Calles del mundo con historias y leyendas apasionantes

Calles del mundo con historias y leyendas apasionantes
Julio Báez

Julio Báez

Hay calles que recorremos para llegar de un lado a otro. Algunas más, en cambio, parecen llevarnos a otra época: caminar por un callejón del Centro Histórico de la Ciudad de México nos conduce hasta el pasado prehispánico, un pasadizo en Edimburgo es una ruta a lo sobrenatural y una antigua vía romana nos permite descubrir que, debajo del tránsito, los comercios y los edificios modernos, sobreviven historias de personajes célebres, tragedias, transformaciones políticas y leyendas que llevan siglos pasando de una generación a otra.

En estas calles del mundo, la historia se mezcla con el folclor en un entramado sostenido por el tiempo y los relatos que se cuentan de boca en boca. Por eso, incluso en estos días de vertiginosa aceleración tecnológica, al recorrerlas a veces sentimos un ligero escalofrío que no podemos definir. Pero no demos más vueltas y conozcamos algunas de ellas.

Madero: una calle que cuenta la historia de México

La actual Avenida Francisco I. Madero es uno de los mejores ejemplos de cómo una vía puede acumular distintas capas de historia. En la época prehispánica, era la sección final de la calzada que unía México-Tenochtitlan con el reino de Tlacopan, hoy Tacuba. Después, durante el virreinato, cada uno de sus tramos tuvo una denominación diferente; el más famoso fue Plateros, llamado así por los artesanos y comerciantes que trabajaban la plata y se instalaron en la zona.

Con el paso del tiempo, Plateros se convirtió en uno de los paseos más importantes de la capital. Por ahí transitaron procesiones, personajes políticos y habitantes de una ciudad que se transformaba constantemente. Su nombre actual se lo debemos a Pancho Villa, quien durante la Revolución Mexicana clavó él mismo una placa y rebautizó la calle histórica con el nombre del apostol de la democracia; hoy, una estatua del Centauro del Norte recuerda el momento.

Avenida Francisco I. Madero, Ciudad de México
La Quemada: una leyenda escrita sobre el mapa

Mucho más oscura es la historia de una calle antiguamente conocida como La Quemada, que hoy lleva el nombre de Jesús María y se ubica a espaldas del Palacio Nacional, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Durante el periodo virreinal, en esta vía vivió una joven llamada Beatriz de Espinosa, cuya belleza despertaba admiración entre los hombres y los celos descontrolados de su esposo, Martín de Scúpoli, quien retaba a duelo y acababa con la vida de todos quienes volteaban a verla.

Al ver las trágicas consecuencias que provocaba su apariencia, Beatriz tomó una decisión extrema: se quemó el rostro con brasas ardientes. Esto, desde luego, forma parte de las leyendas de la Nueva España y no debemos considerarlo un hecho histórico; pero resulta interesante que, durante siglos, una leyenda tan macabra haya permanecido en el nombre de la calle.

La Quemada, hoy calle de Jesús María, Ciudad de México

Iglesia de Jesús María, en la calle del mismo nombre del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Fleet Street: el barbero que probablemente nunca existió

Las calles legendarias no son exclusivas de México. En Londres, Fleet Street es históricamente conocida por su relación con la prensa británica, pero la cultura popular terminó vinculándola también con uno de los criminales más famosos de la ficción: Sweeney Todd.

La historia del supuesto barbero asesino de Fleet Street apareció en The String of Pearls, publicada por entregas entre 1846 y 1847. Con los años, surgieron versiones que afirmaban que Todd había sido una persona real, aunque no existe evidencia histórica sólida que permita confirmarlo. Eso no impidió que el personaje escapara de las páginas y llegara al teatro, a los musicales y al cine, convirtiéndose en parte del imaginario londinense.

Fleet Street, Londres
Royal Mile: callejones donde sobreviven los fantasmas

Edimburgo llevó la relación entre ciudad y leyenda aún más lejos al hablar de la Royal Mile. A ambos lados de esta histórica vialidad existen numerosos closes, que son estrechos pasajes surgidos como consecuencia del desarrollo urbano medieval. Actualmente se conservan más de doscientos cincuenta en la ciudad, muchos de ellos concentrados en el llamado “Pueblo Viejo”.

Uno de los más famosos es Mary King’s Close, una calle del siglo XVII que quedó parcialmente oculta bajo construcciones posteriores. Historias sobre epidemias, muertes, apariciones y habitantes olvidados terminaron envolviendo el lugar en una atmósfera legendaria. Actualmente puede visitarse y su recorrido distingue entre acontecimientos históricos y relatos surgidos del folclor local.

Royal Mile, Edimburgo
Via Appia: caminar sobre más de dos mil años

Hay calles que no necesitan fantasmas, pues tienen suficiente historia para provocar asombro. La Via Appia comenzó a construirse en el año 312 a.C. bajo la autoridad de Apio Claudio “el Ciego”, y originalmente conectaba Roma con Capua; después, se extendió hacia el sur de Italia. Su primera función fue estratégica y militar, aunque terminó convirtiéndose también en una arteria comercial y cultural.

Más de dos mil años después, partes de aquella vía continúan existiendo: la ruta empedrada, tumbas, monumentos y restos arqueológicos acompañan un recorrido que permite comprender hasta qué punto una carretera podía servir como instrumento de expansión política, económica y cultural. Por su extraordinario valor histórico, la UNESCO incluyó la Via Appia en la Lista del Patrimonio Mundial.

Via Appia, Roma
Las calles también recuerdan

Una ciudad nunca termina de construirse. Sus habitantes cambian, los edificios se transforman y las autoridades sustituyen nombres antiguos por otros nuevos, pero algunas historias permanecen adheridas a los lugares donde ocurrieron. Por eso, las calles son en cierto modo una memoria urbana: a veces sabemos con precisión qué pasó; otras, la historia se mezcla con la leyenda y la imaginación popular hasta que resulta difícil separar una de las otras.

Basta caminar con un poco de atención para descubrir que, debajo de la ciudad que conocemos, siguen existiendo otras ciudades hechas de recuerdos, relatos y episodios que, aunque ya no aparezcan en mapas, placas o en la historia oficial, el tiempo jamás consiguió borrar.

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