandonado su idea de convertirse en una nación autónoma.

Cierre artículo

[1] Documentales, A. tv [@artetvdocumentales]. (s/f). Groenlandia en juego: ¿podrá la UE frenar a Estados Unidos? | ARTE Europa Semanal. Youtube. Recuperado el 17 de marzo de 2026, de https://www.youtube.com/watch?v=7r_FrJDjVaU

Recibe noticias de este blog