Confines del mundo: los últimos lugares aislados del planeta

Confines del mundo: los últimos lugares aislados del planeta
Julio Báez

Julio Báez

Vivimos en una época en la que parece imposible desaparecer del mapa. Y aunque en el mundo existen sitios que podemos observar a través de una pantalla, gracias a la tecnología, conocer su ubicación no significa que podamos llegar ahí. Esos son los confines del mundo: lugares conocidos, fotografiados y localizables a través de coordenadas, pero tan aislados físicamente que resultan inaccesibles.

En la fantasía y la literatura abundan los sitios cuya ubicación y existencia están totalmente veladas al resto del mundo. Aquí hablamos de cinco sitios reales que, por diversas circunstancias, han permanecido alejados de la civilización.

Tristán de Acuña: una comunidad en mitad del océano
Tristán de Acuña

En el Atlántico Sur, existe un pequeño archipiélago cuya isla principal parece haber sido colocada deliberadamente lejos de todo. Tristan da Cunha —su nombre en portugés— se localiza a unos 2800 kilómetros de las costas de Sudáfrica; su asentamiento principal, Edinburgh of the Seven Seas, suele ser considerado uno de los poblados permanentes más remotos del planeta. Visto desde lejos, el paisaje de la isla es dominado por el Pico de la Reina María, un volcán con una altura de de 2062 metros sobre el invel del mar.

Lo extraordinario del lugar no es solo su ubicación, sino que ahí vive una comunidad estable de poco más de doscientas personas. Por esta población tan escasa, el lugar carece de aeropuerto, de modo que para llegar ahí hay que viajar por mar durante varios días desde Sudáfrica.

Tristan demuestra que aislamiento no es lo mismo que desconexión absoluta. Sus habitantes tienen servicios públicos como escuelas, centros de salud, televisión e internet. Esto revela que es posible participar del mundo global de forma parcial mientras se vive en un territorio al que casi nadie puede llegar espontáneamente.

Isla Pitcairn: perseguida por su propia leyenda
Isla Pitcairn

Si Tristan representa una comunidad remota que logró mantenerse en el tiempo, la isla Pitcairn añade otro ingrediente: una historia conocida en buena parte del mundo. Y es que esta diminuta isla británica del Pacífico quedó ligada para siempre al famoso motín del Bounty de 1789.[1] Algunos de los amotinados, en origen marinos británicos, terminaron estableciéndose allí y se mezclaron con hombres y mujeres polinesios; hoy, sus descendientes forman la base de la comunidad.

Con una superficie de solo 4.5 kilómetros cuadrados y una población que no rebasa los cuatrocientos habitantes, Pitcairn demuestra que una isla puede ser diminuta geográficamente, pero culturalmente enorme: novelas, películas y ensayos sobre el Bounty la convirtieron en algo reconocible para millones de personas… aunque les resulte casi imposible señalarla con precisión en un mapa.

Sentinel del Norte: cuando el aislamiento es total
Sentinel del Norte

Mucho más al este, en el archipiélago indio de Andamán y Nicobar, existe un caso por completo diferente. Sentinel del Norte no es la isla más remota en términos de distancia, pero su aislamiento total es de otra naturaleza: está habitada por los sentineleses, uno de los pocos pueblos que han mantenido un contacto casi nulo con el mundo exterior.

Los intentos históricos de aproximación a esta tribu se han topado con un gran rechazo. Las autoridades de la India mantienen restricciones de acceso para proteger a la comunidad, pues el contacto con el exterior podría representar un riesgo sanitario enorme para la población, que jamás se ha expuesto a enfermedades comunes fuera de la isla, además de que dicho contacto podría alterar profundamente su organización social y cultural.

Kerguelen: las islas de la desolación
Kerguelen

En el sur del océano Índico encontramos el archipiélago de Kerguelen, un territorio francés históricamente conocido como las Islas de la Desolación. El sobrenombre, que parece obra de un escritor de novelas de aventuras, coincide con la realidad: montañas, glaciares, costas recortadas, un viento persistente que cala hasta los huesos y miles de kilómetros de océano que las separa de la civilización.

Aunque con frecuencia recibe equipos científicos, técnicos y personal encargado de mantener las instalaciones de investigación, Kerguelen no posee población civil permanente. Su cercanía a la Antártida y las difíciles condiciones climáticas de las islas redefinen nuestro concepto de aislamiento…

Punto Nemo: el lugar donde solo hay agua
Punto Nemo

En algún lugar del Océano Pacífico Sur se encuentra el llamado Punto Nemo, el polo oceánico de inaccesibilidad. Esto quiere decir que es el sitio del mar más alejado de tierras emergidas, a una distancia de 2688 kilómetros de la superficie más cercana. Allí no existe una isla secreta ni una estación científica ni, mucho menos, una pequeña comunidad aferrándose a una roca. Solo hay océano.

Su nombre hace referencia al capitán Nemo, personaje creado por Julio Verne en Veinte mil leguas de viaje submarino, y también juega con el significado latino de nemo: nadie. La cultura popular ha aprovechado semejante escenario: su enorme distancia de las zonas habitadas alimenta relatos, leyendas urbanas, mitos de internet y asociaciones con la ciencia ficción.

Cerca de esta región del Pacífico se encuentra también la región usada durante décadas por agencias espaciales como punto de reingreso controlado a la Tierra de naves, sondas y satélites. Por esta razón, Punto Nemo suele recibir el llamativo sobrenombre de “cementerio de naves espaciales”.

Todavía quedan confines…

Durante siglos, estos sitios fuera de casi todo eran territorios desconocidos; hoy, aunque sabemos dónde están, siguen estando muy lejos de nuestro alcance. Pero su verdadera rareza es que ya no necesitan permanecer ocultos para ser inaccesibles: unos están protegidos por miles de kilómetros de océano, otros por hielo, tormentas o ausencia de infraestructura, y a unos cuantos más los protegen fronteras culturales que, al menos en principio, hemos aprendido a no cruzar…

[1] Si quieres conocer de la versión cinematográfica de esta historia, puedes ver la cinta The Bounty (1984), protagonizada por Mel Gibson y Anthony Hopkins.

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