Comprender, no memorizar: cómo enseñar a los niños

Comprender, no memorizar: cómo enseñar a los niños

José C. Sánchez

José C. Sánchez

Inspiración

Es momento de realizar un viaje al pasado. Tenemos que ir a aquella lejana, o quizá cercana, infancia en la que éramos felices, probablemente sin saberlo. ¿Recuerdas cuando eras un niño en la escuela? No sé si te pasó igual que a mí, pero muchos disfrutábamos más la hora del recreo que las clases, y eso que de vez en cuando las clases no eran tan aburridas.

¿Te acuerdas de cómo esos “monstruos” de los profesores, o de tus padres, te ponían a estudiar?, ¿te obligaban a memorizar inacabables listas de fechas para Historia?, ¿o a memorizar todas las tablas de multiplicar? ¡Ay, las matemáticas y sus fórmulas!, y las molestias de aprenderse todo eso de “sujeto, verbo, predicado…” para Español.

Al principio, memorizar puede ser una buena estrategia, pero el tiempo avanza y no da cuartel. Desde luego, a veces es útil, y quizás hasta necesario, memorizar ciertos datos; pero para eso hace falta tener buena capacidad de retención y también, en numerosas ocasiones, cierto gusto por ser un lorito que repite y repite lo mismo, muchas veces sin comprender nada.

En una de mis primeras clases de historia, me aprendí todo un discurso lleno de datos y fechas. Claro, todo salió bien, pero una o dos horas después de mi clase ya había olvidado todo. Si tuviste la mala —o buena— suerte, como yo, de encontrarte en algún momento de tus años escolares con un profesor que te dijera: “Muy bien, tienes una excelente memoria, ahora dime lo que entendiste con tus palabras”, seguramente en ese momento te diste cuenta de que todo se venía abajo.

Sólo memorizar no es suficiente, y muchas veces en la escuela nos obligaron a memorizar datos que, a menos que escribas para una revista o te guste hacer una referencia oscura en una plática intrascendente, no creo que ocupes a diario. Y también sufrimos con los “malditos” libros, ¡qué fijación tienen los profesores con poner a los niños a leer a los clásicos! Por suerte ya hay colecciones para chavitos que hacen más amenas muchas de estas obras. Antes, leer a Dickens o a Galdós podía ser un verdadero martirio.

En fin, todo este preámbulo es para abordar nuestra pregunta clave: ¿cómo enseñar a los niños a comprender en vez de memorizar? Pero primero, y por motivos de espacio, me permitiré una pequeñísima digresión y les recomendaré a ustedes, lectores preocupados por la educación de los niños, unas cuantas cosas: investiguen sobre la ludificación o gamificación [1] , y busquen contenido sobre la educación en Finlandia, una de las mejores del mundo. ¿Sería posible utilizar, o adaptar, en Latinoamérica algunas de sus ideas?

Por último, si tienen niños pequeños, léanles cuentos, esto último para inculcarles el amor por los libros, antes de que la escuela los haga odiarlos —o peor aún, memorizarlos.

Inculcarles el amor por los libros...

En lo personal, yo me he desempeñado como mediador de lectura para niños, y parte de mi trabajo ha consistido en preparar actividades que buscan fomentar la lectura en la infancia. Cuando tuve que llevarlas a cabo, me sorprendió que varios de los pequeñines que participaban conmigo prefirieran las actividades que yo había diseñado a otras de carácter más “físico”, como karate o ballet.

La mayoría de las veces trabajamos desde el juego, y no desde un ámbito disciplinar. Mi idea era crear un programa más libre que no se entendiera como un deber escolar. Creo que ahí está la clave, o mejor, las claves de todo el asunto.

Trabajar con niños requiere una planeación de carácter lúdico. Para que ellos comprendan mejor las cosas siempre me he servido del juego: el cuentacuentos, por ejemplo, captura la atención de los niños y es a partir de ahí que ellos empiezan a realizar más actividades relacionadas con la lectura.

Por otro lado, juegos como el memorama de palabras ayudan más que sólo leer y memorizar; también pueden usarse proyecciones de cine para tratar temas de interés y un sinfín de otras herramientas que no terminaría de enumerar en este pequeño texto, pero es importante destacar que, dado que en esta época digital los niños, por desgracia —o por fortuna— están más apegados a la tecnología, es muy importante aprovechar todos los nuevos medios y recursos.

Dejar tareas que se realicen con medios digitales es primordial, pues los niños de hoy aprenden mejor a través de ellos, ya que están tan acostumbrados a los entornos digitales que, sin duda, pueden considerarse como su ambiente “natural”. Las posibilidades en este sentido son también vastísimas.

El otro día, por ejemplo, encontré un podcast sobre teoría de conjuntos que exponía el tema de una manera tan simple y divertida que me pareció excelente para esos estudiantes aterrorizados por las matemáticas.

Al trabajar con niños, no hay que olvidar que tenemos un gran recurso a nuestra disposición: el juego. Y esto, además, se extiende al ámbito familiar. En nuestra casa también podemos valernos del juego para ayudar a los pequeños. Podríamos ver algunos tutoriales en YouTube sobre experimentos divertidos, o sobre juegos para ejercitar las habilidades de comprensión y llevarlos a la práctica; de este modo nuestros niños jugarán, se divertirán, pero también estudiarán e irán mucho más allá de la simple y mecánica memorización.

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[1] El término “gamificación” es la hispanización de “gamification” —del inglés game, ‘juego’. En la literatura latinoamericana es usual encontrar el término “ludificación”. A grandes rasgos, puede definirse como la implementación de mecánicas y dinámicas provenientes de los juegos al ámbito educativo o profesional. Existe una vasta literatura sobre la ludificación en campos como la psicología y la pedagogía.

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