Tecnología futurista que se adelantó a su tiempo… pero fracasó

Tecnología futurista que se adelantó a su tiempo... pero fracasó
Julio Báez

Julio Báez

La historia podría contarse como una sucesión de grandes inventos, pero esa versión es demasiado cómoda y poco creíble. La realidad es más interesante y más cruel, porque está llena de tecnología e ideas brillantes que fracasaron, no porque fueran malas, sino porque llegaron antes de que el mundo supiera qué hacer con ellas. En esta ocasión, te invito a acompañarme en esta visita al museo invisible del fracaso que se adelantó a su tiempo.

El automóvil eléctrico: el avance del siglo XIX

Mucho antes de Tesla, de Elon Musk y de la ansiedad climática, los autos eléctricos ya existían. De hecho, el primer automóvil con un motor eléctrico fue creado por el húngaro Ányos Jedlik alrededor de 1830, y ya finales del siglo XIX ciudades como Nueva York y Londres contaban con vehículos eléctricos silenciosos, limpios y sorprendentemente populares. No vibraban, no hacían ruido, no echaban humo y no requerían fuerza física para arrancar, a diferencia de los autos de combustión.

Triciclo eléctrico de Gustave Trouvé (1881)

Triciclo de Gustave Trouvé (1881), impulsado por un motor eléctrico Siemens.

Sin embargo, estos medios de transporte eléctricos desaparecieron por tres razones: porque aún no había infraestructura eléctrica, porque las baterías eran muy pesadas y costosas, y porque los derivados del petróleo llegaron con promesas de velocidad y poder; así, el mundo eligió el ruido y el humo. El auto eléctrico no fracasó por inútil, sino por no encajar en un sistema que apenas nacía.

Las cintas magnéticas Betamax: la mejor calidad y el peor timing

En 1975, Sony lanzó al mercado el formato Betamax —mejor conocido como Beta—, un formato de video análogo con mejor calidad y técnicamente superior que su competidor, el VHS —introducido en 1976 por JVC—, pero aun así fue derrotado en los anaqueles. ¿Por qué? Porque Sony controló demasiado su tecnología, mientras que JVC se mostró más flexible y accesible, e hizo alianzas estratégicas con las marcas más populares de videocasseteras.

Cintas magnéticas Betamax y VHS

¿La lección? Que el consumidor no elige lo mejor, sino lo más conveniente. Betamax no perdió por tener poca calidad ni por ser deficiente, sino porque Sony no entendió los movimientos del mercado ni la importancia del ecosistema formado por las cintas, los reproductores y las distribuidoras de películas.

El videoteléfono: la intimidad vulnerada

El primer videoteléfono fue desarrollado en 1954 por el filipino Gregorio Y. Zara, quien es llamado “el padre de las videoconferencias”. A partir de esa invención, empresas como AT&T soñaron con que las personas pudieran verse al hablar por videoteléfono, concebido como el siguiente gran paso en la comunicación. Así llegó el Picturephone, un servicio que usaba las líneas telefónicas para transmitir video; técnicamente funcionaba… pero culturalmente fue un desastre.

Videoteléfono

La gente no quería maquillarse para llamar ni ser observada en la intimidad de su casa. Además, el videoteléfono era caro e impráctico, la imagen era de muy baja calidad —en parte, debido a que no existía la compresión de video— y exigía una infraestructura que apenas comenzaba a desarrollarse. Ahora todos hacemos videollamadas sin pensarlo; pero durante décadas la idea fue percibida como incómoda y excesiva. Aquí el problema no fue la tecnología, sino la psicología.

Google Glass: un futuro demasiado invasivo

En 2013, Google lanzó sus Google Glass, unas gafas inteligentes capaces de grabar video, tomar fotos y mostrar información en tiempo real. Era el sueño de la computación portátil… pero una pesadilla social: la gente se sentía todo el tiempo vigilada y el mundo no estaba listo para llevar cámaras en la cara de los demás.

Google Glass

Hoy, sin protestar aceptamos usar smartwatches en la muñeca, ponemos asistentes virtuales en nuestra habitación y cargamos teléfonos que nos escuchan todo el tiempo; pero, en ese momento, Google Glass fue un recordatorio de que la innovación también necesita permiso social.

La realidad virtual: una promesa que ha tomado décadas

Entre 1970 y 1990, la industria de la realidad virtual produjo dispositivos de VR para fines médicos, de simulación de vuelo y para entrenamiento militar. Por eso, desde aquellos años se nos ha prometido que la realidad virtual lo cambiará todo: la educación, el entretenimiento, el trabajo y hasta la vida social. Pero los primeros dispositivos han sido caros, incómodos, causan mareos e incluso algunos usuarios han sufrido accidentes. La experiencia no coincidía con la promesa.

Hoy, con mejores pantallas y procesadores, la VR vuelve a intentarlo porque no es nueva, pero sí persistente. Su fracaso inicial fue más una pausa histórica que un error definitivo. Todavía no triunfa del todo, pero ahí va avanzando.

Realidad virtual
El fracaso no siempre es el final

Estos inventos, más que errores, fueron ensayos adelantados o notas al pie del futuro; ideas que el mundo necesitaba, pero que aún no sabía cómo aceptar. Muchas veces el fracaso no fue técnico, sino cultural, económico o emocional. Tal vez hoy haya inventos que parecen inútiles, exagerados o ridículos; pero quizá dentro de unas décadas alguien los rescate del olvido y diga: “No estaban mal, solo se adelantaron a su tiempo”.

La pregunta queda abierta: ¿qué innovación reciente crees que fracase, no por mala sino por anticiparse a este tiempo? Porque la historia no siempre recuerda a los primeros; a veces solo espera a que el mundo esté listo para ellos.

Recibe noticias de este blog