Salto al vacío: cómo lidiar con la incertidumbre

Salto al vacío: cómo lidiar con la incertidumbre
Francisco Masse

Francisco Masse

En noviembre de 1960, el artista francés Yves Klein publicó en el periódico Dimanche una fotografía en blanco y negro que pasó a la historia. En ella, vemos a un hombre —el propio Klein— lanzándose desde lo alto de un pilar hacia el piso. Apreciamos bien su rostro, vuelto hacia el cielo, y sus brazos están extendidos en cruz; pero, si nos fijamos bien, no parece estar cayendo; está a punto de alzar el vuelo. Para Klein, la metáfora era evidente: para estar lo más cerca posible del espacio, es preciso experimentar personalmente el vacío.

Fotografía de Yves Klein

Desde luego, en realidad Klein no estampó su osamenta contra la banqueta en nombre del arte, ya que esta imagen es un hábil fotomontaje. Pero, más allá del performance y del efectivo esfuerzo mediático de autopromoción del artista, la fotografía se volvió un símbolo del acto de “saltar al vacío”; o sea, de confiar ciegamente y apostar en un resultado satisfactorio, cuando nada nos garantiza que este sucederá.

Eso, con mucha frecuencia, va en contra de nuestro instinto de preservación, que busca siempre un ancla para no estar a la deriva o una rama de donde asirse, para no caer. Pero todos sabemos que en la vida hay momentos en los que, sí o sí, hay que abrazar la incertidumbre. Veamos algunas maneras de hacerlo sin entrar en crisis… y sin salir totalmente trasquilado del trance.

Salto al vacío
El mito de las certezas

Debido a nuestras rutinas y a nuestra tendencia de planear para el futuro, a menudo pensamos que nuestra existencia es como una carretera que va de un lado a otro, sin desviaciones, y que podemos transitar por ella de forma continua, segura y previsible. Sin embargo, cuando los imprevistos de la vida llegan a sacudirnos, nos damos cuenta de que esto es, en realidad, una ilusión.

Y es que, aunque nos cueste reconocerlo, casi siempre estamos siendo influidos por la casualidad, la coincidencia, el accidente —fortuito o nefasto— y una suma de circunstancias que normalmente escapan a nuestro control. “Nos vemos mañana”, decimos, cuando nos despedimos de un colega de trabajo; pero lo cierto es que, en estricto sentido, nada puede asegurarlo. A lo mejor él o ella se gana la Lotería y no le vuelves a ver ni el polvo, o tú sufres una caída o un infarto fulminante, y el resultado es básicamente el mismo.

Y ni hablemos de catástrofes naturales, contracciones económicas, decisiones gubernamentales o empresariales, y fenómenos globales que pueden cambiar súbitamente todo lo que damos por seguro en nuestras vidas —si no lo crees, solo recuerda lo que todo el mundo vivimos hace seis años—. Entonces, así como lo único inmutable es el cambio, la única certeza en la vida es la incertidumbre.

La única certeza en la vida...

Ante ese piso que parece de arena, y con un cerebro condicionado a funcionar correctamente solo en situaciones predecibles y controlables, aquí te comparto algunos consejos para abrazar la incertidumbre y dar el salto al vacío de la vida sin miedo a estrellarte contra el piso… aunque a veces te suceda.

Evita la espiral del pesimismo.

Por experiencia propia, cuando enfrentas hechos adversos que no tenías previstos, puedo decirte que una de los aspectos más difíciles de gestionar es la “espiral del pesimismo” o, como se le llama en psicología, el toxic time travel, en el que tratamos de ganar control imaginando distintos desenlaces; pero, como nos invade la ansiedad, nuestros pensamientos se vuelven catastróficos.

Si eso pasa, quedamos atrapados rumiando nuestros pensamientos, nos sentimos abrumados al pensar los “¿qué tal si…?” y nos desconectamos del presente, que es donde realmente tenemos alguna certeza. Para salir de ello, intenta relajarte —a continuación abordo ese tópico—, sé gentil con tu emoción, pon en tela de juicio tus escenarios catastróficos —recuerda, por ejemplo, las veces que has superado otras crisis— y ten un poco de sentido del humor.

Modifica tu diálogo interno.

Esto no es sencillo de lograr a la primera, pero sí resulta muy benéfico observar tu habitual sucesión de pensamientos. Si ante algo que amenaza tu aparente estabilidad acostumbras dramatizar (“¿por qué el universo la trae contra mí?), exagerar (“¡era lo único que me faltaba!”), tomarte las cosas a título personal (“esto me pasa solo a mí”), victimizarte (“¿por qué, si soy buena persona?”) o convertir lo transtitorio en permanente (“siempre es lo mismo, nunca puedo estar en paz”), tienes muchas áreas de mejora. Ser consciente de ello es el primer paso para distanciarse de ese diálogo interno tóxico.

Modifica tu diálogo interno

Aprende a relajarte profundamente.

Si has sufrido una crisis de ansiedad, aunque sea leve, sabrás que cuando la vida aprieta un poco más duro que de costumbre, el consejo de “Respira profundo tres veces y continúa” se queda corto ante la taquicardia, las manos sudorosas, la sensación de vacío en el estómago —que te genera náuseas o inapetencia—, el insomnio, las pesadillas, la desesperanza o la sensación de que algo terrible está a punto de suceder.

Aunque no es una solución en sí misma, sin duda conviene poner la fisiología y la psicología de nuestro lado, para evitar que esas crisis nos hagan enfermar, paralizarnos, tomar decisiones precipitadas o entrar en pánico. Algunas técnicas útiles son el mindfulness, la meditación y la relajación progresiva guiadas, y las distintas prácticas meditativas religiosas o laicas. Lo importante es anclarse en el presente y en la ecuanimidad emocional.

Cultiva tu curiosidad y sentido de aventura.

Aaquí es donde verdaderamente entra el “salto al vacío” y todo lo anterior puede servirte como preparación, antesala o estímulo para ganar valor y darlo. Piensa que todos los grandes hombres y mujeres que lograron algo trascendente tuvieron que enfrentar la escalofriante sensación de soltarse de la orilla y arrojarse a las embravecidas olas de lo inesperado, en algún momento: los exploradores y conquistadores, las familias migrantes, las emprendedoras, los inventores y los visionarios tuvieron que cruzar la noche confiando, no en que todo saldría como está previsto, sino en su capacidad de generar oportunidades favorables y de resolver los problemas que se fueran presentando.

Cultiva tu curiosidad y sentido de aventura

Si, de nuevo, comparamos nuestra vida con un viaje, hay quienes solo se sienten seguros si toman el “tour oficial” con guías autorizados y viajan en grupo, protegidos por la relativa seguridad del autobús turístico; ese es un tipo de experiencia, y está bien. Pero, si has subido una montaña, peregrinado a pie o viajado solo, sabrás que las mejores y más emocionantes aventuras empiezan cuando algo no sale exactamente como estaba planeado.

Si estás por renunciar a un empleo estable para iniciar algo propio, vas a cambiar de giro laboral, te pidieron el departamento de años y tienes que mudarte, o te acabas de separar y tienes que volver a encarar la vida a solas, es muy probable que por dentro estés temblando de miedo… y es normal. Pero piensa que probablemente, dentro de unos años —o, incluso, en unas semanas o meses—, te estarás riendo de ti mismo, de tu miedo y de cómo no te soltabas del pasamanos del tobogán hasta que el propio impulso te obligó a dejarte ir… y entonces empezaste a disfrutar de veras. Si estás pasando por un momento así, no dejes que el miedo decida por ti; solo ten prudencia… ¡y adelante!

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