De Woodstock a Coachella: línea de tiempo de los festivales musicales

De Woodstock a Coachella: línea de tiempo de los festivales musicales
Julio Báez

Julio Báez

Algunos festivales musicales duran tres días y eso basta para que se conviertan en leyendas; otros llevan décadas existiendo y parecen empeñados en continuar hasta que la música se agote… o hasta que ya no haya bandas dispuestas a tocar bajo el sol inclemente. La historia de los grandes festivales musicales está construida con ambos ejemplos: los eventos que sucedieron sólo una vez y quedaron tatuados en la memoria colectiva, y aquellos que se repiten año tras año, evolucionando con la industria, el público y las modas.

Pero, ¿cuáles han sido los principales festivales que quedaron grabados en la memoria colectiva de miles de personas, aunque no hayan estado presentes? Aquí los ejemplos más relevantes, en orden cronológico.

Monterey International Pop Festival (1967)

Este fue el festival que encendió la mecha. Se celebró en dicha ciudad californiana entre el 16 y el 18 de junio del 1967 y constituyó la primera gran reunión del rock como fenómeno cultural y social. Aquí, Janis Joplin —al frente de Big Brother & the Holding Company, su banda— dejó al mundo boquiabierto con su interpretación, Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en el escenario y The Who demostró que destruir instrumentos puede ser un acto artístico.

Woodstock Music and Art Fair (1969)

El más famoso de todos, con medio millón de personas congregadas en un campo de Bethel, Nueva York, del 15 al 18 de agosto de 1969: tres días de lluvia, lodo y música que definirían a toda una generación. Carlos Santana tocó la guitarra como si el mundo fuera a acabarse, Joan Baez cantó con un embarazo de seis meses y Jimi Hendrix cerró con una desgarrada y eléctrica versión del himno estadounidense. Se intentó repetir el festival en 1994 y 1999, pero ambas ediciones quedaron muy lejos de la original.

Altamont Free Concert (1969)

La contracara de Woodstock. Fue organizado por The Rolling Stones en la pista de carreras de Altamont, California, con entrada gratuita y seguridad a cargo de los Hells Angels, una violenta pandilla de motociclistas que los acompañaba en sus giras. ¿El resultado? Sobrecupo, peleas, caos generalizado y la trágica muerte por apuñalamiento del espectador Meredith Hunter —que intentó subir al escenario y sacó una pistola calibre 22—, captada en cámara durante la interpretación de “Under My Thumb”. Este festival se considera la prueba de que la utopía hippie tenía grietas y de que no todo era amor y paz.

Altamont Free Concert (1969)

Isle of Wight Festival (1968-1970, 2002-presente)

Llamado por algunos el “Woodstock británico”, este festival que inició en 1968, dos años después logró algo que parecía imposible: reunir a 600 mil personas en una pequeña isla para ver a The Doors en su última actuación filmada, a Jimi Hendrix, Joni Mitchell, Leonard Cohen y a Emerson, Lake & Palmer, además del jazzista Miles Davis. La multitud fue tan grande que el gobierno cambió la ley para impedir eventos así. Luego de tres décadas de ausencia regresó en 2002, más controlado pero con el mismo espíritu de mezclar leyendas musicales con talentos emergentes.

Montreux Jazz Festival (1967-presente)

Nació junto al lago Ginebra, en Suiza, como un evento cien por ciento jazzístico; pero pronto abrió sus puertas al blues, al rock y al pop. Su escenario ha visto pasar a Miles Davis, Ella Fitzgerald, Prince y Deep Purple, quienes inmortalizaron el lugar con su canción “Smoke on the Water”, cuya letra cuenta el incendio del casino en 1971. A la fecha, es uno de los festivales musicales con mayor prestigio y archivo histórico del mundo.

Lollapalooza (1991-presente)

Originalmente era la gira de despedida de la banda alternativa californiana Jane’s Addiction, pero pronto se convirtió en un festival nómada que mezcló rock alternativo, rap, metal y punk en la década de 1990. Hoy tiene ediciones en Chicago, Buenos Aires, Sao Paulo, Berlín y otras ciudades, manteniendo su característico sello de eclecticismo y energía.

Lollapalooza (1991-presente)

Coachella Valley Music and Arts Festival (1999-presente)

Situado en pleno desierto californiano,desde 1999 el festival de Coachella ha sido un escaparate de tendencias musicales, moda y cultura pop. Aquí han sucedido reuniones históricas como las de Outkast o Rage Against the Machine, y actuaciones virales como la de Beyoncé en 2018. Uno de los pocos lugares donde lo mainstream y lo alternativo conviven de forma armónica.

Glastonbury Festival (1970-presente)

Nacido en una granja de Somerset, Inglaterra, el festival de Glastonbury mezcla música, arte, activismo y una mística que lo hace único. Es tan grande que funciona como una ciudad temporal, con su propio mapa, “vecindarios” y hasta políticas internas. Ha albergado a artistas de la escena británica, desde David Bowie hasta Billie Eilish, pasando por Oasis, Blur y Radiohead.

Glastonbury Festival (1970-presente)

Rock in Rio (1985-presente)

En 1985, Brasil demostró que podía organizar uno de los festivales musicales más grandes del planeta. Su primera edición reunió a Queen, AC/DC, Iron Maiden y Rod Stewart frente a un público de 1.5 millones de personas. Hoy también se lleva a cabo en ciudades como Lisboa, Madrid y Las Vegas, manteniendo su vocación de macroevento global.

Tomorrowland (2005-presente)

El último de la lista, que Bélgica convirtió en la meca de la música electrónica con escenarios que parecen castillos de fantasía, alucinantes gráficos en pantalla, fuegos artificiales sincronizados y DJs que logran mover multitudes como si fueran un solo organismo. Es un ejemplo de cómo la tecnología y el espectáculo visual pueden potenciar la experiencia musical.

¿Por qué algunos festivales marcan la historia y no se repiten con el mismo éxito? Quizá porque parte de su encanto radica, justo, en su carácter efímero: saber que nadie volverá a vivir algo exactamente igual. En cambio, los que se llevan a cabo año tras año construyen comunidad, identidad y tradición, pero corren el riesgo de diluir su esencia en el intento de reinventarse.

Hoy, los festivales enfrentant nuevos retos: precios de boletos cada vez más elevados, transmisiones en streaming que permiten verlo todo desde casa y un público que, más que solo música, exige inmersión, interacción y un mensaje detrás. Pero mientras haya artistas dispuestos a tocar en vivo y multitudes listas para dejarse llevar por la música… seguirá habiendo festivales. ¿A cuáles has asistido?

Recibe noticias de este blog