‘Overthinking’: cómo dejar de sobrepensar (o pensar demasiado)

Overthinking: cómo dejar de sobrepensar (o pensar demasiado)
Igor Übelgott

Igor Übelgott

¿Has oído hablar de la parálisis del análisis? Se trata de un concepto usado en la psicología y la administración de proyectos —en particular, en el diseño de software— que se refiere al momento cuando un individuo o un equipo que busca la solución de un problema analiza durante un tiempo excesivo la situación, al grado de que no puede avanzar o decidir un curso de acción y, a menudo, por impedimentos irrelevantes o no esenciales.

Y no sólo hablamos de problemas laborales o profesionales: esta parálisis por pensar demasiado se presenta con frecuencia en situaciones cotidianas o de índole personal: piensas en todo lo que pudiste hacer o haber hecho de otra forma, cuestionas tus actos una y otra vez, e imaginas constantemente los peores escenarios. Y lo peor es que cuanto más piensas en algo, menos tiempo y energía tienes para actuar de forma productiva e implantar soluciones eficaces.

Parálisis del análisis

Desde luego, no se trata de que actuemos a la ligera, impulsivamente o de forma reactiva, como si fuéramos animalillos. De hecho, si le damos un buen uso a nuestra capacidad de análisis, de reflexión y de planeación, es muy probable que nuestras empresas lleguen a buen puerto; el problema inicia cuando:

  • estás “rumiando” tus pensamientos constantemente, analizando una y otra vez la misma conversación o imaginando todos los posibles desenlaces de una situación que te preocupa;
  •  pierdes el sueño, sufres de insomnio y ansiedad constantes, y sientes que “tu mente no para”, ni siquiera por las noches;
  • tus ideas recurrentes a menudo son catastróficas, imaginas lo peor que puede suceder y vas escalando el problema en tu mente: si tienes un examen, piensas que no lo vas a pasar,por lo que reprobarás el curso y, con ello, perderás la beca, tendrás que dejar la escuela y aceptar un empleo mal pagado, y serás un fracaso toda tu vida… todo por un examen;
  • te resulta casi imposible tomar decisiones y no sólo las importantes, sino también tonterías como de qué color pintarte las uñas o si deberías enviarle un mensaje al chico que te gusta;
  • adoptas una mentalidad de todo-o-nada, o aspiras a una ejecución perfecta al primer intento, en lo que sea que estés emprendiendo.

El impacto negativo de este tipo de patrón de pensamientos puede ir de síntomas como el cansancio mental, la incapacidad de relajarse o de pensar en otra cosa, hasta trastornos más graves como la depresión, el desorden obsesivo-compulsivo, los ataques de pánico, la ansiedad generalizada o social. En muchos casos no hablamos meramente de un “mal hábito” o de una inapropiada higiene mental: si la persona está perdiendo el control o realmente sufre la situación, es un problema que debe ser atendido por un especialista.

Sin dejar de lado la posibilidad de recibir atención psicológica, ¿qué puedes hacer para dejar de sobrepensar? Aquí van cinco consejos:

  • Toma acción. Creo que ese es el consejo más simple y más poderoso, pero quizás el más difícil de poner en práctica, así que empieza por actos simples. Hablando figuradamente, no trates de romper la parálisis levantándote de golpe; en lugar de eso, intenta primero mover el dedo meñique de tu mano izquierda. Ya después iremos viendo qué pasa…
  • Salte de tu mente. En otras palabras: intenta distraerte y enfocarte en otra actividad de forma deliberada, de preferencia una que implique movimiento, actividad física y aire libre. Algo que a mí me funciona es subir a un cerro: como tengo que poner toda mi atención en cada piedra y cada paso que doy —o me voy de boca—, durante las dos o tres horas que dura la actividad mi mente queda “blindada” contra los pensamientos obsesivos que me asaltan a cada tanto.
  • Detecta tus pensamientos negativos automáticos. Si has leído libros de autoayuda psicológica o pasado por algún tipo de terapia, quizá sepas cómo “cachar” tus creencias negativas inconscientes —por ejemplo, creer que eres una persona fea, aunque todas tus amistades y hasta los desconocidos te hayan dicho lo atractiva que eres—; saber “de qué pie cojeamos” nos ayuda a restarle importancia a esas ideas, lo que reduce su impacto cuando surgen en el horizonte mental.
Medita
  • Ayuda a alguien más. A menudo este tipo Ayuda a alguien más. A menudo este tipo de patrones mentales tienen una base egocéntrica que nos hace creer o suponer que nuestros problemas son más grandes, graves o importantes de lo que en realidad son. Al respecto, una anécdota: el ex jugador de basquetbol Shaquille O’Neal contó que, tras un muy mal partido en Nueva York, su padre adoptivo le llamó para preguntarle la causa, a lo que “Shaq” contestó que se sentía muy presionado; cuando regresó a casa, el señor lo llevó a ver a una familia de indigentes que trataba de sobrevivir bajo un puente y le dijo: “¿Crees que estás presionado? Míralos. Eso sí es presión: no saber si vas a comer mañana. Así que deja de quejarte y ve a ayudarlos”.
  • Medita. Existen técnicas simples, prácticas y seculares, como el mindfulness, que permiten aquietar la mente y adiestrarla en el arte de vivir intensamente en el presente. Los beneficios tardan un poco en llegar, pero la sensación de paz que poco a poco hallarás te motivará a practicar diariamente, lo que traerá múltiples beneficios a tu salud mental. ¿Lo intentamos?…
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