Narrativa serializada: novelas que se publicaron en entregas

Narrativa serializada: novelas que se publicaron en entregas
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Empezaré confesando que este artículo iba en sentido contrario, pues pensaba quejarme de cómo las necesidades del mercado del streaming moldean o extienden indefinidamente el desarrollo de una línea narrativa. Pero, al empezar, caí en cuenta de que eso ha sucedido siempre: Homero, si existió, escribió La Odisea dado el éxito que tuvo con La Ilíada; y Cervantes se tomó diez años, pero mandó a la imprenta la Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha. Así, alimentada por nuestra curiosidad y sostenida por la que entonces era una pujante industria editorial, nació la narrativa serializada: obras literarias pensadas y ejecutadas para ser publicadas en entregas.

La historia señala que la publicación de The Pickwick Papers —Los papeles del club Pickwick— de Charles Dickens podría ser el primer serial literario exitoso de la historia, publicado mensualmente de marzo de 1836 a noviembre de 1837. Dickens también publicó en formato serializado su novela Oliver Twist, que apareció cada mes en la revista Bentley’s Miscellany.

Años después, sir Arthur Conan Doyle desarrolló la saga de Sherlock Holmes en cuatro novelas y 56 relatos cortos que se publicaban mes a mes en la revista británica The Strand. Cabe mencionar que el escritor “mató” al detective en una lucha con su némesis, el siniestro doctor Moriarty, en diciembre de 1893; diez años después, debido a la presión pública, se vio obligado a revivir a su personaje para otras tres series de libros. Nada que no haría un guionista de Netflix hoy.

Portada de la revsta británica "The Strand"

En Francia, Alejandro Dumas era la mente maestra de la literatura serializada: entre marzo y julio de 1844 publicó Los tres mosqueteros, valiéndose del formato de suplemento o feuilleton dentro del periódico Le Siècle; El Conde de Montecristo apareció en 18 tomos mensuales, de 1844 a 1846, en el Journal des Debats; Veinte años después, primera secuela de los mosqueteros, apareció de enero a agosto de 1845, y la entrega final de las aventuras de D’Artagnan, El vizconde de Bragelonne, se publicó de 1847 a 1850 en el periódico Le Siècle. Y nos quejamos de las trilogías de Star Wars.

Apenas vamos empezando, pero si echamos la vista hacia atrás veremos que, a pesar de ser productos netamente comerciales, algunas novelas por entregas llegaron a ser verdaderos clásicos de la literatura. Tal es el caso de Madame Bovary, de Gustave Flaubert, publicada entre 1856 y 1857 en la Revue de Paris, y de tres novelas publicadas en Rusia por la revista The Russian Messenger: Anna Karenina, de León Tolstoi, distribuida en entregas entre 1875 y 1877, y las monumentales Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov, de Fiódor Dostoyevski, que aparecieron en 1866, y de 1879 a 1880, respectivamente. Puro peso pesado de la literatura, recurriendo al suspenso y al cliffhanger en sus narraciones, como si fueran episodios de telenovela.

Un caso similar lo tenemos con los Viajes extraordinarios del francés Julio Verne. Historias como 20,000 leguas de viaje submarino, Viaje al centro de la Tierra, La vuelta al mundo en ochenta días o De la Tierra a la Luna, que todos conocemos y que son consideradas pilares de la fantasía y la ciencia ficción, fueron publicadas en formato serie, de 1863 a 1910, en la revista literaria Magasin d’éducation et de récréation. Hoy sin duda tendría su propia serie de terror futurista, quizás una mezcla entre Black Mirror y El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro.

Una de las portadas de los "Viajes Extraordinarios", de Julio Verne

La ciencia ficción fue terreno fértil para el surgimiento de seriales. Un clásico como La máquina del tiempo, de H. G. Wells, fue publicado en cinco entregas mensuales de enero a mayo de 1895, dentro de The New Review. Y otra obra monumental del género, la trilogía de Fundación, Fundación e Imperio, y Segunda Fundación de Isaac Asimov, fue publicada en entregas mensuales dentro de la revista Astounding Science Fiction.

Por su parte, una de las novelas cumbre de la lengua inglesa, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, también vio la luz como un serial en tres partes, de febrero a abril de 1899, en Blackwood’s Magazine. Y un caso extraordinario es el de Finnegan’s Wake, del irlandés James Joyce: esta novela empezó a escribirse en 1922 y fue publicada a lo largo de catorce años, de 1924 a 1939, en distintas revistas literarias, bajo el título de “fragments from Work in Progress”; el título solo se reveló hasta el final, cuando el libro se publicó en mayo de 1939.

Por su naturaleza ligada a la emoción y el suspenso, varias novelas negras fueron publicadas en serie: El halcón maltés, de Dashiel Hammett, que se publicó en The Black Mask entre 1929 y 1930; y Double Indemnity, de James M. Cain, publicada en 1936 en la revista Liberty, son los dos ejemplos más claros.

Portada de "El Halcón Maltés", de Dashiell Hammett

Por último, está el caso de El guardián entre el centeno de J. D. Salinger, una de las novelas más enigmáticas del siglo XX, con su autor que se autorecluyó y una mala fama cimentada en haber sido leída por dos magnicidas; en este caso, el libro no fue serializado como tal, sino que el protagonista Holden Caulfield apareció en varios cuentos antes de tomar forma definitiva en la novela de 1951; hoy diríamos que la película es, en realidad, un spin off de un cortometraje.

Sirva todo este desvarío histórico y literario para sofocar mi indignación sobre los formatos narrativos de hoy, que nos niegan los happy endings y parecen no tener fin. Pero ya vimos que, en el lucrativo negocio de contar historias. las secuelas, las segundas partes y las series que se prolongan más allá de la muerte del protagonista desde hace siglos han pagado las cuentas…

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