Algunas grandes obras inconclusas del mundo

Algunas grandes obras inconclusas del mundo
Julio Báez

Julio Báez

Estamos acostumbrados a pensar que una obra de arte empieza a existir cuando está terminada: un libro que llega a su última página, una película con sus créditos finales, una sinfonía estrenada y un edificio que alcanza su forma definitiva. Pero la historia está llena de obras excepcionales que quedaron a medias por la muerte de su autor, falta de dinero, accidentes, guerras o, simplemente, porque el proceso creativo tomó caminos que nunca llegaron a un destino final.

Lo curioso es que muchas de ellas adquirieron una segunda vida y fueron terminadas por terceros o reconstruidas a partir de fragmentos; otras, en cambio, se convirtieron en enigmas que no se han podido resolver o, bien, siguen en proceso de construcción. En casos como estos, lo inconcluso no es una carencia, sino parte integral de la obra.

Música: cuando terminar significa interpretar al creador

Pocas obras tienen una historia tan cargada de mitos como el Réquiem en re menor de Wolfgang Amadeus Mozart, quien trabajó en él durante los últimos meses de 1791, pero murió antes de concluirlo. Más tarde, su discípulo Franz Xaver Süssmayr se encargó de completarla; aun así, el catálogo de la Fundación Mozarteum la identifica como una obra inconclusa y distingue puntualmente las aportaciones de Süssmayr.

Mozart en su lecho de muerte, escribiendo el 'Réquiem'

Mozart en su lecho de muerte, escribiendo el Réquiem

El detalle es fundamental, porque entonces el Réquiem que conocemos no es exclusivamente una obra de Mozart. Süssmayr terminó secciones completas y realizó parte de la instrumentación; incluso, antes de él, Joseph Eybler había trabajado en algunos fragmentos. Eso convierte al Réquiem en algo más interesante que una pieza musical famosa; es también una pregunta sobre la autoría y sobre aquello que otros compositores tienen que imaginar para completar un proyecto.

Otro ejemplo emblemático es la Sinfonía n.° 8 en si menor, de Franz Schubert, conocida como “Inacabada” o “Incompleta”. El compositor alemán comenzó a trabajar en ella en 1822, pero contrajo una enfermedad venérea y la arrumbó en un cajón. Más de cien años después, un gran número de músicos han propuesto terminaciones para la obra; una de ella se presentó en 2019, cuando una IA de la empresa Huawei hizo su intento… pero los expertos dijeron que el resultado fue decepcionante.

Cine: películas atrapadas en el tiempo

El cine tiene una relación particularmente cruel con lo inconcluso, pues depende de algo que la literatura o la música no siempre necesitan: mucho financiamiento, rollos de película, cámaras, luces, equipos y procesos técnicos. Por eso, muchas cintas se quedan inacabadas y adquieren la calidad de leyendas.

Un ejemplo es My Best Friend’s Birthday, dirigida y coescrita por Quentin Tarantino, que nació cuando el director todavía trabajaba en una tienda de videos. El proyecto fue filmado en 16 mm a lo largo de varios años y llegó a existir una versión de alrededor de 70 minutos; sin embargo, solo unos 36 minutos sobreviven. Durante mucho tiempo circuló la historia de que un incendio había destruido parte del material, pero investigaciones posteriores señalaron que este había sido descartado y que Tarantino nunca había estado satisfecho con el resultado.

También hay que citar la ambiciosa cinta Don Quixote, el proyecto inconcluso del gran Orson Welles. Según se dice, el autor de El ciudadano Kane (1941) estuvo filmando secuencias entre 1959 y 1967, y trabajó en la edición de forma intermitente hasta su muerte, en 1985. La película se estrenó de cualquier forma, con una edición del cineasta español Jesús Franco, la cual no fue bien recibida por la crítica.

Escena de 'Don Quixote', de Orson Welles
Literatura: una conclusión que nunca llega

En literatura, la ausencia de un final puede ser todavía más poderosa porque obliga al lector a imaginar lo que el autor nunca escribió. Eso sucede con El proceso (1925), la obra de Franz Kafka que quedó inconclusa debido a la muerte del autor y fue publicada de forma póstuma por el editor Max Brod, quien contravino la petición del checo de que destruyera buena parte de sus escritos inéditos; el libro que conocemos, por tanto, no llegó al público como una novela cerrada y revisada por su autor, sino como una construcción postrera. Pero esa condición fragmentaria no ha impedido que se convierta en una de las obras fundamentales de Kafka. Al contrario, la sensación de estar atrapados en un mundo sin explicaciones definitivas corresponde extrañamente con su propia historia editorial: la novela habla de un proceso que nunca termina y, de alguna manera, también es una novela que nunca terminó de construirse.

Portada de 'El proceso' (1925), de Franz Kafka
Arquitectura: edificios que sobreviven a sus arquitectos

Por sus dimensiones, la arquitectura lleva la idea de obra inconclusa a otra escala. Una construcción puede tardar tanto que su creador, su época y hasta su sociedad desaparezcan antes de que la obra termine; así sucedió con algunas catedrales góticas, que tomaron generaciones para completarse. Pero hay otras construcciones que parecen nunca tocar su final. El Templo Expiatorio de la Sagrada Familia es el ejemplo más conocido.

Su autor, el español Antonio Gaudí, trabajó cuatro décadas a la contrucción del templo y le dedicó sus últimos quince años de forma exclusiva, hasta su muerte accidental en 1926. El único campanario que alcanzó a ver terminado fue el de San Bernabé, en la fachada del Nacimiento. Después de su muerte, otros arquitectos han continuado el proyecto, a pesar de que en la Guerra Civil Española fueron destruidos planos, fotografías y modelos del taller de Gaudí.

En este 2026, la torre principal o torre de Jesucristo alcanzó su altura máxima de 172.5 metros, y fue inaugurada y bendecida el 10 de junio, en el centenario luctuoso de Gaudí. Sin embargo, los trabajos en la Sagrada Familia continúan; estaba previsto concluirla definitivamente este año, pero la pandemia retrasó los trabajos. La siguiente fecha estimada para terminarla es 2036… o un poco después, porque el Ayuntamiento no tiene prisa.

Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, de Antonio Gaudí
El arte también puede vivir en lo que falta

Las obras inconclusas revelan algo que solemos olvidar: crear no significa tener control absoluto sobre lo que se crea. En muchos casos, hay tensión entre intención y resultado: el artista comienza con la idea de una obra, pero su conclusión depende del tiempo, de otras personas y de circunstancias que nadie puede controlar. Tal vez por eso resultan tan fascinantes, porque no muestran lo que el creador consiguió hacer, sino lo que pudo haber sido. Y ese espacio entre realidad y posibilidad puede ser uno de los territorios más fértiles de la creatividad.

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