‘Dantesco’, ‘kafkiano’ y otras palabras inspiradas en la literatura

'Dantesco', 'kafkiano' y otras palabras inspiradas en la literatura
Francisco Masse

Francisco Masse

Si lanzamos la mirada hacia el pasado, encontraremos que una de las primeras obras de ficción literaria conocidas es la Epopeya de Gilgamesh, que data del siglo XXII antes de nuestra era. Así vemos que, a lo largo de más de cuarenta siglos, la literatura ha sido un reflejo fiel de las civilizaciones humanas, sus creencias, miedos, pasiones y fantasías. Y todo ello, construido con palabras que muchas veces trascienden su tiempo y las páginas donde se originaron, se instalan en el habla cotidiana y persisten hasta nuestros días.

Aquí veremos un breve catálogo de vocablos que actualmente usamos en la lengua corriente y que tuvieron su origen en una obra de ficción, ya sea un cuento, un poema o una novela. Algunos son hermosos e idealistas, y otros caen en el terreno de lo enigmático… o de lo terrible.

dantesco.

De Dante Alighieri (1265-1321), poeta florentino que en el siglo XIV escribió la Divina Comedia, donde describe un viaje que—guiado por el poeta latino Virgilio— realiza hasta las profundidades del Infierno, para después pasar por el Purgatorio y culminar su jornada en los círculos celestiales del Paraíso. Pero no son esas escenas luminosas de ángeles, querubines y amor divino las que nos interesan, sino aquellas donde los pecadores son castigados de formas inimaginables para toda la eternidad y, lo peor, sin albergar jamás la más mínima esperanza de perdón, redención o refrigerio. Por eso, una situación, una imagen o una situación tan horripilante como un incendio, una erupción volcánica o la desolación tras un terremoto pueden ser calificados de dantescos…

Dantesco
kafkiano.

De Franz Kafka (1883-1924), autor checo cuyas obras más conocidas son La metamorfosis (1915), El castillo (1925) y El proceso (1926), estas dos últimas, publicadas de forma póstuma e inconclusas.[1] Pero no hace falta saber la conclusión que el escritor bohemio tenía concebida en estas novelas para experimentar el absurdo, las atmósferas opresivas y las situaciones angustiosas sin salida que sintetiza el término que nos atañe. Una prueba de ello es la escena de abajo, tomada de la versión cinematográfica de El proceso dirigida por Orson Wells, donde Josef K., el protagonista, es arrestado por una razón que desconoce y debe defenderse ante un sistema legal indescifrable, ominoso y aplastante.

Kafkiano
orwelliano.

De George Orwell (1903-1950), escritor británico que pasó a la historia por dos de sus novelas de ciencia ficción: Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949). La primera es casi una fábula, donde los animales oprimidos —y, a la larga, sacrificados— se organizan, expulsan al granjero y toman el poder en la granja, lo cual no sale del todo bien. Pero el adjetivo está más vinculado con 1984, cuya trama tiene lugar en un futuro distópico donde un estado totalitario domina, oprime y vigila a la población mediante una entidad omnisciente y omnipresente denominada El Gran Hermano —Big Brother—. Así, orwelliano describe “cualquier situación, idea, política o condición social caracterizada por el control totalitario, la vigilancia masiva, la propaganda y la manipulación de la verdad”. O sea, la vida de hoy…

Orweiliano
maquiavélico.

De Nicolás Maquiavelo (1498-1512), escritor, filósofo, político y diplomático, conocido mundialmente por su obra El príncipe (1513), un tratado de doctrina política publicado de forma póstuma, donde describe las cualidades que debe tener cualquier mandatario o gobernante para preservar el orden, conservar el poder y ser respetado por su gobernados. A menudo, a Maquiavelo se le adjudica erróneamente la frase “El fin justifica los medios”, pero él nunca la escribió; en cambio, afirmó que “Si un príncipe debe elegir entre ser amado y ser temido, debe elegir lo segundo”, una muestra de su ideario político pragmático y distanciado de ética y la moral, en el que se “calcula mañosamente sus acciones para imponer su voluntad o hacerse del poder”.

Maquiavélico
pantagruélico.

De Pantagruel,un gigante que —junto con su padre, Gargantúa— protagoniza una serie de cinco novelas satíricas escritas por el francés François Rabelais (¿1494?-1553)en el siglo XVI, basándose en recuentos del folclor francés de su tiempo. La palabra tiene su origen en el apetito desmedido del gigante, a quien en el grabado realizado por Gustave Doré vemos, de bebé, saciando su colosal sed con la leche de cientos de vacas. A lo largo de las novelas, abundan las descripciones de banquetes y comilonas estratosféricas; por eso, la RAE define el término como “dicho de una comida o de un apetito muy grande o excesivo”.

Pantagruélico
rulfiano.

De Juan Rulfo (1917-1986), escritor mexicano del siglo XX que escribió su nombre en el salón de la fama de las letras mexicanas con solo dos obras: la colección de cuentos El llano en llamas (1953) y la novela Pedro Páramo (1955), considerada una de las más grandiosa de la literatura en nuestro país. Su trama, creo, es bien conocida: Juan Preciado viaja a un pueblo llamado Comala “porque le dijeron que ahí vivía su padre, un tal Pedro Páramo”; al llegar ahí, se topa con una serie de personajes que —nos enteramos después—, ya están muertos. Así, rulfiano describe un ambiente o paisaje marcado por la melancolía, la soledad, el misticismo, la sequedad del campo mexicano, la presencia fantasmal y la voz de los difuntos.

Rulfiano

Imagen tomada de Pedro Páramo (2024), protagonizada por Ténoch Huerta y producida por Netflix.

quijotesco.

De El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, la famosa novela escrita por don Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y publicada en dos partes, entre los años 1605 y 1615. El verdadero nombre de este ilustre personaje era Alonso Quijano, quien retirado en sus aposentos se pone a leer novelas de caballería e, inspirado por aquellas andanzas, sale a recorrer los caminos manchegos para “desfacer agravios y enderezar entuertos”; es decir, el Quijote es una especie de héroe que antepone sus ideales a su conveniencia y obra de forma desinteresada, en defensa de las causas que considera justas, rayando muchas veces en el idealismo y la locura de pelear contra las aspas de los molinos de viento: eso es, precisamente, lo que significa ser quijotesco.

Quijotesco
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[1] Si quieres saber más sobre El proceso y otras obras inconclusas de la música, el cine, la literatura y la arquitectura, puedes leer: https://www.bicaalu.com/algunas-grandes-obras-inconclusas-del-mundo/

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