Jugar a ser Dios: Frankenstein y su criatura en la cultura pop

Jugar a ser Dios: Frankenstein y su criatura en la cultura pop
Bernardo Monroy

Bernardo Monroy

La historia ha fascinado a millones durante siglos: un estudiante de medicina quiere jugar a ser Dios y él mismo infunde vida a una ser; pero, para su desgracia, éste decide rebelarse contra su creador. Desde luego, hablamos del doctor Víctor Frankenstein y de su criatura, quienes son protagonistas de una de las obras maestras de la literatura, misma que dio origen a una de las películas emblemáticas del séptimo arte, cuyo más reciente remake —realizado por el mexicano Guillermo del Toro— se estrena en Netflix este 7 de noviembre.Las historias de vampiros se cuentan por miles y muchas de ellas han fascinado —y seguirán encantando— a generaciones enteras. De entrada está el clásico de clásicos, Drácula (1897) de Bram Stoker, o sus precursores Varney el vampiro (1847) de James Malcolm Rymer y Thomas Peckett Prest, y Carmilla (1872) de Sheridan Le Fanu; también cabe mencionar la saga de las Crónicas vampíricas de Anne Rice o el mundo creado por Charlaine Harris, donde convergen con naturalidad humanos y vampiros, el cual acabó convertido en la serie True Blood (2008-2014).

Cartel de la película "Frankenstein" dirigida por Guillermo del Toro (2025)

Desde su publicación el primero de enero de 1818, la novela de Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, ha dado de qué hablar, pues como ocurre con la mejor literatura, ésta aborda temas universales y examina a fondo la condición humana. A través de Víctor y de su criatura, nos reflejamos nosotros mismos: la responsabilidad, la arrogancia, la culpa, el aislamiento son tan solo algunos de los aspectos en los que profundiza.

Hoy en día, el personaje y el libro están más vivos y vigentes que nunca con el estreno de la nueva adaptación cinematográfica. Y algo que llama la atención es que, a pesar de su indiscutible calidad literaria, Frankenstein se ha convertido en un ícono de la cultura pop: tanto ha permeado en el inconsciente colectivo que usamos ese nombre para nombrar un objeto armado de partes inconexas, y nunca faltan aquellos que confunden el nombre de la criatura con el del doctor. Y aunque millones de personas no tengan idea de quien fue Mary Wollestonecraft Shelley, cualquiera ubica al monstruo de dos metros, cabeza cuadrada, piel verde y tornillos en el cuello —aspecto que, por cierto, poco tiene que ver con la descripción original de la criatura.

Boris Karloff caracterizado como la criatura

Este es un recuento de cómo nació el personaje, de su desarrollo y de la forma en que saltó a la inmortalidad, en un recorrido de más de doscientos años en los que surgen nombres como Lord Byron, la ya mencionada Shelley, actores como Boris Karloff, Robert De Niro y Kenneth Branagh, y claro: cineastas como James Whale o nuestro paisano, Guillermo del Toro.

El origen

Como muchas historias, esta empieza en una noche oscura y siniestra; en concreto, la del 16 de junio de 1816 en Villa Diodati, a orillas del Lago Leman, en Suiza. Un grupo de amigos literatos está reunido en una mansión y uno de ellos, el anfitrión, propone el reto de escribir una historia de terror, pues el clima —que en aquel “año sin verano”[1] parecía haber enloquecido— era propicio. Los amigos en cuestión eran: Lord Byron, quien tuvo la idea; su médico, John William Polidori; el brillante poeta Percy Bysshe Shelley; su amante, Mary Wollstonecraft Godwin, y la hermanastra de ésta, Claire Clairmont.

De todas las historias, surgieron dos que marcarían para siempre el género de terror: la de Polidori, que se tituló El vampiro e inauguró el género del vampiro romántico; y Frankenstein, de la señorita Wollstonecraft, quien a finales de ese mismo año se casaría con Percy y sería conocida como Mary Shelley. Aquel fue un relato inicial que desarrollaría con el paso de los años; primero lo publicaría en 1818 y, posteriormente, sería reeditado en 1831.

Desde el título, Shelley hace alusión a Prometeo, el titán de la mitología griega que creó a la humanidad y le otorgó el fuego —y que, por ello, recibió un castigo en extremo doloroso, el cual no describiremos aquí—. El subtítulo de la novela obedece a que Prometeo creó a los hombres a semejanza de los dioses… del mismo modo que Víctor Frankenstein confeccionó su criatura a imagen y semejanza de él mismo.

Escena de "Frankenstein" dirigida por James Whale (1931)

¡Está vivo, está vivo!

Ahora, abandonemos Suiza y viajemos al Hollywood del año 1931, cuando se estrenó la más famosa adaptación al cine de Frankenstein. Hablamos de la versión dirigida por James Whale, protagonizada por Boris Karloff y Colin Clive, y producida por los Estudios Universal. Es gracias a ella que muchos conocimos al monstruo desde la más tierna infancia —aunque otros vieron primero a la criatura en un adorno de Halloween o en un dibujo animado.

Hay que subrayar que la criatura encarnada por Karloff es distinta a la que describe Shelley: en la novela, ésta tiene una larga cabellera y piel amarillenta, no verde —dicho color se eligió porque retrataba mejor en el cine blanco y negro—; por otro lado, en la cinta el monstruo es lento y de caminar torpe, mientras que el original es sumamente culto y elocuente. Además, en el libro no aparece la escena —una de las más recordadas en la historia de la cinematografía mundial— donde el doctor se da cuenta que la criatura empieza a moverse y grita: “¡Está vivo! ¡Está vivo!”. En el original tampoco existe el criado Igor y Frankenstein se llama Víctor, no Henry.

Como haya sido, la creación de Whale y la soberbia interpretación de Karloff convirtieron a la criatura en un emblema del cine de terror del siglo XX. Hoy, James Whale es considerado uno de los directores más relevante de su tiempo y un emblema de la cultura gay, pues tuvo el valor de declararse abiertamente homosexual en una época donde los prejuicios estaban a flor de piel… pero ese es tema para otra ocasión. El lector que esté interesado en este capítulo de la historia hollywoodense, puede ver la película Dioses y monstruos (1998) de Bill Condon.

El legado

De entre las múltiples adaptaciones que ha tenido este clásico, una de las más recordadas es Mary Shelley’s Frankenstein (1994), dirigida por Kenneth Branagh, producida por Francis Ford Coppola y protagonizada por Robert De Niro, Helena Bonham Carter y el propio Branagh. Esta versión es mucho más apegada a la original y comienza con la introducción de Shelley a su novela, donde expresa su propósito: crear una historia “que abordara los misteriosos temores de nuestra naturaleza y despertara un horror estremecedor; una que hiciera que el lector temiera mirar a su alrededor, que le helara la sangre y le acelerara el corazón”.

¡Y vaya que lo logró! Si no has visto la clásica de 1931 o la versión noventera, te recomendamos hacerlo en lo que esperamos el estreno en plataformas del más reciente trabajo cinematográfico de Del Toro, porque no cabe duda que tanto la criatura como su creador… ¡están vivos!

Cierre artículo

[1] Se refiere a la anomalía en el clima mundial debido a una caída histórica en la actividad solar y a la erupción del monte Tambora, en Indonesia, la más grave registrada en la historia. [N. del E.]

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