Pesadillas y sueños recurrentes: causas y formas de remediarlos

Pesadillas y sueños recurrentes: causas y formas de remediarlos

Montserrat Aguilar

Los sueños nos acompañan cada noche. Aunque los olvidemos al despertar, representan la expresión más pura del inconsciente, esa dimensión profunda de la psique donde habitan nuestros miedos y deseos más esenciales. Con frecuencia no podemos procesar conscientemente lo que nuestro cerebro sí logra interpretar; por eso, cuando soñamos podemos experimentar sensaciones inusuales o visitar lugares que nunca hemos conocido… aunque también podemos sufrir de sueños recurrentes, que a menudo toman la forma de pesadillas.

Según la American Academy of Sleep Medicine, 85% de las personas sufre de pesadillas ocasionales. En la infancia, la mayoría de ellas ocurre entre los 3 y 6 años de edad, y después de los 10 años tienden a disminuir; entre adultos, las mujeres parecen soñar más o, al menos, recordar mejor lo que soñaron. Sin embargo, debido a la dificultad de estudiar algo tan abstracto como los sueños, aún no existe un consenso científico sobre su función.

Algunos investigadores, como Michael Schredl, proponen que soñamos como una necesidad adaptativa para procesar emociones complejas, como si fuera un simulacro que nos prepara para enfrentar situaciones de la vida real: un niño puede soñar que huye de un monstruo que lo persigue y un adulto, debido a su condicionamiento social, tendrá pesadillas en las que pierde un vuelo o reprueba un examen; aun así, ambos experimentan una angustia similar

¿Por qué los sueños recurrentes suelen ser desagradables?

En general, 75% de los adultos ha tenido sueños recurrentes. La especialista Deirdre Barrett señala que, aunque no hay una definición precisa, se considera que un sueño es recurrente cuando un tema u objeto aparece al menos dos veces, sin importar cuánto tiempo haya transcurrido entre ambos episodios.

Los sueños recurrentes suelen ser desagradables

Por otro lado, existe la creencia generalizada de que soñamos más pesadillas que sueños agradables. Aunque es difícil de medir, la neurociencia sugiere que esta percepción se debe a un sesgo de negatividad; es decir, a nuestra tendencia a enfocarnos más en lo negativo. Este patrón es un mecanismo de defensa que tiene un propósito evolutivo: ayudarnos a identificar posibles amenazas y activar nuestras emociones para reaccionar rápidamente y prepararnos para la lucha.

Durante la pandemia por Covid-19, Barrett recopiló más de 15 mil reportes de sueños y observó que los temas de miedo, enfermedad y muerte se repitieron con una frecuencia dos a cuatro veces mayor que antes. Esto respalda la llamada hipótesis de la continuidad —si no procesamos ciertas emociones durante el día, nuestra mente intentará hacerlo por la noche— y la teoría de Schredl: las pesadillas nos ayudan a procesar lo que evitamos en la vida consciente, mientras que los sueños agradables no siempre cumplen esa función.

Un estudio realizado por Michael Schredl y Anja Göritz, publicado en la revista Sleep, analizó a más de 1200 voluntarios y 351 pesadillas para identificar los temas más recurrentes. Así, encontraron que las pesadillas más comunes son: agresión física —ataques o amenazas—, persecuciones sin contacto físico y la presencia de fuerzas malignas como fantasmas o monstruos; sueños relacionados con el fracaso —llegar tarde o cometer errores—, accidentes —caídas o ahogamiento—, enfermedad o muerte de seres queridos, conflictos interpersonales, preocupación sin causa clara, desastres naturales o conflictos bélicos, insectos o animales peligrosos, y fenómenos extraños en el entorno. Las pesadillas suelen ocurrir durante la fase REM del sueño y activan las áreas del cerebro vinculadas con las emociones y la conducta.

Las pesadillas suelen ocurrir durante la fase REM del sueño

Existen múltiples factores que pueden provocar pesadillas o sueños recurrentes. Las personas que padecen trastornos psicológicos como depresión, ansiedad, estrés postraumático o trastorno límite de la personalidad son más propensas a experimentarlas. También influyen factores externos: consumo de cafeína o de drogas, falta de higiene del sueño y niveles altos de estrés aumentan la probabilidad de sufrir pesadillas. Otros desencadenantes pueden ser algunos medicamentos: ciertos antidepresivos, antipertensivos, betabloqueantes o tratamientos para el Parkinson. Incluso, ver contenido estresante antes de dormir —por ejemplo, thrillers o películas de terror— puede repercutir negativamente en el contenido de los sueños.

¿Cómo lidiar con las pesadillas?

Si las pesadillas son muy frecuentes y comienzan a afectar la vida diaria, es recomendable acudir a un especialista. Esta condición —llamada trastorno de pesadillas— deteriora el funcionamiento social y ocupacional, y la falta de descanso deriva en desregulaciones fisiológicas tales como debilidad, mareo o alteraciones del apetito, y problemas mentales como depresión, ansiedad y, en casos muy severos, psicosis.

Existen diversas formas de combatir o evitar las pesadillas. Por ejemplo, mantener una rutina de sueño saludable: acostarse y levantarse a la misma hora, evitar pantallas una hora antes de dormir, y limitar el consumo de café y alcohol en la noche. El estado previo al momento de ir dormir parece afectar o determinar qué soñamos; por eso, es fundamental minimizar los estímulos poco a poco y evitar los estados emocionales alterados. 

Otras formas de lidiar con las pesadillas y sueños recurrentes son: 

  • Hablar sobre el sueño recurrente con personas de confianza; esto puede aliviar la ansiedad y ayuda a procesar la experiencia o a encontrarle un significado desde una perspectiva distinta.
  • Realizar ejercicios de respiración diafragmática, que ayudan a reducir la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
  • Llevar un diario de sueños en el que escribirás el contenido de tus pesadillas para después analizarlas y organizar pensamientos y emociones; esta técnica, basada en la terapia cognitivo-conductual, puede disminuir la carga emocional de los sueños, haciéndolos menos aterradores.
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