Las cinco etapas del duelo: conocerlas para saber acompañar

Las cinco etapas del duelo: conocerlas para saber acompañar

Alan Flores Soto

Alan Flores Soto

Inspiración

Hay pocas cosas más difíciles de superar que la muerte de un ser querido. Por más que hayamos tenido tiempo para asimilar la idea —ya sea por una enfermedad terminal o edad avanzada—, decir adiós nunca es fácil. Y es que, a pesar de que la muerte es parte de la vida, cuando perdemos a un ser querido el dolor que deja su ausencia es capaz de cambiarnos para siempre.

El duelo por una muerte es un proceso necesario y ayuda a que aceptemos ésta como algo natural. Si bien cada uno lo vive de manera diferente —y éste puede durar una semana, un mes, un año o toda la vida—, en general todos pasamos por lo que los psicólogos identifican como las “cinco etapas del duelo” derivadas del modelo Kübler-Ross.[1]

Negación

A continuación, explicaré en qué consiste cada una de estas etapas y, también, el modo en que familiares y amigos de alguien que está afrontando una pérdida pueden ayudarle a transitar el proceso.

1. Negación

En esta etapa, la persona intenta negar la realidad de todas las formas posibles, a veces ignorando los eventos externos y reprimiendo sus emociones. En la negación fingimos que nada ha cambiado, o bien, intentamos eludirnos y distraernos con otra cosa. Y aunque al hacer esto uno acumula mucha negatividad, tal desapego nos da tiempo para asimilar poco a poco la situación.

Hay que recordar que la negación es una reacción normal ante una situación difícil, pues la mente nos protege de todo aquello que nos causa dolor. Se recomienda no perder contacto con la persona y ayudarla a regresar a la realidad haciéndole preguntas que esté evitando responder —por ejemplo, ¿cómo te sientes con lo que sucedió?—, lo que le ayudará a ver el asunto desde un punto de vista diferente. En muchos casos, esta etapa dura unas semanas.

2. Ira

Después de la negación y una vez que la persona empieza a asimilar la situación, inicia una de las etapas más difíciles: en esta, la persona experimenta estallidos de ira, piensa que nadie la entiende y busca algo o alguien con quien desquitar su enojo y su frustración; por ejemplo, con amigos, familiares, desconocidos e incluso consigo misma, llegando al punto de castigarse o hacerse daño.

Para ayudar a alguien en esta situación, se puede intentar canalizar toda esa energía hacia alguna otra actividad. También es importante no tomarse muy a pecho las emisiones negativas de la persona; recuerda que esta etapa es más rápida que las demás y sólo se prolonga en casos excepcionales.

Ira

3. Negociación

Cuando la persona se da cuenta de que no tiene sentido buscar culpables, intenta rectificar la situación a través de la negociación: pensar en formas en que habría podido evitar el desenlace final y hacerse preguntas como “¿Qué habría pasado si…?” o “¿Y si hubiera hecho tal cosa…?” Lo anterior hace que la persona alimente la ilusión de que lo ocurrido puede revertirse y de que todo podría volver a ser como antes.

Esta etapa dura varias semanas, pero en algunos casos se prolonga por tiempo indefinido. Como sea, superarla es cuestión de tiempo, después del cual uno se da cuenta de que los intentos de revertir la situación no dan resultado.

4. Depresión

Esta etapa es una de las más difíciles y prolongadas. La persona puede hacer sus actividades y comportarse con aparente normalidad, pero sufre en silencio y llega a abandonarse a sí misma, a dejar de comer o de arreglarse; además, siente un desgano profundo y un completo agotamiento físico y mental. En esta fase, la persona mira al mundo que la rodea a través de un filtro gris y corre el riesgo de llegar al abuso de sustancias, ya que busca algo que la ayude a mitigar el abatimiento, la tristeza y la culpa.

Durante esta etapa, la mejor forma de obtener ayuda es con un psicólogo o cualquier otro profesional de la salud mental, pues si no se atiende, puede convertirse en depresión crónica, un problema psicológico grave.

5. Aceptación

Pasada la depresión, la persona comienza a pensar racionalmente y a aceptar la situación, aprende a convivir con su dolor emocional en un mundo en el que su ser querido ya no está, admite que el duelo no le permite vivir con normalidad y entiende que, para seguir adelante, es necesario superarlo. Es el momento en que una persona comienza a ver nuevas oportunidades y a pensar de manera positiva. Después de la etapa de aceptación, uno comienza “una nueva vida”.

Aceptación

¿Por qué se necesita comprender y conocer estas etapas?

Aunque en general un duelo sigue el modelo Kübler-Ross, no todas las personas experimentan todas las etapas ni siguen ese orden específico. Pero si alguien que conoces lo está sufriendo, es importante saber por lo que puede estar pasando antes de intentar ayudarlo. Y si tú estás pasando por este proceso, entenderlo puede ayudarte a transitar por las fases sin atorarte en ellas, y a buscar ayuda si es necesario. Recuerda que cualquier final es el comienzo de algo nuevo; como un hombre sabio dijo una vez: “Mientras que haya vida, hay esperanza”.

Cierre artículo

[1] Este modelo data de 1969 y surgió del libro On Death and Dying de la psiquiatra suizo-estadounidense Elizabeth Kübler-Ross. Sus observaciones provienen de años de trabajo con personas con enfermedades terminales y, aunque originalmente se diseñó para personas enfermas, estas etapas se han adaptado para experiencias de pérdida.

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