Mujeres inventoras invisibilizadas en la historia

Mujeres inventoras invisibilizadas en la historia
Julio Báez

Julio Báez

Al elaborar una lista de inventores famosos, de inmediato pensamos en Thomas Alva Edison, Nikola Tesla, Alexander Graham Bell o Johannes Gutenberg. Pero si nos pidieran un recuento de mujeres inventoras, la respuesta probablemente tomaría un poco más de tiempo. No porque no hayan existido, sino porque muchas de ellas quedaron escondidas entre patentes olvidadas, publicaciones científicas poco difundidas o relatos históricos que privilegiaron a otros nombres.

La historia de la innovación también puede verse como la historia de las personas que resolvieron problemas cotidianos sin recibir el reconocimiento que merecían, y  muchas de ellas han sido mujeres inventoras que fueron invisibilizadas en la historia. Lo curioso es que, mientras sus nombres se desvanecían de la conversación pública, sus inventos seguían mejorando la vida de millones de personas y fue hasta hace poco que su aportación fue reconocida. Conozcamos a algunas de ellas y lo que hicieron por la humanidad.

Una máquina para pensar antes de las computadoras

Hablar de tecnología computacional sin mencionar a Ada Lovelace (1815-1852) es dejar fuera una de sus columnas más fascinantes, pues mientras colaboraba con el matemático Charles Babbage, comprendió que una máquina podía hacer mucho más que realizar cálculos. Lovelace escribió lo que hoy se considera el primer algoritmo diseñado para ser ejecutado por una máquina, una idea revolucionaria en una época donde las computadoras ni siquiera existían.

Su aportación pasó desapercibida durante siglos porque la Máquina Analítica nunca llegó a construirse completamente. Sin embargo, más de un siglo después, cuando las computadoras comenzaron a desarrollarse, los especialistas descubrieron que aquellas notas contenían conceptos fundamentales de gran utilidad para la programación moderna.

Ada Lovelace (1815-1852)
El limpiaparabrisas que cambió la conducción

Conducir bajo la lluvia parece una actividad común, pero hubo un tiempo en el que los automovilistas tenían que detenerse a cada tanto para limpiar el parabrisas con la mano… o conducir prácticamente a ciegas. Mary Anderson (1866-1953), una emprendedora estadounidense, observó este problema durante un viaje a Nueva York y tuvo la idea de crear un brazo mecánico accionado desde el interior del vehículo para retirar el agua o la nieve del parabrisas, invento patentado en 1903, pero recibido con escepticismo en la industria automotriz de su tiempo. Algunos incluso pensaban que distraería demasiado a los conductores, pero el tiempo demostró lo contrario: un par de décadas después, el invento formaba parte integral del diseño de cualquier auto.

Mary Anderson (1866-1953) y su limpiaparabrisas
Una bolsa de papel que transformó el comercio

Cuando compramos comida para llevar productos en una tienda o verduras en el súper, pocas veces nos ponemos a pensar en el diseño de la bolsa de papel que los transporta, pero una mujer llamada Margaret Eloise Knight (1838-1914) sí que lo hizo. Observó que las bolsas de papel de su época eran poco prácticas, pues no se mantenían de pie. Entonces, diseñó una bolsa plegada con fondo plano, más resistente y fácil de llenar. La historia dio un giro inesperado cuando un hombre intentó apropiarse de su invento, argumentando que una mujer no podía haber tenido una idea tan compleja, pero Knight llevó el caso a los tribunales, ganó la disputa y logró conservar su patente.

Margaret Eloise Knight (1838-1914)
La mujer que hizo más sencilla la limpieza de los hogares

Josephine Garis Cochrane (1839-1913) estaba cansada de que su vajilla fina se rompiera durante el lavado manual; en lugar de resignarse, con ayuda del mecánico George Butters diseñó un sistema que utilizaba chorros de agua a presión para limpiar los platos dentro de una estructura metálica. Esto dio lugar a uno de los primeros lavavajillas mecánicos realmente funcionales.

Al principio, solo los hoteles y restaurantes piudieron adoptar esta tecnología, ya que el aparato resultaba costoso para el uso doméstico; con el paso del tiempo, la producción masiva permitió que millones de familias incorporaran el lavavajillas como parte de los enseres domésticos rutinarios.

Josephine Garis Cochrane (1839-1913)
Una actriz que ayudó a crear el Wi-Fi

En tiempos de la Segunda Guerra, mientras Hollywood la convertía en una de las estrellas más famosas de su tiempo, la actriz austriaca Hedy Lamarr (1914-2000) paralelamente trabajaba con el ejército y creaba soluciones para evitar que las señales de radio utilizadas en los torpedos fueran intervenidas. Junto con el compositor George Antheil, desarrolló un sistema de salto de frecuencia que permitía cambiar constantemente el canal de transmisión, una tecnología demasiado adelantada para su época que pasó años sin recibir gran atención.

Décadas después, ese mismo principio se convirtió en una pieza fundamental para las comunicaciones inalámbricas como el Wi-Fi, el Bluetooth y parte de las redes móviles, que emplean conceptos derivados de aquella idea que parecía futurista.

Hedy Lamarr (1914-2000)
Materiales capaces de detener una bala

A veces, los grandes inventos nacen de accidentes de laboratorio. Esto fue lo que le ocurrió a Stephanie Kwolek (1923-2014) cuando investigaba nuevos materiales sintéticos e inventó una fibra extraordinariamente ligera, pero cinco veces más resistente que el acero en relación con su peso. Su nombre científico era poliparafenileno tereftalamida, pero todos lo conocemos como Kevlar.

Hoy, este material se usa en chalecos antibalas, cascos, equipo de protección para bomberos, cables submarinos, neumáticos, embarcaciones e incluso componentes aeroespaciales. Su resistencia proviene de la manera en que sus moléculas se alinean formando cadenas extremadamente fuertes, capaces de distribuir la energía de un impacto sobre una superficie mayor.

Stephanie Kwolek (1923-2014)
Inventar también es cambiar la historia

Quizá la mayor lección que nos dejan estas mujeres no sea solo la utilidad de sus inventos, sino la manera en que entendemos el progreso. La innovación es el resultado de observar con atención, cuestionar lo establecido y buscar soluciones donde otras personas solo ven costumbre. Muchos de estos inventos pasaron desapercibidos en su momento porque la sociedad todavía no estaba preparada para reconocer el talento femenino con la misma naturalidad que el masculino. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho algo curioso: mientras los nombres se desdibujaban, las ideas permanecieron y, al final, el tiempo empieza a poner todo en su justo lugar.

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