La Ley de la Atracción, ¿realmente funciona… o es una falacia?

La Ley de la Atracción, ¿realmente funciona… o es una falacia?
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Cuando oímos hablar de la Ley de la Atracción, podríamos pensar que se trata de un novedoso concepto sacado del pensamiento new-age o de los libros de autoayuda más vendidos, pero no es así: este sistema de creencias —o línea de pensamiento, no sé bien cómo categorizarla— tiene profundas raíces en filosofías muy antiguas. Aun así, ha sido en este siglo cuando ha adquirido un mayor número de adeptos, convencidos de que con los pensamientos adecuados pueden “manifestar” lo que desean. ¿Realmente es cierto todo esto?

En palabras muy simples, la supuesta Ley de la Atracción se basa en el principio de que los pensamientos positivos atraen cosas, sucesos y personas buenas a tu vida, y de que sucede lo contrario si albergas ideas negativas. Haciendo un breve recuento histórico, estas ideas retoman principios del hermetismo —una corriente filosófica y mística atribuida a Hermes Trismegisto— como las Siete Leyes enunciadas en El Kybalión; sin embargo, fue en el siglo XIX cuando espiritistas como Phineas Quimby, William Walker Atkinson y Andrew Jackson Davis —quien de hecho acuñó el término “law of attraction” en su libro The Great Harmonia (1855)— postularon que la energía o la calidad de tus pensamientos pueden actuar como una especie de “imán espiritual” y llevar a ti aquello que deseas o necesitas: desde salud hasta al amor de tu vida, pasando desde luego por la abundancia económica.

...la energía o la calidad de tus pensamientos pueden actuar como una especie de “imán espiritual”...

Títulos tan famosos como Piense y hágase rico (1937) de Napoleon Hill, o Tú puedes sanar tu vida (1984) de Louise L. Hay popularizaron aún más la idea, la cual terminó de dejar su huella en el inconsciente colectivo gracias a dos películas: ¡¿Y tú qué sabes?! (2004) —que se metió incluso con supuestos principios de la mecánica cuántica— y, sobre todo, El secreto (2006), que deriva del libro homónimo de Rhonda Byrne y que, usando un formato de seudodocumental, postula que los sentimientos y pensamientos atraen eventos, sentimientos y experiencias, desde el funcionamiento del cosmos hasta las interacciones entre individuos en sus asuntos físicos, emocionales y profesionales.

Cartel de la película "The secret" (2006)

Todos estos ejemplos usan técnicas como la visualización y la repetición de “decretos” que deben enunciarse “sintiéndote como si ya hubieran sucedido”. El último grito de esta moda de la atracción y la manifestación ha tomado el nombre de “lucky girl síndrome”: una tendencia en TikTok donde ciertas creadoras afirman que repitiendo la frase “Soy una chica afortunada” tres veces por la mañana, seis por la tarde y nueve en la noche —o algo así—, lograrán que la fortuna les sonría y les brinde lo que desean: ingresar a la universidad, tener un galán guapo, abundante dinero para hacer shopping… o hasta un auto convertible.

¿Realmente funciona?

En un artículo de la revista digital Parade, psicólogos certificados afirman que, después de todo, sí hay un aspecto positivo en esta creencia: que este trabajo continuo en ocasiones puede llevar a un cambio en las creencias sobre ti mismo o ti misma, en especial si tienes un historial de baja autoestima. No obstante, en todos los casos enfatizan que no basta con “decretar”, imaginar, desear intensamente o “manifestar”, pues de forma ineludible el proceso para materializar un sueño debe pasar por un plan y, sobre todo, por la acción.

No basta con "decretar"

Así, no sirve de mucho repetir como loro “soy un hombre atlético” o llenar libretas con frases como “Merezco abundancia” —creo que muchos recordamos esa negra página de la política mexicana—, si después de ello te aplastas toda la tarde a mirar TikToks o enfrascarte con los videojuegos, y no haces nada que te conduzca —o, al menos, te acerque— a tus objetivos. En otras palabras, el universo no “conspira” a tu favor o en tu contra a menos que apliques tu energía e inteligencia para modificar ciertas realidades que no te gustan.

Otra variable que quisiera introducir en la ecuación son nuestros estados internos —los cuales pueden ser felices o desdichados, amorosos o resentidos, pacíficos o caóticos, generosos o de escasez, confiados o recelosos, etcétera— que, en efecto, atraen a nuestra vida exactamente aquello que traemos dentro… y no por un “efecto vibratorio” sino porque nuestra atención estará alineada a esas luces o a esas sombras. Entonces, más que querer modificar la realidad a nuestro capricho, se trata de cambiar nuestro interior para que, en concordancia, cambien nuestras circunstancias externas.

Por último, una pregunta: en última instancia, ¿para qué quiere obtener eso que deseas? Y lo digo porque a menudo tratamos de compensar nuestros sentimientos de poca valía, el poco amor que sentimos por nosotros o nuestra insatisfacción interna con fantasías de éxito económico, bienes materiales, fama o un gran atractivo físico, creyendo que éstas nos harán felices. Y si en verdad crees eso… quizá deberías leer la biografía de la “pobre niña rica”, Cristina Onassis, o sobre las celebridades que ”teniéndolo todo” —supuestamente— terminan huyendo por la puerta falsa.

Y tú, ¿crees que con “palabras mágicas” que puedes manifestar tus deseos si los piensas las suficientes veces y con la suficiente convicción?…

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