Tabiques literarios: grandes libros que todos desearíamos haber leído

Tabiques literarios: grandes libros que todos desearíamos haber leído
Francisco Masse

Francisco Masse

Durante un discurso en Nueva York, el gran escritor estadounidense Mark Twain acuñó una de las mejores y más ingeniosas definiciones de un clásico literario: “Un clásico es un libro que todo mundo desearía haber leído… pero que nadie quiere leer”. Y es que no cualquier lector tiene la paciencia y la disciplina para surcar mares de letras que se extienden por cientos o miles de páginas, conformando gruesos libros que, en el habla coloquial, llamamos “tabiques”.

En nuestros tiempos de hiperestimulación, atención fragmentada, pódcast, reels, audiolibros y video reseñas que parecen haber sustituido la práctica de la lectura orgánica de grandes novelas —como escribió Montserrat Aguilar—, estos “tabiques literarios” se alzan como verdaderos pilares que sostienen a la literatura. Su lectura no es sencilla, pero ofrece una inmensa recompensa a quien tiene los arrestos de intentarlo. Aclaro que de ninguna manera he leído todos los títulos que aquí mencionaré, pues tendría que haberme dedicado a la lectura como oficio remunerado; aun así, vale la pena revisar estos diez grandes libros clásicos que todos deberíamos leer.

Divina Comedia (ca. 1321), de Dante Alighieri

La anécdota, creo, la conocemos todos: a la mitad de su vida, Dante se extravía en una selva oscura, donde se encuentra con el poeta Virgilio, quien lo guía a través de los círculos del Infierno, del Purgatorio y del Paraíso, donde el toscano finalmente accede a la visión de Dios y de su amada Beatriz, causa de todas sus angustias. Durante ese tránsito, conoce a infinidad de personajes históricos y mitológicos que son torturados por toda la eternidad en el Averno, o esperan purgar sus pecados para llegar al Paraíso.

Originalmente escrita en verso, esta obra inspiró al grabador francés Gustave Doré para plasmar impactantes escenas infernales y gloriosos paisajes celestes que resultan inolvidables y que yo conocí gracias a una pesada edición de lujo en dos tomos, que heredé de mi madre, cuyas imágenes alimentaron mis peores pesadillas infantiles.

"Lucifer, Rey del Infierno" (ca. 1861-1868), grabado de Gustave Doré para la "Divina Comedia" de Dante Alighieri
Don Quijote de la Mancha (1605-15), de Miguel de Cervantes Saavedra

¿Quién no conoce el nombre del caballero de la triste figura, don Alonso Quijano, que por leer demasiadas novelas de caballería terminó trastornado y creyéndose un caballero andante? ¿Y quién no recuerda a su fiel escudero, Sancho Panza, al jamelgo Rocinante y a la bella Dulcinea del Toboso, que no era sino una tosca tendera de nombre Aldonza?

Grandes conocedores, estudiosos y críticos de literatura coinciden en que esta es la más obra más grandiosa escrita en castellano. Originalmente publicada en dos entregas, está repleta de escenas pintorescas y simbólicas que desbordan ingenio, así como meditaciones y refranes que imparten sabiduría. Eso sí: si quieres iniciar la aventura, te recomiendo una edición comentada, pues el vocabulario del español del siglo XVII puede ser un desafío para cualquiera.

En busca del tiempo perdido (1923-27), de Marcel Proust

Todo empieza con el protagonista —un hipersensible joven de la burguesía francesa, que desea ser escritor— comiendo una magdalena remojada en té, en casa de una tía. El sabor del bollo detona en él una serie de recuerdos y asociaciones que vivió en la infancia. Usando ese recurso de la memoria involuntaria, Proust confecciona una obra inmensa que publicó en siete partes, de 1923 a 1927.

Dependiendo de la edición, la obra consta de entre 2700 y 4000 páginas; para que te des una idea de su extensión, es más o menos como leer la Biblia completa… pero tres veces. En verdad, uno quisiera hallar parte de ese tiempo perdido al que se refiere el francés, para dedicárselo a esta lectura.

Marcel Proust
Los miserables (1862), de Víctor Hugo

Uno de las grandes novelas en lengua francesa, que ha tenido adaptaciones al cine, al teatro y hasta a la comedia musical. Sigue las andanzas el ex convicto Jean Valjean, quien fue encarcelado por robarse una hogaza de pan para alimentar a su hermana y, al salir de prisión, intenta seguir con su vida, pero es perseguido sin tregua por Javert, un policía obsesionado con regresarlo a la cárcel. Más allá de las anécdotas, el libro expone las causas y condiciones de la Revolución Francesa y su búsqueda de igualdad y justicia.

En palabras de su autor, el libro es “…un progreso del mal al bien, de la injusticia a la justicia, de la falsedad a la verdad, de la noche al día, del apetito a la conciencia, de la corrupción a la vida; de la bestialidad al deber, del infierno al cielo, de la nada a Dios”.

Moby Dick (1851), de Herman Melville

“Llámenme Ismael”. Así empieza esta novela sobre la obsesión de un marinero contra un gigantesco cachalote blanco que, a diferencia de las ballenas, sí que tiene dientes, con los que le arrancó una pierna al capitán Ahab, que tripula un barco ballenero y recorre los océanos a bordo de su barco en busca del monstruoso cetáceo, para vengarse de él. Pero, al final, Moby Dick le gana la batalla.

Ochocientas páginas y 135 capítulos que combinan trepidante acción marítima con soporíferas disertaciones sobre las ballenas y sobre la vida a bordo de un barco ballenero. Quizá por eso la novela fue un fracaso cuando se publicó y tuvieron que pasar varias décadas para que fuera reivindicada, junto con su autor, por la crítica especializada.

"Lámina de pesca de ballena" (1830), del artista Louis-Philippe-Alphonse Bichebois
El conde de Montecristo (1844-45), de Alejandro Dumas

Quienes de jóvenes leímos versiones condensadas de este magnum opus, sabemos que en ella Edmundo Dantés, un hombre feliz que está a punto de casarse, es injustamente encarcelado y que pasa catorce años en la prisión del castillo de If, donde intenta suicidarse dejando de comer hasta que conoce al Abate Faría, quien lo instruye y le ayuda a formular un plan de escape, pero muere antes de poder consumarlo, no sin antes revelar a Edmundo la existencia de un tesoro en la Isla de Montecristo.

Dantés logra escapar haciéndose pasar por el muerto. Es rescatado por un barco de contrabandistas y, luego de varias aventuras, recobra el tesoro y regresa a su ciudad, Marsella, donde ahora toma el nombre del Conde de Montecristo y urde la venganza contra todos los que lo traicionaron y enviaron a la cárcel. Si te gustan los libros de aventuras, este es para ti…

"Edmundo Dantés escapa del castillo de If", grabado a partir del dibujo de Ange Louis Janet (1815-1872)
Anna Karenina (1877), de León Tolstói

Estas sí son ligas mayores. Se trata de una novela larga, compleja, dividida en ocho partes que se desarrollan en casi mil páginas y que originalmente se publicó en entregas mensuales a través de la revista El Mensajero Ruso. La trama se centra en un affair extramatrimonial de la protagonista con un apuesto militar ruso. El asunto escandaliza a la alta sociedad de San Petersburgo, por lo que los amantes huyen hacia Italia; pero, cuando deben regresar a Rusia, su vida se complica tanto que Anna termina arrojándose a las vías del tren.

Entre los temas trascendentes que aborda están la fe, la traición, la familia, el matrimonio, el deseo y el contraste entre la vida rural y la urbana. Ofrece, además, estampas y recuentos de la vida en la sociedad imperial rusa.

Los hermanos Karamazov (1880), de Fiódor Dostoyevski

Un ejemplo más de las ligas mayores de la literatura. También publicada originalmente en entregas a través de El Mensajero Ruso, junto con Crimen y castigo (1866) y El idiota (1869), es considerada una de las más grandes novelas de la literatura rusa, cuya trama es pesada, íntima, psicológica, filosófica y profunda, con largas reflexiones y debates en torno a la moral, la ética, la existencia de Dios y el libre albedrío.

La trama involucra al padre, Fiódor, que es “una fichita”, y a los tres hermanos Karamazov, Pável, Alekséi, Iván y Dmitri, el hijo mayor, que se enfrenta a su padre por dinero y por el amor de una mujer, y acaba asesinándolo. Este breve resumen da una idea de la densidad y complejidad de este “tabique literario”.

Rayuela (1963), de Julio Cortázar

Este librote, que me acompañó a la universidad y fue la chispa que encendió mis ganas de dedicarme a la escritura, está dividido en dos partes: la primera tiene lugar en París, donde Horacio Oliveira —el protagonista— tiene una relación con una mujer a la que llama La Maga y frecuenta a un grupo de escritores, pintores e intelectuales que conforman el Club de la Serpiente; en la segunda, Oliviera regresa a su natal Argentina a vivir a casa de un amigo y su esposa, por la que empieza a sentirse atraído; al final, todo degenera en un caos y se sugiere el suicidio del protagonista.

Pero, como en la misa, esa es solo la primera lectura. Otra lectura, muy distinta, tiene lugar cuando uno va leyendo otros capítulos que aparecen al final del libro, en un orden señalado por una hoja de ruta. De ahí el nombre de la novela, ya que en Argentina la rayuela es un juego más similar al “avión” que jugamos en México que al lanzamiento de monedas que identificamos con dicho nombre.

Julio Cortázar
Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez

El último “tabique” de este conteo —que sí leí y se ha popularizado recientemente por una serie que se transmite vía streamingnarra la historia y las desventuras de José Arcadio Buendía, de su hermano Aureliano y de su prolífica familia, que se prolonga en un árbol genealógico que es preciso revisar una y otra vez durante la lectura, para no perderse entre tantos personajes que tienen los mismos nombres.

La trama sucede en el mítico pueblo de Macondo, que al final de las seiscientas y tantas páginas es borrado del mapa por un fuerte viento. Además de una trama intrincada y fantástica que mantiene al lector pegado al libro —y que muchos insisten en calificar de “realismo mágico”—, lo más disfrutable de esta lectura es el mando que “Gabo” demuestra tener sobre la lengua española. Una lectura deliciosa de principio a fin.

¿Se te antojó leer algunos de estos “tabiques” literarios?

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