Sexismo y acoso escondidos en canciones de amor ochenteras

Sexismo y acoso escondidos en canciones de amor ochenteras
Mad hi-Hatter

Mad hi-Hatter

En semanas recientes, en casi todas las redes sociales se puso de moda una aplicación de IA que convertía cualquier fotografía tuya en una imagen de cómo te habrías visto en los ochentas, y muchísima gente compartió los resultados con sus flecos tipo Alf, blusones color neón, pantalones acid wash y el cabello esponjado con spray o con apariencia húmeda gracias al get wet look. Por alguna razón, cuatro décadas después de que tuvo su apogeo, la década de 1980 se ha idealizado casi al punto del romanticismo.

Pero no todo fue pop bailable, colores pastel y sonrisas juveniles de dentífrico en los ochentas. Cuando uno revisita ciertas canciones y pone atención en sus letras, nos damos cuenta de detrás del amor romántico, las promesas y las palabras lindas se escondían actitudes sexistas, de acoso, control y hasta de violencia de género, que en aquellos tiempos casi todos pasábamos por alto. Veamos aquí cinco de los casos más flagrantes…

“Every Breath You Take” de The Police

“Cada respiro que tomes, cada movimiento que hagas, cada paso que des, te estaré observando. ¿Acaso no ves que me perteneces?” Si mi hija recibiera un Inbox de un “admirador” con estos románticos mensajes, ya estaríamos alertando a la policía y la familia estaría montando guardia para descubrir quién está obsesionado con ella. Y no son figuraciones o interpretaciones mías: el propio Sting, autor de la canción, ha reconocido públicamente que esta no es una canción de amor, sino una metáfora de la mentalidad de un acosador.

Y sí, la letra también puede interpretarse como lo que siente quien está por completo rendido a los pies de alguien, inflamado por un incontrolable amor romántico que torna cualquier mínima acción en algo digno de admirar. Pero ese es el riesgo, algo que las mujeres de esta generación parecen entender mejor que mis coetáneas: a veces, el amor más sublime y la obsesión enfermiza se confunden, tanto por quien los siente como por quien es el objeto de esa pasión.

“Wild Horses” de Gino Vanelli

Hubo una época cuando las negativas de las mujeres ante los avances sexuales masculinos no eran vistas como tales, sino como obstáculos temporales que el seductor tenía que vencer. “Se está haciendo la difícil; pero, aunque no quiera, a final será mía”, es a grandes rasgos la idiosincrasia de este tipo de dinámicas, donde la seducción se confunde con una conquista que, para valer la pena, tiene que ser un poco forzada.

Por eso se incluye esta canción: una mujer que ya no quiere estar con el cantante, tiene que soportar que él tenga la convicción de que “como ya te tuve una vez, te voy a tener de nuevo”. ¿Tener?, ¿desde cuándo las mujeres son una posesión? Y lo peor: la convence de salir a carretera y, cuando están a cien millas de la civilización, no importará que ella grite, patalee y le abofetee la cara, al final él se saldrá con la suya. Viéndola en su justa dimensión, la escena es de una violencia de género abominable.

“Bazar” de Flans

Imagínate que vas a un tianguis callejero y, de repente, un tipo empieza a seguirte y a espiarte. Se te queda viendo con insistencia mientras vas caminando de puesto en puesto y, cuando finalmente se anima a abordarte, te dice que el color de la ropa que te estás probando se te ve fatal, aunque nadie se lo preguntó. Después, sin conocerte siquiera, se pone a escogerte la ropa que, según él, se te ve mejor. O sea, te crítica y empieza a controlarte como táctica de ligue… y lo peor es que ella cae redondita. Ya imaginamos cómo le fue en el noviazgo.

Esto me recuerda un poco, también, a Cyndi Lauper, quien a pesar de su imagen de alocada, rebelde y libertina “chica que solo quiere divertirse”, en el fondo era una buena novia que obedecía a su pareja y estuvo a punto de no participar en el proyecto de “We Are the World” porque él le dijo que “no era lo mejor para ella”. Ahí es cuando se nota el efecto de cuatro décadas de liberación femenina.

“Drive” de The Cars

Un hombre que acaba de terminar una relación le hace un sinfín de preguntas a su ex pareja, tales como quién va a decidir cuándo ya es tarde y es hora de irse —de nuevo, el novio controlador—, quién le va a poner atención en sus largas e histéricas llamadas telefónicas, quién la va a sostener cuando caiga y, en resumen, quién va a contenerla emocionalmente cuando sufra un revés. En el video, más que estar sola en su habitación, la mujer parece estar encerrada en un manicomio con la pareja abusiva como celador.

Una de dos: o él es narcisista y cree que ella no puede sola con su vida, pues la considera inmadura y frágil, y piensa que necesita un hombre —en este caso, él y solo él— para no colapsar; o bien, en efecto, ella depende tanto de él que es incapaz hasta de llamar a un taxi para regresar por sus propios medios a casa. En cualquiera de los dos casos, lo mejor que le pudo pasar a esta neurótica y codependiente pareja… es haberse separado.

“Airhead” de Thomas Dolby

Asumo que la intención de uno de los artífices del synthpop ochentero era ilustrar cuán vacías, frívolas y superficiales podían llegar a ser las mujeres que confiaban solo en su belleza física … aunque se le pasó la mano. Porque una cosa es escribir letras satíricas sobre el analfabetismo funcional de californianas aspirantes al estrellato en el Hollywood de los ochentas, pero otra es llamar “rubia tonta” o “cabeza hueca” a tu novia y afirmar que “los hombres las hicimos así”, al aguantar su estupidez solo porque tienen buen cuerpo.

En su descargo, al parecer el propio Dolby notó pronto el filo y la cosificación que implicaba su canción, así que la sampleó y puso a la venta el remix “Airhead’s Revenge”, en la que la rapera La Toya Hanson pone en su lugar al güerito machista del éxito original, diciéndole que “el cabeza hueca es él” y recordándole que una mujer no es solo “un electrodoméstico que puede enchufar”, sino que es una persona y puede ser madre, hermana o hija.

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