Las infinitas transformaciones de la Bella y la Bestia

Las infinitas transformaciones de la Bella y la Bestia

Carla María Durán Ugalde

Carla María Durán Ugalde

Inspiración

¿Qué hace de un hombre una bestia? La expresión francesa “tu es bête” quiere decir “eres tonto”, lo cual nos pone a pensar en lo que se piensa sobre las bestias. No solamente implica un animal salvaje, indeseable por su aspecto: también es una criatura que carece de cualquier inteligencia que pueda reconocerse como humana.

Llamar “bestia” a un hombre implica vestirlo de este modo. Así, el hombre torpe y feo, la Bestia, sólo podrá ser redimido si una mujer hermosa acepta su cortejo y lo desposa. Esta parece ser la raíz carente de misterio de La Bella y la Bestia, aunque las bestias no siempre han de ser del género masculino y su salvación no siempre ha de ser su transformación en una persona bien parecida.

La Bella y la Bestia, tal como lo escribió Gabrielle-Suzanne de Villeneuve, dota de ambos agravantes a la Bestia, pues nadie podrá saber que en realidad es inteligente hasta que una bella acepte amarlo y abandone su forma monstruosa. Con algunas variantes, la narración posterior de Jeanne-Marie Leprince Beaumont es una lección sobre el matrimonio publicada en 1756 en una revista para señoritas.

Ilustración para "La Bella y la Bestia" por Walter Creane

Como esta última versión del cuento fue más difundida y no da crédito a Villeneuve, algunos atribuyen la autoría original a Leprince. Pero así como no se puede atribuir la Cenicienta a un autor, La Bella y la Bestia no surgió enteramente del genio de ninguna de las dos autoras.

Una de las primeras versiones de la historia puede rastrearse hasta Apuleyo con la historia de amor entre Psique y Cupido, en la que el dios es enviado por su celosa madre, Afrodita, a flechar a la hermosa Psique para que se enamore del hombre más horrible y ruin, pero termina enamorándose de ella.

Cuentos como “Al este del sol y al oeste de la luna”, del folclor noruego, o el “El pájaro verde”, de Juan Valera, son otras variantes de la historia de Psique antes de que tomara la forma de La Bella y la Bestia. En todos ellos se destaca que la esencia del amor romántico es trascender la apariencia física.

Un rasgo definitivo del cuento es que la Bestia sea masculina y tenga arrebatos de ira, y que la Bella sea femenina e increíblemente compasiva. En general, los rasgos negativos se atribuyen a la parte animal de la Bestia y son un reflejo de sus yerros, que han hecho que piedra su condición de hombre, mientras que la Bella es la encarnación de todas las virtudes humanas.

Muchas versiones cinematográficas conservan esta estructura, si acaso haciendo que la moraleja se apegue un poco más a dejar de lado la superficialidad y ver la verdadera “belleza de corazón” detrás de un rostro temible.

La película de Jean Cocteau de 1946 es casi como leer el cuento en voz alta. Al principio de la película, el director pide al espectador la ingenuidad de un niño para creer la historia que contará y abre con la frase que, por antonomasia, nos sitúa en el mundo de la fantasía: “Había una vez…”. El mismo artificio del libro de cuentos fue reutilizado en una producción franco-alemana de 2014.

Cartel para la película "La Bella y la Bestia" de Jean Cocteau (1946)

El filme animado de Disney de 1991 y el live action de 2017 suceden enteramente en el mundo de las hadas. Beastly (2011), dirigida por Daniel Barnz, sigue paso a paso la narración del cuento, aunque lo sitúa en nuestra era: un chico rico y engreído es maldecido, su aspecto será horrible hasta que encuentre el amor.

Ese mismo novio bestial, sin la fealdad ni la brutalidad a cuestas, pero con otros rasgos peligrosos, reaparece en toda historia en la que un hombre hermético y frío decide mostrar su lado sensible a la mujer indicada, o cuando el chico malo sólo es bueno con la chica tierna. Así, Un amor para recordar (2002), Cincuenta sombras de Grey (2015) y Crepúsculo (2008) presentan la misma transformación de la Bestia a príncipe por el amor de la Bella.

En todos estos ejemplos, la Bella es piadosa y está segura de poder cambiar a la Bestia; mientras que ésta, gracias a la primera, descubre que la forma de recuperar su vida civilizada está en el amor. Pero también se pueden expresar otros valores, como en La forma del Agua (2017) de Guillermo del Toro.

En dicha cinta, el anfibio claramente es la Bestia, pero en él hay nobleza libre de cualquier vicio humano; por su parte, Eliza es un peculiar personaje marginal que destaca por su bondad; por último, Strickland es el antagonista fácil de detestar y que, al perder los dedos, se vuelve tan grotesco por fuera como lo es por dentro.

Aquí, lo bestial está en lo humano, en la avaricia y el utilitarismo de Strickland. Eliza no cambia al monstruo, sino que encuentra en éste a alguien de su misma especie. Al final es ella quien se transforma para vivir en libertad con la Bestia y así dejar atrás el peso de lo humano.

Cartel para la película "La forma del agua" de Guillermo del Toro

Angela Carter propone lo mismo en el cuento “La prometida del tigre”, donde la protagonista se siente asqueada por su padre, quien fue capaz de venderla para pagar sus deudas de juego, y no desea ser más como él; entonces, la Bestia lame su piel humana, dejándola realmente desnuda. Con su pelaje revelado, abraza su verdadera naturaleza —la de la Bestia—, que es igual a la de su esposo.

En otro cuento de Carter, “El cortejo del señor León”, a lo humano se le atribuyen valores negativos y a lo animal, los positivos; lo que distingue a la Bella es su vanidad, mientras que a la Bestia lo caracteriza su ternura. Al final es el amor de la Bestia lo que hace que ella pueda ver más allá de su apariencia —sin necesidad de una transformación mágica— y se quede con él en su palacio.

Las líneas definitorias entre los roles de la Bella y de la Bestia se salen de sus contenedores y se expanden a posibilidades muy alejadas del cuento de Villeneuve. Sin embargo, el final feliz siempre se alcanza cuando la Bestia obtiene el amor de Bella, recupere su belleza o no —como sucede con el ogro Shrek.

Ambos valores pueden mezclarse y la metamorfosis no necesita ser explícita: basta con llegar al desenlace en el que la Bella encuentra su felicidad en la Bestia. Mientras que sigamos encontrando rasgos despreciables en nuestra humanidad, seguiremos atribuyendo virtudes a lo que se aleje de nosotros y viva salvajemente fuera de la convención. Estar de acuerdo en qué es bello y qué hace a una bestia es difícil porque con frecuencia podemos hallar belleza en las bestias.

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