Neuroplasticidad: ¿cómo favorecerla para aprender más rápido?

Neuroplasticidad: ¿cómo favorecerla para aprender más rápido?

Montserrat Aguilar

Hasta hace unas décadas, se creía que el cerebro era como una máquina: un artilugio sorprendentemente capaz de realizar múltiples actividades, pero con límites muy marcados. Por fortuna, la ciencia ha desmitificado esta creencia y hoy sabemos que el cerebro se asemeja más a un organismo vivo con una disposición camaleónica de adaptación, evolución y crecimiento.

Nuestro cuerpo responde a diferentes circunstancias con resiliencia y el cerebro es uno de los órganos más flexibles y regenerativos. Por eso, desde inicios del siglo XX se habla de neuroplasticidad, un término que describe la capacidad del cerebro para moldearse y adaptarse. En este artículo, te compartiré información para usar este “superpoder” a tu favor y, así, mejorar tu vida.

¿Qué es la neuroplasticidad?

En el año 1906, el psiquiatra italiano Ernesto Lugaro acuñó el término plasticidad cortical para referirse a la huella química o física que los impulsos nerviosos dejan en las células, con lo cual demostró que el cerebro constantemente responde a estímulos. Y, ¿por qué se habla de plasticidad? Según su origen etimológico, la palabra plástico proviene del latín plasticus, que significa ‘lo que puede ser moldeado’; entonces, al igual que la plastilina o la masa del pan, nuestro cerebro es capaz de transformarse o “moldearse” a través de ciertas experiencias y acciones: de ahí la asociación con lo plástico.

Sinapsis de neuronas

Entre 1960 y 1970, el entendimiento del cerebro humano se expandió gracias a diversos estudios científicos que demostraron el crecimiento neuronal y el establecimiento de nuevas sinapsis; es decir, de conexiones neuronales a través de las cuales las neuronas se comunican, lo cual es fundamental para las funciones cognitivas, motoras, emocionales y nerviosas. Estos hallazgos confirmaron que la sinapsis puede fortalecerse a lo largo de la vida y que el cerebro puede reorganizarse y adaptarse a nuevas experiencias y estímulos, algo que antes resultaba impensable.

Existen dos tipos de formas fundamentales en las que el cerebro puede cambiar: a nivel estructural, cuando ocurren cambios físicos cerebrales —por ejemplo, tras un accidente cerebrovascular, en el que algunas áreas del cerebro mueren, pero otras se reorganizan para compensar funciones perdidas—; y, por otro lado, a nivel funcional, cuando cambian las formas en que las neuronas se comunican entre sí. En general, se han establecido tres diferentes maneras en las que el cerebro humano manifiesta neuroplasticidad:

  • Neurogénesis: es decir, el nacimiento de nuevas neuronas; anteriormente se pensaba que nacíamos con un número limitado de neuronas y que éstas no podían “volver a crecer”; hoy sabemos que esta creencia era errónea y que sí podemos generar células cerebrales, aunque con limitaciones.
  • Plasticidad sináptica: a diferencia del nacimiento de nuevas neuronas, se trata del fortalecimiento de la sinapsis o del surgimiento de nuevas conexiones neuronales; un ejemplo es cuando aumenta el tiempo en que los neurotransmisores permanecen unidos a ciertos receptores, entre otras configuraciones.
  • Plasticidad de la mielina: por último, también puede modificarse el recubrimiento de las mielinas, que son sustancias grasas y aislantes que recubren los nervios —como el plástico que protege un cable eléctrico—, para que las señales viajen más rápidamente por el cuerpo y el cerebro, mejorando la eficiencia de la transmisión eléctrica entre neuronas.

Neuroplasticidad para mejorar tu vida

Si bien no existe una pastilla, una técnica o una forma milagrosa de “desbloquear” al máximo el potencial de la neuroplasticidad, se han revelado caminos para acelerar estos procesos. El campo de la neurociencia ha demostrado que hay muchas formas de incrementar su desarrollo:

  • Aprender un nuevo idioma: dejar de adquirir conocimientos en la adultez es uno de los mayores errores que podemos cometer para nuestra salud cerebral. Está comprobado que aprender una lengua nueva nos ayuda a crear nuevas conexiones neuronales, lo que fomenta la plasticidad sináptica; esto, a su vez, reduce la posibilidad de desarrollar demencia o enfermedades como el Alzheimer. 
  • Actividad física: se ha descubierto que los ejercicios aeróbicos, como trotar, correr, nadar o andar en bicicleta, propician la producción de sustancias como el BNDF —Factor neurotrófico derivado del cerebro—, una proteína clave que actúa como un “fertilizante” para el cerebro y promueve la supervivencia, el crecimiento y la conexión de las neuronas.
Aprender una lengua nueva ayuda a crear nuevas conexiones neuronales
  • Aprender a tocar un instrumento: el entendimiento y la práctica de la música activa y fortalece diversas zonas cerebrales, al tiempo que se aumenta la mielinización.
  • Socialización: tener amigos no solamente promueve el bienestar y la  felicidad, sino que también es fundamental para nuestra salud. Mantener vínculos sanos y significativo nos protege contra el deterioro cognitivo; la soledad crónica, en cambio, acelera la pérdida de funciones.
  • Dormir y comer bien: durante el sueño se refuerzan las sinapsis útiles y se eliminan las débiles y —al igual que sucede con el ejercicio— se libera el BNDF que ayuda a nuestro cerebro. Por otro lado, una dieta rica en Omega-3 y antioxidantes favorece las conexiones sinápticas y ayuda a evitar el estrés oxidativo.
  • Evitar el alcohol y las drogas: las bebidas alcohólicas y las sustancias enervantes o psicoactivas reducen las conexiones sinápticas y, literalmente, “matan” nuestras neuronas, los cual va en contra de la neuroplasticidad.

Una espada de doble filo

La neuroplasticidad, por más maravillosa que suene, es un arma de doble filo, pues también puede reforzar patrones dañinos como las adicciones: cada vez que una persona repite una conducta adictiva, consolida conexiones neuronales que perpetúan el problema, de suerte que la neuroplasticidad actúa en su contra. Por eso es tan importante distinguir y cultivar hábitos que resulten positivos para ti, ya que el cerebro no distingue entre lo que nos construye y lo que nos destruye. No todo es color de rosa.

Repetir conductas adictivas consolida conexiones neuronales que perpetúan el problema

Descontando casos como el anterior, al favorecer la neuroplasticidad estás ayudando a que tu cerebro llegue más sano a la vejez y desarrollas una mente más maleable y resistente, que te servirá el resto de tu vida; también favoreces tu capacidad de aprendizaje y la retención de memoria: entre más conexiones se generan, aumenta la capacidad de aprender. 

Aunque la infancia es el momento con mayor posibilidad de plasticidad, los adultos también podemos estimularla incorporando actividades de aprendizaje, retos cognitivos, nuevas experiencias y viviendo en ambientes enriquecedores. A largo plazo, esto no solo fortalece el aspecto neurológico, sino que genera una “reserva cognitiva que te protege frente a accidentes cerebrovasculares, lesiones o enfermedades neurodegenerativas.

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