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Audioseries: herederas y “nietas” de las radionovelas

Audioseries: herederas y “nietas” de las radionovelas
Bernardo Monroy

Bernardo Monroy

Creatividad

La costumbre de escuchar radioteatros —o radionovelas, como se les conoció en México— acompañó a nuestros abuelos y bisabuelos durante su niñez y juventud. Era hermoso y emocionante sentarse en la sala, en compañía de la familia o incluso solos, para escuchar historias de amor, terror o aventura como Chucho el Roto, Kalimán, Apague la luz y escuche o El derecho de nacer, cuyas voces y tramas marcaron a una generación que aún no estaba habituada a las pantallas.

Al paso del tiempo llegó la TV; con ella, las radioseries poco a poco perdieron vigor y la adopción del technicolor puso el úlitmo clavo en su ataúd. Pero entonces llegó Spotify y ahora vivimos el auge de los podcasts y de las llamadas audioseries, que básicamente son lo mismo. Hoy en día este formato, que invoca el maravilloso poder de la imaginación, ha regresado por sus fueros y vive uno de sus mejores momentos: títulos como Caso 63, Guerra 3 o Sed: la advertencia resucitan —tal como Jesús revivió a Lázaro— la emoción de apagar la luz y escuchar.

Los principios radiales

En términos simples, la principal característica y esencia de un radiodrama es que la trama se cuenta mediante diálogos, sonidos y silencios, de forma cercana a las artes escénicas. Su contexto histórico es profundo, pues aunque las historias contadas oralmente han existido siempre, fue en las décadas de 1930 y 1940 —a la par de la popularización de la radio— que las radionovelas se formalizaron como una forma de entretenimiento en todo el mundo.

Como siempre ocurre con obras artísticas que trascienden, los radiodramas también tuvieron su escándalo mediático: el 30 de octubre de 1938, cuando Orson Welles adaptó para el radio La guerra de los mundos —una obra de ciencia ficción de H. G. Wells que cuenta la invasión de la Tierra por parte de los marcianos—, aunque desde el inicio se aclaró que todo era ficción el realismo fue tal que muchos de los radiosecuchas creyeron que en verdad el planeta estaba siendo invadido.

Transmisión desde el estudio

Con el paso del tiempo, los radiodramas se extendieron por el mundo. En España, por ejemplo, tendrían muchísimo auge durante la década de 1950, cuando surgieron productos como El teatro invisible de Radio Nacional de España, el cual adaptaba textos clásicos a la radio. En esa misma década, las radionovelas tendrían un papel fundamental en la cultura popular de nuestro país. Veamos ejemplos.

El derecho de nacer fue una radioserie cubana que, tras su gran éxito, se adaptó en México convirtiéndose en todo un clásico producido por la XEW, que se presentaba diciendo: “El capítulo de hoy de la novela más humana que se ha escrito”. Con ese impulso, otros géneros llegaron a la radionovela mexicana: tenemos la aventura, con series como Chucho el Roto y Kaliman, que adaptaban al mítico Robin Hood mexicano y al poderoso héroe de historieta; el terror también tuvo lugar con El monje loco, que contaba una pavorosa historia en cada capítulo, con la tétrica y chillona voz de Salvador Carrasco diciendo: “Nadie sabe, nadie supo, la verdad en el espantoso caso de…”, al iniciar el programa.

El género detectivesco no se quedó atrás con La policía siempre vigila y, cómo no, con la serie de Carlos Lacroix —un detective galán interpretado primero por Arturo de Córdova y, luego, por Tomás Perrín— y su tenaz secretaria Margot, una mujer empoderada mucho antes de internet que se hizo muy famosa por la frase que iniciaba cada capítulo: “¡Dispara, Margot, dispara!”. Podríamos seguir con muchas radionovelas más pero, como ya mencionamos, la televisión terminaría con esta época de oro… al menos, por un tiempo.

Spotify al rescate

Cuando sólo los nostálgicos recordaban las radionovelas, llegó el streaming a poner de moda los podcasts, que en muchos casos son obras sonoras de gran calidad. Como ejemplo, está el fenómeno de Caso 63, acerca de una psiquiatra llamada Elisa Aldunate que tiene sesiones con un paciente, Pedro Roiter, el cual jura ser un viajero del tiempo; como es obvio, ella cree que se trata de una persona perturbada, pero conforme progresan los capítulos empezamos a darnos cuenta de que no es así. Este podcast fue escrito por el chileno Julio Rojas, uno de los grandes escritores de audioseries de ciencia ficción y autor de Foom, otra producción que —a la usanza de Orson Welles— cuenta en formato de noticiero cómo será el día en que una inteligencia artificial tome el control del mundo.

También disponible en Spotify está una de las mejores audioseries que existen, a juicio de quien esto escribe: Guerra 3, que sigue a la famosa reportera Jimena Torres en sus coberturas de conflictos bélicos y que un día ingresa a Corea del Norte, sin imaginar que la Tercera Guerra Mundial está a punto de desencadenarse. Esta adictiva serie demuestra los alcances del formato.

La moda de los superhéroes tampoco se queda atrás. Destacan dos series con actores mexicanos: tenemos a Marvel’s Wolverine: La larga noche, con la voz de Joaquín Cosío —el actor famoso por su papel de El Cochiloco— interpretando al mutante de las garras de adamantio. La competencia, DC Comics, también puso al aire Batman desenterrado, en la que Poncho Herrera presta su voz a Bruce Wayne y al Hombre Murciélago.

El sonido del crimen, por su parte, es una serie policiaca que profundiza en la acústica forense, una rama de la criminalística que usa la ingeniería de audio para investigar crímenes; ésta cuenta lo que ocurre tras la desaparición de una muchacha y cómo, mediante los audios que envió antes, se investiga su paradero. Por último, tenemos Sed: la advertencia, que tiene a Tenoch Huerta en el papel estelar y plantea una interrogante que compete a todos los capitalinos: ¿qué pasará cuando la Ciudad de México se quede sin agua? En ella, un ingeniero y una periodista destapan a las autoridades que, literalmente, “chorrean” de ineptitud.

Las audioseries constituyen un tema extenso y fascinante, que hoy en día y gracias a la influencia del podcast, va creciendo en popularidad. No nos queda más que, como decía aquel programa disfrutado por nuestros abuelos, apagar la luz y escuchar… pero ahora con los audífonos conectados al smartphone o a la tablet.

Links Spotify

Caso 63

Guerra 3

Marvel’s Wolverine: La larga noche

Batman desenterrado

El sonido del crimen

Sed: la advertencia

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