Cinco maneras de ayudar a alguien que sufre

Cinco maneras de ayudar a alguien que sufre
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Por la imagen que proyecto al exterior, mucha gente piensan que soy una persona fría, calculadora, medio insensible y que incluso goza un poco con el dolor ajeno. Pero puedo afirmar que eso es solo una apariencia, pues lo cierto es que pocas cosas me pueden sacudir más que ver a un ser vivo sufriendo. Y si un animal atropellado, lastimado o hambriento puede llevarme hasta las lágrimas, con más razón me conmueve ver a alguien que sufre por un dolor físico o emocional.

Y entonces, surge el impulso de ayudar, de aminorar o de frenar, si es posible, ese sufrimiento; pero, ¿cuáles son las mejores manera de hacerlo? Desde luego, ayudar a incorporarse a alguien que sufrió una caída resulta obvio y fácil; pero, ¿qué se hace con una amiga o amigo que está divorciándose o enfrentando un duelo porque perdió a su papá, el empleo de años o una mascota tan querida que le duele hasta la médula? Aquí algunos sencillos consejos.

Escuchar y validar
1. Escucha y valida

Muchas veces, lo que necesita una persona que sufre no son consejos, frases de consuelo o memes de motivación, sino alguien que la escuche sin juzgar, sin interrumpir y sin tratar de resolver nada. Solo tener el espacio seguro y la confianza para desahogarse, elaborar el duelo y expresar todas las emociones encontradas que bombardean el cerebro y el corazón.

Luego, ya que la persona haya terminado, valida sus sentimientos; es decir, no la apresures a “levantarse” o a sentirse mejor. En lugar de eso, dile que “está bien no estar bien” y que se tome el tiempo necesario para recuperarse.

2. Permite el silencio o la emoción

Por otro lado, hay personas que ante los duelo, pérdidas o crisis, reaccionan con silencio. Les preguntas si quieres que les llames y te dicen que mejor mañana, que no tienen ganas de hablar… y eso está bien, permítelo y acéptalo. Muchas veces, más que palabras de aliento o consuelo, el alma solo necesita sentir el apoyo de alguien más ahí junto, en silencio, sin decir palabras; quizás una mano en el hombro o, si hay la confianza, un abrazo fuerte, sean un remedio mejor para el sufrimiento que un speech motivacional sobre la resiliencia. Se trata de darle al otro, no lo que tú crees conveniente, sino lo que él o ella necesitan…

Permitir el silencio
3. Ofrece ayuda concreta

Mucha gente, ante trances difíciles, suele decir frases como: “Llámame si necesitas algo, lo que sea”, lo cual no está mal y tiene buenas intenciones, pero acaba imponiendo trabajo y esfuerzo emocional a la persona doliente, que con frecuencia lo menos que tiene es energía para invertir en contactar a alguien.

En lugar de eso, realiza actos de ayuda concretos y útiles: llévale una comida o cena caliente, invítala a comer o, bien, ofrece ir a su casa a ayudarle con los platos, la ropa sucia o el quehacer, a recoger a los hijos o a pasear al perro; o, si la crisis es económica y tienes posibilidad de hacerlo, desinteresadamente ofrece un préstamo a largo plazo o un apoyo económico simbólico o temporal. Recuerda que el duelo consume tu energía y tus ganas de vivir; en ese trance, es cuando más ayuda externa puede necesitar una persona.

Ofrecer ayuda concreta
4. Evita las frases hechas

Por favor, evita clichés como “Ya está en un lugar mejor”, “Recuérdala cómo era” o “Toda crisis es una oportunidad”, pues eso es tanto como minimizar o denostar su dolor o sufrimiento. En lugar de eso, de nuevo, valida su dolor diciendo algo como: “Lo siento mucho, es terrible lo que acaba de suceder, no es justo, nadie debería estar pasando por eso”. Trata de pensar en términos de empatía y consuelo, no con positividad tóxica, y no trates de levantar a esa persona si lo que necesita es tiempo para procesar su dolor. Empatiza en verdad, no solo cumplas con lo que socialmente se considera correcto.

5. Da seguimiento

Cuando un primo mío muy joven murió, toda la familia se aremolinó en torno a sus papás y su hermano durante un par de semanas, visitándolos, llamándoles por teléfono y llevándoles regalos. Pero, poco a poco, como es natural, todos retornaron a sus actividades y fueron dejándolos solos… excepto quien era mi esposa y yo, que seguimos visitándolos con frecuencia durante años.

Hoy en día, décadas después del triste suceso, aún hablo de vez en cuando con mi tía…que ni siquiera es mi tía, sino hoy viuda de mi tío. Y creo que de eso se trata: de hacer acto de presencia cuando la obligación termina y la soledad, el silencio o la ausencia pueden ser insoportables.

Dar seguimiento
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