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Obras de arte grandiosas que fueron un encargo

Obras de arte grandiosas que fueron un encargo
Igor Übelgott

Igor Übelgott

Creatividad

Algún maestro de música me contó la anécdota de que Maurice Ravel denostaba su famosísimo Bolero calificándolo de “mero ejercicio de orquestación”, y que algo semejante decía Tchaikovsky de El lago de los cisnes, pues al parecer el ruso no quedó muy satisfecho con el más célebre de sus ballets. Esto viene a colación porque a menudo somos los peores jueces de nuestra obra y, por eso, solemos darle menos mérito del que merece. Algo así me sucedía, pues durante años he desestimado escritos míos por la razón de que “habían sido encargos”.

—¡Pero sí algunas de las más grandes creaciones artísticas de la historia fueron encargos, Übelgott! —me reprendió duramente un amigo músico cuando le confesé esta suerte de menosprecio por mi propio trabajo—. Nada menos, muchas obras famosas de Johann Sebastian Bach fueron encargos de sus patrones, entre ellos el príncipe Leopoldo de Anhatl-Köthen, y parte de su trabajo era componerle obras y dar conciertos privados en su corte.

—¡Claro! —le contesté yo—. Aunque por alguna razón, mucha gente piensa que el arte es pura inspiración y expresión personal, pero eso no paga cuentas. También está el Réquiem de Mozart, un encargo del misterioso “hombre de gris”.

—¿Ya ves? En la pintura ha pasado exactamente lo mismo: familias ricas como los Médici y los Sforza, la nobleza, los reyes o el Papa eran quienes pagaban los lienzos de Rafael, las esculturas de Bernini y las pinturas y esculturas de Miguel Ángel Buonarroti. Por ejemplo, los muros y el techo de la Capilla Sixtina fueron una comisión del papa Julio II, la Piedad o Pietà la encargó el cardenal francés Jean Bilheres de Lagraulas, y el David fue financiado por el poderoso gremio florentino Arte de la Lana. Ahora los empresarios y los políticos son quienes se mandan hacer retratos —remató, encendiendo su cigarrillo.

"Piedad", de Michelangelo Buonarroti

—Eso me recordó una frase célebre que leí por ahí y no he vuelto a ver: “El arte está casado con los ricos, pero es amante de los pobres” —contesté, riendo.

—Jajaja. Me imagino que lo dicen porque somos quienes más lo disfrutamos, pero volviendo al tema, por otro lado está el caso del muralismo: Diego Rivera pintó los muros del Palacio Nacional, del Palacio de Bellas Artes y de la Secretaría de Educación por encargo del gobierno en turno. Igual el Hospicio Cabañas: José Clemente Orozco pintó su maravilloso Hombre de fuego en la cúpula por invitación del Gobierno del Estado de Jalisco.

—Así es, el muralismo como instrumento artístico e ideológico del estado. Hoy en día, quien recibe esos faraónicos encargos es el escultor Sebastián —añado, refiriéndome al artista nacido en Camargo, Chihuahua— quien ha creado esculturas geométricas monumentales para los gobiernos de numerosas ciudades y estados de México, así como para empresarios: Max Hadad, el dueño del edificio El Caballito, fue quien pagó por la Cabeza de caballo que sustituyó al famoso “caballito” de Manuel Tolsá que estaba en Reforma.

"Cabeza de caballo", del escultor Sebastián

—Y tú que te dedicas a las letras, ¿a poco crees que a William Shakespeare no le pagaban por escribir bien de una familia y mal de sus rivales políticos? Entre sus patrones estaban el conde de Southampton, Henry Wriothesley; sir Francis Walsingham, secretario y espía de la reina Isabel I de Inglaterra; Thomas Radcliif, conde de Sussex y William Herbert, conde de Pembroke. En la Inglaterra isabelina era bien visto tener músicos y poetas a tu servicio —suspiró mi amigo.

—Pero creo que lo importante no es de dónde o de quién viene el encargo, siempre que no promuevas el sufrimiento o la aniquilación de otros, sino qué haces con esa intención, con los recursos que te son dados y con la materia que tienes en tus manos y tu mente. Porque Shostakovich pudo simplemente haber complacido a su jefe, el tiránico José Stalin; pero, en cambio, legó a la humanidad algunas de las sinfonías más extraordinarias del siglo XX —reflexiono, a manera de conclusión.

—Así mero. El mejor patrón es el que, más allá de engrandecer su imagen, le da oportunidad al artista de crear un legado que permanezca más allá de las vidas y los aconteceres que a ambos les toque vivir. ¿Otro cafecito?…

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