Aventuras a los 50: personajes ficticios cincuentones

Aventuras a los 50: personajes ficticios cincuentones
Francisco Masse

Francisco Masse

Como nuestra civilización acostumbra dividir la historia en periodos de cien años llamados siglos, cincuenta años es un lapso representativo al ser la mitad de dicha unidad de tiempo. Y si hablamos de edades humanas, hasta finales del siglo XX esa era la esperanza de vida de gran parte de la humanidad, debido a la ausencia de vacunas y antibióticos, y a la gran mortandad infantil. Por eso, en la ficción, a menudo las personas de cincuenta años son retratadas como ancianos sabios y acabados que se encuentran en la recta final de su vida.

Pero esa regla no siempre se cumple. Para demostrarlo, aquí sabrás de cinco personajes ficticios que vivieron sus mejores aventuras a los 50 años, cuando muchos ya tienen la vida resuelta, otros han sido vencidos por el tiempo y la enfermedad, y unos más se encaminan resignados hacia la muerte. Si eres joven, quizá este recuento te haga valorar más a la gente madura; y si ya rondas “el tostón”, ojalá este artículo sacuda el polvo de tu ánimo y te recuerde que la edad es solamente un número que vive en la mente.

Don Quijote

Al “caballero de la triste figura”, uno de los personajes más importantes en las letras hispánicas, a menudo lo visualizamos decrépito, con el pelo, la barba y los bigotes completamente blancos y la espalda encorvada por la edad, mientras monta a su famélico corcel Rocinante. Pero lo cierto es que Don Alonso Quijano acababa de cumplir el medio siglo cuando enloqueció por la lectura asidua de sus libros de caballería. Así lo describe Miguel de Cervantes Saavedra:

“Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza”.

La cifra, según los analistas literarios, no fue elegida al azar. En el siglo XVII, el medio siglo —cuando se alcanzaba, algo que no era muy común— marcaba la frontera entre la adultez y la vejez, por lo que resulta doblemente absurdo y heroico que un hombre de esa edad deje atrás su vida cómoda y rutinaria para ser un caballero andante. Y tampoco sobra la alegoría de Dulcinea, una joven y rústica tendera de nombre Aldonza, idealizada por don Alonso; hoy día, diríamos que el Quijote tenía una crisis de edad madura y “andaba de rabo verde”. Pasa…

"Don Quijote", grabado de Gustave Doré
Sherlock Holmes

Según la biografía del detective más famoso del mundo, creado por el escritor británico sir Arthur Conan Doyle, este nació en 1853; así, cuando se precipitó a las cataratas de Reinchenbach con el siniestro doctor Moriarty, su archienemigo, Holmes tendría unos cuarenta años. Entonces, cuando regresó de la muerte para investigar el caso del sabueso de los Baskerville —que se cuenta en la novela The Hound of the Baskervilles (1901-1902)—, Sherlock se acercaba medio siglo. Durante el resto de sus aventuras, desde “La casa deshabitada” (1903) hasta “Shoscombe Old Place” (1927), Holmes tuvo entre cincuenta y setenta y cinco años. Y jamás se quejó de que le doliera la espalda…

"Sherlock Holmes", ilustrado por Sidney Paget (1904)
Bilbo Baggins

También conocido como “Bilbo Bolsón” en algunas traducciones españolas, es el protagonista de El hobbit (1937), la primera novela de J. R. R. Tolkien sobre las aventuras de los Baggins en la Tierra Media. Y es precisamente a los cincuenta años, siendo ya un hobbit respetable que disfruta de una vida holgada en la Comarca, cuando Bilbo emprende una jornada con el mago gris Gandalf y un grupo de trece enanos que buscan recobrar el trono y el tesoro robados por el dragón Smáug en la montaña Erebor. El viaje duraría un año; a su regreso, traería consigo un anillo que cambiaría la historia para siempre.

Martin Freeman personificando a Bilbo Baggins

Curiosamente, al iniciar su propia aventura en El señor de los anillos, el sobrino de Bilbo, Frodo Baggins, tiene también cincuenta años. Quizás, al igual que en el caso del Quijote, esta edad marca los límites de una madurez que comienza a convertirse en senectud y, quizá por esa misma razón, representa el momento perfecto para una aventura. Una “midlife crisis” en la que ahora unos pierden la cabeza por una veinteañera y otros adquieren un deportivo de color rojo, pero que antes se resolvía lanzándose a una odisea para enfrentar a temibles seres fantásticos y, al final, adjudicarse una joya fabulosa con poderes inimaginables.

Capitán Nemo

Este personaje, la máxima autoridad en un submarino llamado Nautilus, es fruto de la imaginación del escritor francés Jules Verne y aparece en una de sus narraciones extraordinarias: Veinte mil leguas de viaje submarino (1869-70). A este experimentado marino lo conocemos por las descripciones del profesor Pierre Aronnax, quien reconoce que “no podría precisar si tal individuo tenía treinta y cinco, o cincuenta años”.

La nacionalidad del capitán Nemo —una palabra latina que significa “nadie”— es incierta, pero en la secuela de las veinte mil leguas, titulada La isla misteriosa (1874-75) se revela un pasado hindú y linaje real. Se trata de un hombre alto, sombrío, culto, con gran ingenio para las máquinas y obsesionado por un misterio que lo orilla a separarse de la sociedad y recorrer la profundidad de los mares.

Grabado del libro "Veinte mil leguas de viaje submarino", de Julio Verne
Indiana Jones

Por último, tenemos al arqueólogo más celebre del planeta. Según la biografía de Henry Jones Jr. —su nombre verdadero, como supimos en Indiana Jones y la última cruzada (1989), ya que “Indiana” era el nombre del perro—, este nació en julio de 1899, de modo que durante la primera trilogía aún no rebasaba la cuarta década; pero en Indiana Jones y la calavera de cristal (2008) “Indy” contaba con 58 años de edad, pues la acción tiene lugar en 1957.

A esa edad, muchos solo piensan en la jubilación. Pero para Indiana fue una excelente edad para reencontrarse con el amor de su vida, enterarse de que después de todo sí tuvieron un hijo, combatir a los soviéticos en plena Guerra Fría… y, ya encarrerados, enfrentar a un grupo de alienígenas ancestrales que le revelan todo el conocimiento del universo antes de desaparecer en su nave espacial. Y todo, sin separarse de su sombrero y su látigo.

Escena de "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal"
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