La mentira detrás de las “cinco fases del duelo”

La mentira detrás de las "cinco fases del duelo"
Francisco Masse

Francisco Masse

Una simple búsqueda en Google lo confirma: si tecleas “fases del duelo”, casi por descarte recibirás información sobre el modelo de las cinco etapas popularizado por la tanatóloga Elizabeth Kubler-Ross: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Si bien es un esquema útil, lo que en inicio sirvió para ayudar y acompañar a personas moribundas hoy es más bien un dogma y un mito perpetuado en libros, artículos especializados o de divulgación, videos y fuentes digitales, pues lo cierto es que no sólo hay cinco fases en el duelo y que este proceso no es lineal, ni progresivo, ni mucho menos universal.

Pero empecemos por el principio. En la década de 1960, la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross investigó cómo el proceso de morir afecta a las personas con una enfermedad terminal, hablando con ellas sobre la situación; observó que estaban de duelo porque sus vidas llegaban a su fin y, basándose en unas doscientas entrevistas, publicó sus hallazgos en el libro Sobre la muerte y los moribundos (1969), donde presentó su popular modelo de las “cinco etapas del duelo”, las cuales se resumen más o menos así:

  • Aceptación: “Es lo que es. Estoy list@ para partir.”
  • Negación: “Los médicos se equivocan. ¡Voy a estar bien!”
  • Ira: “Esto es tan injusto. ¡Odio al universo por hacerme esto!”
  • Negociación: “Si se me da otra oportunidad, prometo hacer…”
  • Depresión: “Me entristece pensar en todo lo que me perderé.”
Enfermo terminal

Aunque las investigaciones demuestran que el duelo es una experiencia mucho más compleja, desconcertante e impredecible, muchos interpretaron este modelo de Kubler-Ross literalmente como una progresión ordenada, luego lo aplicaron a las personas que lloran la muerte de un ser querido y, por su simplicidad y aparente sentido común, el mismo esquema se extendió a los dolientes de cualquier pérdida: del empleo, de una mascota, de una relación amorosa, de una extremidad amputada y hasta del cabello o la lozanía de la juventud.

Llegado este punto, uno se pregunta: ¿no sería fantástico que el duelo fuera un proceso tan sencillo que pudiera describirse en etapas claras y conclusivas? Sería tan reconfortante saber que, aunque estemos muy deprimidos, con el paso del tiempo y de forma inequívoca llegaremos a una etapa en la que no tendremos que enfrentarnos a la tristeza, a la incredulidad, a la ira o al arrepentimiento, y que finalmente aceptaremos lo sucedido para seguir adelante con nuestras vidas.

Cualquiera que lo haya vivido sabe que el duelo es un proceso difícil, intrincado y con muchas facetas. Y lo que es más: décadas de investigación desacreditan el modelo de cinco etapas y señalan un efecto nocivo: el que se pueda considerar una receta o una ordenada sucesión de pasos en la que podemos medir nuestro progreso. Y cuando nuestro duelo no se ajusta a estas fases, nos preocupa la posibilidad de estar equivocados, aferrándonos, siendo cobardes o débiles, y en general “estar haciendo algo mal”.

Así, muchos se impacientan porque creen que ya deberían sentirse mejor o que ya es hora de que la “aceptación” llegue, y también resulta común que quienes intentan ayudar al doliente ofrezcan consejos inútiles basados en este modelo. Como aclara un artículo de la Universidad McGill de California, “no todos experimentan el duelo de la misma manera; pero, además de afrontar la pérdida de un ser querido, quienes no siguen el modelo de Kübler-Ross deben lidiar con la idea de que existe una manera ‘correcta’ de vivir el duelo y que no la están siguiendo”.

Dolor por pérdida

El modelo de las cinco etapas se concibió como descriptivo, pero se ha vuelto prescriptivo —continúa el citado artículo—; sin embargo, la verdad es que no existe un patrón establecido de emociones que se deban experimentar para aceptar la muerte o cualquier otra pérdida, y podemos perjudicar gravemente a las personas en duelo al comparar sus experiencias con un modelo sin base empírica que ni siquiera pretende describir sus experiencias.

No soy especialista en psicología, pero en los últimos años he tenido suficientes pérdidas —muertes de personas y mascotas, rompimientos y partidas de gente entrañable— como para afirmar que cada duelo ha sido un proceso particular, con “sabores” y matices distintos, en el que más que avanzar uno va tanteando el camino y trastabillando de un lado a otro, a veces desandando varios pasos, otras quedándose estacionado y, en algunas ocasiones, dando saltos evolutivos que pueden culminar en aceptación, aunque a menudo uno no “acepta” lo sucedido y solo aprende a vivir con ello mientras reconstruye el proyecto de vida.

Entonces, si acabas de sufrir una pérdida, deja de preguntarte en qué fase estás o cuánto falta para ver la luz al final del túnel; en cambio, acepta que el proceso, el dolor y la sanación son inseparables; y que mientras estás de duelo… también estás sanando.

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