La férrea convicción de Juana de Arco

La férrea convicción de Juana de Arco

Imagen: Detalle de Jeanne d’Arc écoutant les voix, de Eugène Romain Thirion (1876)[1]

Josué Ortega Zepeda

Josué Ortega Zepeda

Inspiración

Personas que inspiran

No había hombre que pudiera con ella,
ni en el arado ni en la espada.

Eduardo Galeano

Hacia el final de la película V for Vendetta, el icónico antihéroe con máscara de Guy Fawkes alecciona a su brutal agresor con una de las frases más memorables de la película: “Debajo de este disfraz, piel, músculos y huesos, yace una idea. Y las ideas son a prueba de balas”. ¿Qué actitudes y acciones son necesarias para que una persona se transforme en un ideal, un ícono, un estandarte, una leyenda?

Juana de Arco —también conocida como la Doncella de Orleans— vio su primera luz hacia 1412 en una granja de Domrémy, en el este de Francia. La llamada Guerra de los Cien Años había comenzado setenta y cinco años atrás y había dejado prácticamente devastada la tierra gala tras la aplastante marcha del ejército inglés.

Según los testimonios que se conocen, la niña Juana era piadosa y poseía un gran fervor religioso. Ella misma aseguró que a los trece años, encontrándose en el jardín de su padre, escuchó la voz del arcángel Miguel diciéndole que ella derrotaría a los ingleses en la ciudad de Orleans.

Más allá del misticismo y las revelaciones, sabemos que Juana de Arco marcó una gran diferencia, favoreciendo a Francia, en el curso de la Guerra de los Cien Años. Los medievalistas admiten que no se puede disociar a la figura de Carlos VII con la de la Doncella, pues ella jugó un papel importantísimo para que aquél accediera a la corona francesa. En 1930, Juana fue capturada, vendida a los ingleses y llevada a Ruan, en Normandía. Tras un juicio —que menos de veinte años después se determinó revisar por injusto—, Juana de Arco fue declarada culpable de brujería, herejía y travestismo. Murió en la hoguera el 30 de mayo de 1431. Tenía apenas 19 años.

Hermann Stilke, 'Muerte de Juana de Arco en la hoguera', 1843

Hermann Stilke, Muerte de Juana de Arco en la hoguera, 1843.

Los límites entre la Juana histórica y la leyenda de la Doncella de Orleans parecen ser altamente permeables, pues la línea que divide al personaje histórico de la heroína legendaria se desdibuja fácilmente. Es muy fácil pasar de la estratega militar a la virgen guerrera, a la santa, a la niña tocada por Dios que efectivamente oía a los ángeles y a los santos —después de todo, Juana de Arco fue beatificada en 1909.

Para algunos una santa, para otros, una histérica. Se ha especulado sobre la naturaleza de sus visiones, y varios psiquiatras y neurólogos afirman que padecía esquizofrenia. Algunos historiadores, por el contrario, dicen que las visiones pueden explicarse más fácilmente apelando a la mentalidad del siglo XV, y a razones más cercanas a la cultura. Es concebible, pues, que la Doncella pueda ser vista como una líder implacable o como una pobre niña manipulada por las altas esferas de poder.

Ahora bien, ¿por qué surgen estos fenómenos que mezclan lo real con lo ficticio, la historia con las leyendas? Alejandro Jodorowsky, en numerosas conferencias y libros, ha hablado de las mentiras sagradas: fábulas, leyendas y parábolas que, incluso ajenas a una verdad histórica, en su esencia esconden la gema de una verdad espiritual; el camino hacia una transformación, hacia algún tipo de libertad.

La historia de Juana de Arco contiene una verdad histórica, pero también, en alguna medida, una mentira sagrada. Siendo analfabeta y apenas una adolescente, en una época en la que no sólo era necesario ser hombre, sino también noble o clérigo para tener opinión, Juana demostró una convicción monumental que la llevó a triunfar donde parecía imposible y la mantuvo sin titubear hasta el último soplo de su vida.

Quizá no fue un aliento divino ni su alianza angelical lo que la llevó a trascender sus límites físicos e históricos, sino una muy terrenal y humana virtud: la convicción. Tal vez fue eso lo que la transformó en un emblema de la mujer fuerte, decidida, que no rinde cuentas más que a sus propias creencias ni necesita justificarse por su impar manera de ser, de pensar, de sentir y de actuar.

Albert Lynch, Juana de Arco, 1903

Albert Lynch, Juana de Arco, 1903.

Con esto en mente, a continuación transcribiré algunas de las frases atribuidas a Juana de Arco para reflexionar un poco sobre ellas[2]:

  • “A veces las personas creen en poco o nada y por eso dan sus vidas a poco o nada”. Dicen que “quien nace para maceta, no pasa del corredor”; esto, además de ser una gran mentira, es una creencia limitante. Creer en grande sobre uno mismo hace que uno se haga grande.
  • “Mejor la integridad en las llamas que sobrevivir en la retractación de la verdad”. Hay que descubrir quiénes somos y ser nosotros mismos siempre, hasta las últimas consecuencias.
  • “La ropa no hace a la gente”. Importa quiénes somos, no cómo nos veamos.
  • “Dios desprecia la tranquilidad de las almas que destinó para la batalla”. Si quieres ser escritor, escribe. Si quieres ser músico, haz música. No se trata de mandatos divinos, sino de seguir lo que nuestro corazón nos dicta. No te dejes someter por la mediocridad, el fruto de la comodidad.
  • “Cuando Dios pelea, es de poca importancia si la espada es grande o pequeña”. Cuando la voluntad es grande, no importa nuestra proporción. Gandhi dijo al respecto que un esfuerzo total es una victoria total.
  • “Todas las batallas se ganan o se pierden primero en la mente”. Si antes de encarar el obstáculo nos sentimos vencedores, llevamos ganada la mitad de la batalla.
  • “No tengo miedo. Yo nací para hacer esto”. ¡Convicción, convicción, convicción! La convicción de un propósito tal vez no extinga el miedo por completo, pero sí nos dará el impulso necesario para avanzar siempre.

Para finalizar, me gustaría recomendarle al lector la versión cinematográfica de la historia de Juana de Arco, The Messenger: The Story of Joan Of Arc —dirigida por Luc Besson. A mi juicio, dicho filme retrata magistralmente la tensión y, a pesar de ella, el perfecto equilibrio entre la mujer simple, imperfecta y limitada, y la Guerrera de Dios, la santa patrona de los rebeldes, de los que se imponen y vencen por un propósito más grande que ellos.

Cierre artículo

[1] La pintura muestra el asombro de Juana de Arco teniendo una visión en la que escucha la voz del Arcángel Miguel. Dominio público.

[2] Las frases han sido extraídas del sitio Psicología y Mente.

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